ENTREVISTA | La fábula hiperrealista de “Cien Años de Soledad” en un óleo de Waldo Saavedra

24/06/2016 - 12:00 am

Fragmento de "Cien años", óleo de Waldo Saavedra. Foto: Especial
Fragmento de "Cien años", óleo de Waldo Saavedra. Foto: Especial

El pintor cubano afincado en Guadalajara, mundialmente conocido porque ser el autor de un retrato de Letizia, la ahora reina de España, pinta “Cien años”, inspirado en la novela de García Márquez. En el cuatro ajusta cuentas con la historia contemporánea de América Latina

Por Rosa Esther Juárez

Ciudad de México, 24 de junio (SinEmbargo).- Waldo Saavedra (La Habana; 1961) es mundialmente conocido por ser el autor de un retrato de Letizia, la ahora reina de España. Una imagen que la expone con el torso desnudo,  en una época donde era una plebeya estudiante que realizaba una estancia en Guadalajara, Jalisco. “Siempre me han pasado cosas muy locas en mi vida, y esto es parte”, dice y enseguida pasa a otra cosa.

Recientemente Saavedra realizó la escenografía que enmarcó el último concierto de Vicente Fernández, en el Estadio Azteca. También,  acaba de terminar un gran mural en la cineteca de Colima.

Con 25 años de trayectoria, obtuvo el Primer Premio del Salón Nacional de dibujo José Guadalupe Posadas. Utiliza pintura, arte objeto, instalación, performance, lo suyo no se queda en la tela:  “Me gusta ser multifacético, depende del momento, de los materiales que quiera trabajar, desde los inicios me sucedió así, lo mismo hacia pintura de caballete, escenografía”, dice.

Ahora, un gran óleo que recrea Cien años de Soledad, de Gabriel García Márquez, es la nueva obra que muestra porqué ha sido considerado uno de los grandes hiperrealistas de nuestro país.

–Cien años, lo comenzaste hace tres años. ¿Cómo se te ocurrió pasar la novela de Gabriel García Márquez a la plástica?

–La ocurrencia ocurrencia pasó hace muchísisimo tiempo. Creo que fue  en mi temprana juventud, cuando leí por primera vez  esta novela. Y luego pasó muchisímo tiempo. Y por suerte no fue delante del pelotón de fusilamiento, sino que fue con el mismísimo Gabo a quien le dio por ahí esa cosa de decirme que estaba pintando. Y a mí se me ocurrió hacerle la broma de que entonces  yo me iba a poner a escribir. Después de este encuentro, quise materializar esta idea de llevar a cabo Cien años de Soledad en una interpretación muy propia, muy personal. Cosa que me costó un trabajo enorme porque siempre he delirado con ella, muchas veces me considero muchos personajes de esa novela. Para que te des una idea, mis amigos, cuando decían que iban a mi casa, decían que iban a Macondo.

–Cien años de soledad ha sido parte de tu vida….

–Exactamente. El asunto es que después de tener la idea, le estuve dando vueltas, mucho mucho tiempo, varios años. Hasta que un día, viendo la película de Charles Chaplin, El circo, me cae el veinte de cómo empezar este trabajo. Hice una relación de cuando llega el circo a Macondo y  de como cuando desaparece el desfile circense muere el general Buendía. Y dije, ¡va por acá!

–Hace aproximadamente tres años…

–Sí. Y  empecé esta obra, que lo curioso es que la puedes “leer” tanto de izquierda a derecha o al revés. Se han dado cosas muy locas, muy mágicas, a medida que eso va  avanzando. Ha sido un trabajo, yo creo que el único en mi vida, que ha tenido un proceso muy lento, súper minucioso. El único problema que tengo es que cuando estoy trabajando en Cien años, dejo de dormir.  Continuamente  me despierto a altas, o bajas, horas de la madrugada  y tengo que salir corriendo a anotar cosas, porque es cuando se me ocurren más ideas.

