
Ciudad de México, 9 de junio (SinEmbargo).- “Los libros marinos de Joseph Conrad son tantos y tan memorables que siempre se piensa en él a bordo de un velero y se olvida que los últimos 30 años de su existencia los pasó en tierra, llevando una vida insospechadamente sedentaria”, escribió el español Javier Marías.
“En realidad, como buen marino, detestaba viajar, y nada lo reconfortaba tanto como estar encerrado en su estudio, escribiendo con indecibles dificultades o charlando con sus amigos más íntimos. Aunque lo cierto es que no siempre trabajaba en las habitaciones en principio destinadas a ello: hacia el final de su vida se escondía en los más remotos rincones del jardín de su casa, en Kent, para garabatear papelajos y hay constancia de que durante una semana se anexionó el cuarto de baño sin dar explicaciones a su familia, que vio muy restringido el uso de esa pieza durante aquellos días.
En otra temporada el problema fue indumentario, ya que Conrad se negaba a ir vestido más que con un descolorido albornoz a rayas originalmente amarillas, lo cual era un gran inconveniente cuando se presentaban sin avisar amigos, o bien turistas norteamericanos que decían estar extrañamente de paso”, afirma el autor de Mañana en la batalla piensa en mí.
Es otro escritor español, Andrés Barba (junto a Carmen M.Cáceres), quien vuelve a poner a Teodor Józef Konrad Korzeniowski; Berdiczew, 1857 - Bishopsbourne, 1924, más conocido como Joseph Conrad, en el centro de atención, al editarse por el sello Sexto Piso, por primera vez en un grueso y lujoso volumen toda la narrativa breve, donde habitan relatos que sirvieron después para punto de arranque de alguna de sus obras mayores, hasta trabajos casi desconocidos en español como El alma del guerrero.
UN POLACO MUY BRITÁNICO
Aunque nació en Polonia, Joseph Conrad es considerado uno de los grandes escritores modernos de Gran Bretaña. Fue marino mercante en su juventud. Llegó a Londres en 1878, con apenas 21 años, sin saber una gota de inglés, un idioma que se le hizo reticente durante toda su vida y que lo ponía en problemas cada vez que era convocado a dar una conferencia.
Más temprano que tarde se alistó en la flota naval inglesa y pasó a ser súbdito británico. Fue un navegante contumaz por los mares del Sur, por África, por el archipiélago malayo, aventuras a bordo que darían sustancia a gran parte de su obra literaria.
Conrad fue un autor tardío. Debutó a los 32 años con La locura de Almayer y recién en 1912, con Chance, en su avanzada edad de 55 años, cuando ya no navegaba, conoció el éxito entre los lectores, que no por demorado ha perdido esplendor.
Por el contrario, podría decirse que las continuas reediciones de su obra y los libros a él referidos, comprueban la vitalidad de su literatura, la vigencia de su pluma, considera genial por la crítica especializada y de quien Jorge Luis Borges ha dicho que “no se puede concebir la literatura universal sin pasar por la lectura de esta obra fascinante y estremecedora”, ha dicho Jorge Luis Borges de la famosa obra de Conrad.

La traducción al español de Joseph Conrad y su mundo, una biografía escrita por Jessie Conrad, la esposa del escritor británico, sirvió para conocer su existencia azarosa, su humor melancólico y sus debilidades; su temperamento y métodos de trabajo y la poderosa obsesión por el mar de este hombre bajo de estatura, autor también de Nostromo, Victoria, Bajo la mirada de Occidente y El agente secreto , entre otros.
EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS
La novela breve El corazón de las tinieblas es la obra más famosa de Conrad y transcurre en la África colonial del siglo XIX.
Fruto de sus experiencias en el Congo en 1890 (“Antes del Congo yo era solo un simple animal”, llegó a decir el escritor), cuenta la historia de Marlow, capitán de un pequeño barco a vapor que llega a África para relevar al agente comercial Kurtz, quien además se encuentra en paradero desconocido en algún lugar de la selva.
La colonización y el hambre, las tinieblas como metáfora de mundos interiores atormentados, la civilización contra las comunidades nativas, la lucha entre la bestialidad y la razón, son la sustancia de este relato clásico que sirviera al cineasta estadounidense Francis Ford Coppola –reciente ganador del Princesa de Asturias de las Artes- para su aclamada Apocalipsis Ahora, estrenada en 1979.
“Enseñan a los chicos a disparar a la gente, pero no les dejan escribir la palabra fuck en sus aviones”, dice en el filme el Coronel Kurtz, encarnado por un inolvidable Marlon Brando, en una historia antibélica que Coppola traslada a la Guerra de Vietnam.
“Me di cuenta poco a poco de que las ideas que trataba de expresar en la pantalla, que las imágenes que creaba, coincidían con mi propia vida. Como el capitán Willard, perdido en alguna parte de la jungla olvidada, recorría el curso de un río esperando encontrar una respuesta a mis preguntas una catarsis a mis angustias. El recorrido del río era como un viaje. Esto es lo que he querido mostrar”, decía en una entrevista de la época el gran director estadounidense de El Padrino.
“Como Conrad en El corazón de las tinieblas, yo también quise representar el caso límite de un hombre que va más allá de las reglas humanas. Va demasiado lejos y es destruido. En un sentido, se trata de un sacrificio”, agregaba.
La edición de su narrativa breve nos vuelve a poner en contacto con un hombre que sobrevivió al mar y la tierra, que tenía fama de distraído, un tanto colérico cuando la gota que padecía le proporcionaba dolores insoportables, fumador empedernido y modales afrancesados, según contó la compañera de su vida y madre de sus dos hijos.
“Lo que distingue a Conrad es una extraordinaria maestría narrativa, un dominio absoluto de una lengua, la inglesa, que no era la suya, que lo situó entre los grandes escritores de la literatura anglosajona, probablemente la más brillante de la cultura occidental de los últimos dos siglos”, escribió el crítico Andrés Padilla.




