Una mirada a la poesía de Guillermo Prieto, a 115 años de su muerte

02/03/2012 - 12:00 am

El político, periodista y poeta mexicano Guillermo Prieto nació el 10 de febrero de 1818 en la Ciudad de México y murió un día como hoy en 1897.

Miembro del Partido Liberal desde muy joven, ya siendo un político reconocido se afilió, en 1857, a la causa de Benito Juárez, quien incluso lo nombró ministro de Hacienda, durante la llamada Guerra de Reforma. También fue diputado federal en la reforma y en otras nueve legislaturas seguidas durante el porfirismo.

Su frase más conocida es aquella con la que el 13 de marzo de 1858 le salvó la vida al entonces Presidente de la República. Estando Juárez en Guadalajara, un grupo del ejército se levantó contra su gobierno y, a punto de ser fusilado, Guillermo Prieto lo puso a su espalda y abriendo los brazos gritó: "¡Levanten esas armas! ¡Levanten esas armas! ¡Los valientes no asesinan!".

Pese a su enorme carrera política, Prieto nunca descuidó su otra gran pasión: la poesía. En 1890, el periódico La República convocó a un concurso para saber quién era el poeta más popular de México y lo ganó Guillermo Prieto. El guerrerense Ignacio Manuel Altamirano lo llamó “el poeta mexicano por excelencia” y también como "el poeta de la Patria”, en reconocimiento a su obra.

Este viernes, al recordar el día de su muerte, les compartimos también algunos de sus poemas.

INVASIÓN DE LOS FRANCESES

Si intentaren pisar nuestro suelo,
en la mar sepultemos sus vidas,
y en las olas, de sangre teñidas,
luzca opaco el reflejo del sol.
Nunca paz, mejicanos; juremos
en los viles cebar nuestra rabia.
¡Infeliz del que a Méjico agravia!
gima al ver nuestro justo rencor.

LA CONFIANZA DEL HOMBRE

Dulce es al hombre en su penoso duelo,
cuando el tormento pertinaz le aterra,
decir burlando a la mezquina tierra:
“Allí es mi patria”, y señalar el cielo.

LA INMORTALIDAD (A Manuel Payno)

Del tiempo rapidísimo las alas,
sobre nubes de imperios se extendieron,
y se apartó la sombra, ¿do estuvieron
imperios y poder?
Hombre: ¿cómo te entregas a hondo sueño,
de la playa en la vida recostado.
si al más ligero viento, el mar alzado
tu cuerpo ha de envolver?

SIN TÍTULO

Yo te amo, sí, te adoro, aunque mi labio
mil y mil veces te llamó perjura,
aunque la copa horrenda del agravio
me brindó los placeres tu hermosura,
te ama mi corazón; Cuando mi mano
destrozar quiso la feroz coyunda
que a vil humillación me ató algún día,
el débil corazón se resistía,
Y aunque luché tenaz, luchaba en vano.

EL INSURGENTE

De su patria idolatrada
le arroja el destino fiero;
sin amigos, sin su amada,
solo con su hijo y su espada
en el universo entero.

Queda en la playa su esposa
sin amparo, sin ventura:
mira la mar caprichosa
y en ella girar llorosa
dos prendas de su ternura.

Tú eres mi patria,
tú eres mi amigo.
eres testigo
de mi aflicción.
Sola tu boca
mi frente besa
donde está impresa
mi maldición.

CÓMO SERÁ EL MAR

Serás ¡oh mar! magnifico y grandioso
cuando duermas risueño y sosegado;
cuando a tu seno quieto y dilatado
acaricie el ambiente delicioso?

¿Cuando soberbio, ardiente, enfurecido
gimiendo te abalances hasta el cielo:
cuando haga retemblar al ancho cielo
de tus inquietas aguas el bramido?

AL MAR

En ti se muere ¡oh mar! Ni la ceniza
Le das al viento: en ola que sepulta
La rica pompa de poblada nave,
Nada conserva las mortales huellas;
Se pierden... y en tu seno indiferente
Nace la aurora y brillan las estrellas.

A ti me entrego ¡oh mar! roto navío,
Destrozado en las recias tempestades,
Sin rumbo, sin timón, siempre anhelante
Por el seguro puerto,
Encerrando en mi pecho dolorido
Las tumbas y el desierto...

Pero humillado no; y en mi fiereza
A ti tendiendo las convulsas manos,
Sintiendo en ti de mi alma la grandeza
Y ahogando mi tormento,
Le pido a Dios la paz de mis hermanos;
Y renuevo mi augusto juramento
De mi odio a la traición y a los tiranos.

ENSUEÑOS

Eco sin voz que conduce
El huracán que se aleja,
Ola que vaga refleja
A la estrella que reluce;
Recuerdo que me seduce
Con engaños de alegría;
Amorosa melodía
Vibrando de tierno llanto,
¿qué dices a mi quebranto,
qué me quieres, quién te envía?

Tiende su ala el pensamiento
Buscando una sombra amiga,
Y se rinde de fatiga
En los mares del tormento;
De pronto florido asiento
Ve que en la orilla aparece,
Y cundo ya desfallece
Y más se acerca y le alcanza,
Ve que su hermosa esperanza
Es nube que desaparece.

DÉCIMAS GLOSADAS

Dile que voy tentalenando
En lo oscuro de mi vida,
Porque es como luz perdida
El bien por que estoy penando.
Di que me estoy redibando
Por su hermosura devina,
Y, si la mirares fina,
Pon mi ruego de por medio,
Y dí: "Tú eres su remedio;
Préstame tu medecina."

El presil tiene sus flores
Y el manantial sus frescuras,
Y yo todas mis venturas y sus alegres amores
Hoy me punzan los dolores
Con terquedá tan indiana,
Que no puedo estar ansina.
Aigre, tierra, mar y cielo,
¿quién quire darme un consuelo
para curarme una espina?

Redacción/SinEmbargo

Redacción/SinEmbargo

Lo dice el reportero