–De alguna manera el cuadro es tu versión de la Historia reciente de América latina. ¿Es una fábula, sobre la fábula?

–Exactamente. Te recuerdo que desde un principio intenté no hacer una ilustración de Cien años de Soledad, más bien una interpretación donde todos los personajes de esta gran novela, que considero es nuestra biblia, todos los personajes van cambiando. Por ejemplo, empiezo con un personaje importantísimo en nuestra cultura y no sólo mexicana sino latinoamericana, que es Juan Rulfo.

Juan Rulfo y el Che Guevara en la interpretación de Waldo Saavedra de Cien años de soledad. Foto: Especial
Juan Rulfo y el Che Guevara en la interpretación de Waldo Saavedra de Cien años de soledad. Foto: Especial

–Aparece amamantando un bebé…

–Sí, por supuesto, es cuando Úrsula se va a buscar a su hijo. Porque lo que hago son interpretaciones y son metáforas que voy realizando a medida que avanza la historia.

–En el cuadro uno va descubriendo personajes de la vida intelectual, política, social, cultural, ahí pusiste a Frida, el Che, Paco de Lucía, Kafka, Pancho Villa, Los Beatles, próceres de América…

–Hay un brujón de gente taaan loca!

–¿Cómo es que coincide gente tan disímil?

–Todo eso coincide en mi mente. Como dice el dicho: “cada cabeza es un mundo”. Pues bueno esto es la interpretación mía  de Cien años. Y es que me di cuenta que los personajes van cambiando entonces puedo ir asumiendo personajes que pude haber conocido, por todo lo que he leído, por lo que he revisado de nuestra historia, son experiencias, anécdotas que uno tiene dentro y hacen que de pronto esa historia que puede ser tan real, como Cien años de soledad pues adquiera veracidad a través de personajes que fueron reales y que cumplieron en su momento histórico determinado, una función especifica o importante que te dejan huellas. Después de haber leído a Martí, me puede haber dejado tanta huella como mi padre, o como Los Beatles. Todo eso, es al fin y al cabo es mi interpretación de Cien años. Entonces, los hago coincidir en un pequeño espacio. Te la voy a poner así: si Dios existe, imagínate tú a cuántos comemierda y a cuanta gente no ha hecho coincidir en el pequeño espacio de la esfera de la tierra. Por eso cuando pienso en esas cosas, digo ojalá exista. Y es que a mi parece que no hay cosa nada más parecida que el azahar y Dios.

–Gente del pasado, gente del presente.

–Sí. Cuando yo arranqué este trabajo, y me refiero ya sobre la tela, y no en las ideas o apuntes. Comencé de un modo muy elemental. Me dije: el Gabo vino a este mundo a escribir Cien Años de Soledad. Pero si no hubiera  sido por los papás del Gabo, el Gabo no hubiera venido a este mundo.  Entonces el Gabo se hubiera ido al carajo, y nos hubiéramos perdido de Cien años. Entonces empiezo a pintar a los papás del Gabo en una especie de génesis,  al pie de un manzano; pero la serpiente en lugar de fijarse en una insípida manzana se fija en un mamey colorado. Y de entre  los pies de los padres del Gabo, empieza a correr ese río de aguas diáfanas, y ahí empieza la historia, con el agua. Si recordamos la descripción científica de la historia del mundo, comienza con el agua, si recurrimos a la explicación mítica religiosa el origen del mundo, empieza con el agua. Eso comienza así, y de pronto por ahí aparece Rulfo, como primer personaje conocido. A los papas del Gabo solo un especialista puede reconocerlos, pero la imagen de Rulfo es conocidísima. Y por ahí me acordé de que la gran inspiración del Gabo para escribir Cien años fue Rulfo. Y luego  de ahí me brinco a Rasputín porque cuando me describieron a Melquiades me imaginé a Rasputín. Y luego de ahí me voy a mi amigo Lichi, (Eliseo Alberto). Y después con Saura, Lorca y  Goya. Y por ahí me fui abriendo el horizonte de forma tal que el paisaje ese se convierte en diez millones de plumas. Como supongo le pasó al Gabo.

