
Ciudad de México, 11 de mayo (SinEmbargo).- José Manuel Aguilera, considerado uno de los mejores guitarristas y compositores de México, cumple 20 años de estar al frente de La Barranca.
Para celebrarlo ha creado el concepto de El fuego de la memoria, un juego de palabras que hace referencia a la amplia discografía de la banda mexicana de rock, desde su primer disco El fuego de la noche –aparecido en 1996-, hasta su reciente producción Eclipse de memoria, de 2013.
La Barranca es testimonio de una permanencia que se define alrededor de su líder, pero también por los integrantes que han pasado por sus filas, como el baterista Alfonso André, el bajista Alonso Arreola, el guitarrista Alejandro Otaola, entre otros.
Hoy, acompañado por los jóvenes músicos Adolfo Romero (guitarra), Ernick Romero (bajo) y Navi Naas (batería), José Manuel Aguilera ha decidido celebrar las dos décadas de historia de La Barranca con una serie de conciertos tanto en México como en el extranjero y con dos nuevas producciones discográficas.
La primera es la edición en vinilo de El Fuego de la Noche, en un álbum doble y remasterizado.
La segunda propuesta discográfica de la banda es la grabación en estudio de la música inspirada en la película silente El Fantasma de la Ópera (1925), de Rupert Julian, que escribiera a invitación expresa de la Cineteca Nacional.
Tras haber trabajado en esta música desde 2008, y luego de diversas y exitosas presentaciones del espectáculo en vivo, La Barranca ofrecerá un magno concierto el próximo 22 de mayo en el Teatro de la Ciudad, un hecho que sirve de pretexto para mantener una rica y exclusiva entrevista con José Manuel Aguilera.
–¿Con qué bríos ha llegado La Barranca a este tercer milenio, cómo te sientes?
–Lo primero que te tengo que decir es que hay una sensación de sorpresa, porque cuando empiezas una banda en México nunca ni con la imaginación más delirante, puedes pensar que durarás 20 años. Tu única preocupación es el concierto que tienes en puerta o terminar el disco que tienes entre manos. No soy muy dado a la nostalgia y mucho menos a estar mirando el calendario para ver los años que han pasado, pero lo cierto es que ya son 20 años. Cuántas cosas hemos hecho. Me siento igual que cuando empecé con la banda, esta cosa de querer seguir haciendo música que me emocione.
–¿Cómo es el sonido de la banda ahora?
–Más o menos el de siempre. Me cuesta analizar las características de nuestro sonido en relación con el tiempo y a rasgos muy generales, diría que se trata de un intento de juntar mis influencias musicales con el rock, algo que ha sido siempre la consigna principal de la banda. Creo que en esencia esa es la constante en nuestra historia.

–¿Cómo han adoptado los nuevos integrantes el proyecto de La Barranca?
–Esta es la tercera generación de músicos con la que trabajo. No me siento un patriarca, pero convivo con gente muy joven y me gusta. No lo planeé, pero se ha dado así y me permite estar en contacto con una frescura que los de mi generación ya no tienen. Los que se han acercado a La Barranca se han acercado por un interés musical. Nunca fuimos la banda de la secundaria. Cuando formamos la agrupación ya éramos cada uno músicos en activo y eso creo que ha permanecido. La Barranca, con el tiempo, ha generado sin planearlo una especie de tradición, de tocar la música en México, que ahora comparten sus nuevos integrantes.
–¿Te gustó el libro de David Cortés, Vida en La Barranca?
–Sí, qué buena onda que se tomó el tiempo para hacer un libro sobre nosotros. Pienso que es el libro de David Cortés, no el de La Barranca y como tal respeto sus puntos de vista. No necesariamente tengo que compartir esos puntos de vista.
–¿Tú cómo analizas la historia de la banda?
–Como una odisea que ha tenido miles de momentos en los que me ha tocado estar siempre en el centro de las cosas. Creo que la mejor manera para mí de celebrar la historia de la banda no pasa por la nostalgia o por la reminiscencia. Pienso en La Barranca como en una entidad que no ha parado nunca de hacer música. Nunca hemos apagado el horno. En ese sentido, el espíritu es muy parecido en todos los momentos. Hacer cosas siempre implica resolver asuntos que tienen que ver con liderar una banda de rock en nuestro país. Para mí La Barranca es un cuerpo de trabajo traducido en todos los discos que hicimos, con diferentes músicos a lo largo de la historia y en un repertorio con el que podemos conectar con la gente.