Autorretrato de Waldo Saavedra en el óleo "Cien años". Foto: Especial
Autorretrato de Waldo Saavedra en el óleo "Cien años". Foto: Especial

–Es como paradoja, pasar del realismo mágico del Gabo,  al hiperrealismo social de Saavedra…

–La realidad en nuestros pueblos supera cualquier realismo mágico. Y no necesitas una lupa para buscarlo. Cuando sumas detalle por detalle los sucesos de América, eso da para escribir varios Cien años de Soledad.

–¿Y por qué la necesidad de contar tu versión de la historia de América Latina?

–Uf. Para empezar, te lo digo: Me fascina la historia. Yo creo que es importante saber de donde venimos, saber dónde está tu semilla, para saber al menos quién eres. Esto es tremendamente  difícil autodefinirse. Y cuando te digo difícil es por los mares en los cuales navegamos ahorita. Hablo de los mares de la ambigüedad. Creo que también es parte de mi formación. Soy cubano, bueno soy de origen cubano. Hasta llegué a dar clases de historia , porque había aquella cosa que uno era monitor, que era algo que se usaba en Cuba, cuando el maestro se ausentaba. Y ahora que lo dices, pienso ¡Ah, caray, sí como no!

–¿Como un gusto, o una necesidad?

–Creo que por el simple gusto. Se me da de una manera natural. Ahora por ejemplo me ha dado por leer historias demasiado antiguas, por ejemplo, todo este asunto de la conquista, de la llegada de los europeos a Améric o lo que se llamó así y me estoy releyendo una biografía de Magallanes que está tremenda…

–Pero el cuadro también te ha llevado a viajar, porque tienes la idea de que se exponga en  ciudades importantes de América latina..

–Por ahí surgió la idea junto con Felipe Covarrubias de hacer una especie de recorrido itinerante por cien espacios culturales, me refiero a universidades, museos centros culturales y así ir haciendo un recorrido con esta pieza. Para mí sería un tremendo gusto poder realizar esto. Que la gente se sienta identificada con esta pieza porque para mí, Macondo puede estar en Haití, en Guatemala, México, Cuba. En estos recorridos que previamente he ido haciendo a medida que avanzo en la obra, hago como una especie de estudio o análisis, para estar en el contexto del país: comer como lo hacen ahí, hablar con sus modismos, aprendes quien fue el poeta mas importante, aprendes como se formó ese país. Esto va apareciendo en Cien años. En el cuadro  te encuentras personajes de cualquier sitio, de cualquier rincón latinoamericano. Por eso cuando, muy al principio cocinamos esta idea, se me hizo fantástico. Así que vamos de nuevo  con Felipe Covarrubias  a nuestras andanzas, del principio cuando llegué a Guadalajara, pues realmente fue el único galerista hace 27 años que creyó en mi. Los otros me decían que iban a esperar a que madurara, después cuando me buscaban yo les decía que ya me había podrido, que ya se había pasado el tiempo.  Era así por una cuestión de algo que para mí es muy importante en este mundo que es la lealtad, la amistad. Lo digo públicamente, mi verdadera religión como decía un antiguo amigo mío, tan antiguo como mi gran amigo Lichi (Eliseo Alberto), es la amistad.

Waldo Saavedra en plena actividad. Foto: Facebook
Waldo Saavedra en plena actividad. Foto: Facebook

–Te emociona mucho, sé que Lichi y tu tenían una gran amistad.

–Sí, se me enredó la lengua. Digo, soy un abanderado de esa religión. Y pues espero poder volver a montarnos como el Quijote y Sancho para visitar esos cien espacios.

–Acabas de realizar la escenografía para el concierto de despedida de Vicente Fernández en el estadio Azteca, ¿cómo combinas estas dos facetas, una de mucha reflexión,  un proyecto de una visión y otros temas que conciernen al gran espectáculo?

–Pero no es la primera vez que lo hago. Y todo conlleva una visión. Las ideas a veces llegan prontamente y otras demoran más. Para empezar, el principio de todo esto es que mis últimos tiempos en la habana, mis ultimas cosas que hice eran muy “instalatorias”, muy escenográficas. yo recuerdo que mi ultima exposición que tuve en los ochenta en la Habana era entre escenografía e instalación de ahí viene el coqueteo para hacer escenografía como por ejemplo para la Nueva Trova Cubana. Es más , el año pasado también trabajé escenográficamente para el concierto que hizo Silvio Rodríguez en el Auditorio Telmex de Guadalajara. Con Maná fue mi gran encuentro con la música, por el año 94, que a estos locos se les corrió hacer el disco cuando Los Ángeles lloran, participé mucho, incluso en la escenografía. No hago una división en esto, todo es una amalgama en la cual hay una responsabilidad estética: que esto funcione, que esto emocione a la gente. En el último concierto del Chente me encantó ver que en el Azteca se me acercaba sobre todo los trabajadores que estaban montando y eso, llegaban y me decían: “oiga eso esta chidísimo, como hizo eso?” Me gustó mucho, porque uno creería que estas personas no se interesarían en esto, pero sí.

–La música y el cine han tenido una gran influencia en tu trabajo. ¿Cómo ha sido con la música?

–De un modo muy muy  directo. Incluso  a veces quito la música, porque me voy en ella. Pero creo que esto viene desde la adolescencia, desde mis principios de expresarme plásticamente. Siempre hubo una conexión estética, sobre todo con la del rock de los años sesenta y setenta, pues han ido de la mano…

–Te gusta música muy distinta..

-Sí, ¡pero ojo! Me gusta la buena música.

–Y el cine también ha sido importante, además acabas de terminar en la Cineteca de Colima, Mis historias de cine…

–Cuando se acercan los jóvenes y me preguntan qué hace, siempre les digo: escucha buena música, buena literatura, ve buen cine. Para mí la mejor droga es la música…

–Tienes casi 50 años pintando, ¿para qué sirve el arte?

–El arte es parte de la cultura de cualquier sitio. Cuando tu piensas en Egipto lo primero que te viene a la mente son las pirámides. La cultura es la columna vertebral de cualquier sociedad, a veces estas columnas se carcomen se tambalean, se toman con muy poco presupuesto, con demasiada superficialidad. incluso por desgracia el mercado del arte se ha convertido en una gran prostituta en la cual hay una gran propaganda de la cual unos pocos señores deciden lo que es bueno y es malo.

–Pero en el sistema capitalista que vivimos, así sucede con el mercado de casi todo…

–Desgraciadamente muy feroz. Pero yo como artista no acabo de entender que ahora la importancia se la llevan los curadores y los artistas en segundo plano. El problema no es el plano en el que quedes sino que la gente que tiene el poder adquisitivo o quien  decide por quien comprar, creen más en el curador que en su propia sensibilidad en esa cosa que puedes ver una obra y te puede emocionar. O, que siempre llega un listillo, de estos curadores de estos que dicen que saben la tendencia a seguir, o como es la moda. Esta persona convence al rico de que el punto 3 es el artista más chingón del mundo, y hacen tremendo globo a partir de ahí , entonces ese fulanete que puede ser bueno, más o menos bueno, pero casi siempre es muy malo….y que pasa en todas las industrias, la música, el cine, la pintura, pasa en todas las industrias. Desde los tiempos de enrique viii el teatro se utilizaba como medio de propaganda política, no solo era arte, y estamos hablando del incipiente capitalismo. el asunto esta que ese sentido de responsabilizar del arte para cambiar conciencias o al menos que la gente se sensibilice con la estética, pero el problema está en que no estamos perdiendo solo la estética que se esta convirtiendo en algo ambiguo. Pero además es que el mercado se tragó todo, corazón. Y al final vale mas la opinión de un curador que la obra de un artista.