–¿Tienes algún disco preferido?
–No. Lo que más me apasiona es lo que hago en el momento. Ahora estamos con un disco instrumental. Acabo de recibir el master de los Estados Unidos, un momento muy emocionante. Suena como yo quería, pero no tiene letras. Así que te diría que este es mi preferido, lo cual no es muy cierto, porque sabes que me interesa mucho la letra y me interesan mucho las canciones.
–Pareciera ser que poca gente quiere escuchar música instrumental en nuestros tiempos…
–Sí. Encima este disco que acabamos de hacer es de género progresivo y tampoco la gente quiere escuchar música progresiva. Pero sentí que ese era un disco que nosotros podíamos hacer y tal vez ningún otro grupo de México podría hacer. Así que lo hicimos.
–El fan tradicional de La Barranca al menos se dará tiempo para escucharlo
–La verdad creo que sí. Hay una serie de cosas personales que mueve el proyecto de La Barranca, hasta la necedad, si quieres, pero la única manera en que todo esto se justifica es porque hay gente que quiere escuchar a La Barranca. A lo largo de todos estos años hemos estado encontrando un público especial para la banda. Un público de la banda que es muy fiel e intenso y que se toma la cosa en serio.
–¿Cómo definirías la relación del rock en México con la prensa especializada?
–Me parece que es una relación que cambia con las modas. De pronto hay un cierto deslumbramiento, de pronto hay una vergüenza por el rock nacional y lo citan en un pequeño rincón de una revista donde la portada la ocupa Taylor Swift. Nunca van a poner un grupo mexicano en la portada, aunque la relación cambia y hubo un tiempo en que podíamos ser portada o noticia importante en algún medio especializado. A los medios nuevos, además, no les interesa el rock mexicano. Sólo les importa lo internacional.
–El concierto que dio La Lupita, por ejemplo, en el Vive Latino, estaba lleno de gente que se sabía de memoria sus canciones, ¿esa gente no compraría una revista de rock donde saliera La Lupita?
–No, no la compraría. Y es poco probable que esa misma cantidad de gente fuera a una concierto de La Lupita que se diera en otro contexto. Además, el Vive Latino es algo muy loco. Los grupos latinos terminaron siendo teloneros de los grupos internacionales. Por otro lado, meter a grupos como Los Tigres del Norte o Los Ángeles Azules, me parece tan válido como meter a Robert Plant, pues son referentes culturales que si bien no tienen que ver con el rock, tienen que ver con el país. Así que si el Vive Latino no va a ser de rock latino, que metan a los que quieren.
–¿Cómo te ves?
–Como un ser humano, primero que todo. Luego como un artista. A ese ser humano artista que soy le ha tocado estar en diferentes situaciones, algunas provocadas, otras circunstanciales. Todo ha estado centrado en el proyecto de La Barranca, del cual soy parte, me gusta someterme a esta idea de un nombre que ampara una forma de entender la música.

–¿Sigues con tu proyecto en solitario?
–Sí. Hace unos años apenas me di cuenta que tenía una asignatura pendiente de dar un concierto solo. En parte porque Jaime (López) me picó la cresta en tal sentido. Decidí hacerlo y eso cambió toda la idea de la música. Tuve que aprender casi de cero. Y lo seguiré haciendo, así como involucrándome en otros proyectos. Acabo de hacer un disco de canciones con Yamil Rezc, me gusta escribir también para otra gente, en fin.
–Estás considerado uno de los guitarristas más virtuosos de México…
–Sin embargo cuando hace unos años comencé a dar conciertos en solitario descubrí que no sabía tocar la guitarra y eso fue lo más triste. Nunca me he visto como un virtuoso de la guitarra y no es subestimarme. Me encanta la guitarra, la amo, pero para mí es un instrumento para hacer música, para hacer cosas. No me había puesto nunca a practicar, así que la técnica de tocar para ver si se me ocurre algo no me sirvió a la hora de dar conciertos en solitario. Lo resolví poniéndome a estudiar hasta que me doliera la mano otra vez. Fue un aprendizaje increíble que me costó, pero que valió muchísimo la pena.