Todo es un asunto de mercado . Y si te metes tienes que saber marchar. Lo que pasa es que en todo esto prevalece el valor económico sobre el valor estético de la obra. Sucede que desgraciadamente de pronto una obra, puede ser una cosa tremendamente superficial, hasta puede ser incluso, decorativa sería mejor. Todo se sacrifica en función del dinero, la estética se ha ido al carajo. No me puedo imaginar que una tomadura de pelo como la una pieza de un vaso mitad lleno o vacío, presentada en la última feria Arco de Madrid, se haya vendido en 25 mil euros. Eso es una jodedera, pa´ colmo la hizo un cubano. No me quiero ver como el defensor de la academia pero tampoco defensor de propuestas que te llevan a ninguna parte. Para empezar, un curador no es un artista, puede ser un especialista, puede ser que sea un especialista, a veces ni eso estoy seguro. Con todo esto, hasta la filosofía está en crisis, porque a la gente le importa un carajo el conocimiento. El conocimiento está en la red, aunque sea de un modo superficial.  Y luego, todo se compra. Como ya no hay correlación de fuerzas entre los mundos, porque quedó un solo mundo. Al final quedan muy pocas opciones.

Otro Rulfo dentro del cuatro. Foto: Especial
Otro Rulfo dentro del cuatro. Foto: Especial

–¿Qué opciones les queda a los artistas, digamos más auténticos, cómo te sitúas en un mercado así?

–Hago lo que me da la gana. Por un lado me voy al bandazo que me vale madres. Quizá ahora ya estoy cosechando después de una larga carrera. Un gran amigo, gran artista, siempre me ha peleado del mundo de la galería, que por qué me había retirado del sistema, porque puse el freno del tren, y me bajé. Veo pasar el tren y en esa locura no me puedo subir. por cuestión de principios, no puedo ser esclavo del sistema, para no ser un ladrillo mas en la pared, que hago, no vivo para vender si no para intentar hacer una obra, por supuesto unas sí y otras no. Yo tengo piezas que me han ofrecido villas y castillas por ellas, pero son piezas mías, que quizás en esa tontería romántica quiero conservar para mi familia. El asunto está en que todo el mundo tiene un precio, yo intento no tenerlo. Y a veces me hago el gracioso, a veces me hago el pesado o el mamón. Hasta ahorita las cosas me han salido bien. Creo que mi generación fuimos los últimos artistas que de acuerdo al momento histórico que nos tocó vivir, no caímos en una ambigüedad. Ahora hay muchas dudas con todo, entre las artistas jóvenes, y claro, tienen razón.

–¿Y, para que te sirve a ti, vivir la vida del arte y desde el arte?

–Eso me hace feliz, y con eso te lo digo de manera tajante.

–¿Hace mejores personas?

–Imagínate tú, con lo caótica que es la sociedad, quítale el arte, ¿que te queda? Es parte de la espiritualidad del hombre, sin esto, ¿que sería yo? Sería mas imbécil….

–Pensé que me darías una respuesta mas filosófica

–A la filosofía por desgracia, le dejan tan poco tiempo.

–¿El artista es un filósofo?

-Quizás sí, quizás no…me considero un tipo muy pensante. No me gusta que una obra se quede en lo bonito por hacer algo lindo, tampoco pretendo hacer una propaganda con la obra, pero cuando conmueva, y tiene el ingrediente nosológico, creo que es un buen punto.

–¿Cuál ha sido tu intención, ser artista para decir qué?

–Aportar algo más.

–¿Qué es ese algo más?

–Ese algo más es cambiar aunque sea un poquitito las cosas. Vengo de un país donde le discurso era de compromiso con arte.

–¿Y cuál es tu compromiso con el arte?

–Enseñar. Cuando una pieza no solo conmueve sino además enseña….

Redacción/SinEmbargo

Redacción/SinEmbargo

Lo dice el reportero