Stop US Arms to México estima que la cifra de estas armas traficadas a México podría alcanzar las mil 768 por año, más de la mitad para el mercado civil dentro de Estados Unidos.
Ciudad de México, 12 de febrero (SinEmbargo).– La organización Stop US Arms to Mexico, que da seguimiento al tráfico de armas de Estados Unidos hacia México con base en cifras oficiales, publicó un nuevo informe en el que estima que los rifles Barrett calibre .50 traficados a territorio mexicano podrían representar más de la mitad de los que se venden legalmente a civiles en Estados Unidos. Un dato alarmante si se considera que se trata de uno de los países con mayor número de armas en manos de la población civil.
Los Barrett calibre .50 no son un armamento menor. Conocidos como “mata policías”, estos rifles han protagonizado episodios clave en la historia reciente de la violencia en México, especialmente durante la llamada guerra contra el crimen organizado. Su capacidad para penetrar blindajes, disparar a más de un kilómetro de distancia e incluso derribar helicópteros los convierte en una de las armas más letales en manos de grupos criminales.
Uno de los casos más emblemáticos ocurrió en junio de 2020, cuando un comando atribuido al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) atentó contra el entonces secretario de Seguridad Ciudadana de la Ciudad de México, hoy secretario federal, Omar García Harfuch. En el ataque se utilizaron armas calibre .50, una muestra del poder de fuego que han alcanzado las organizaciones criminales en el país.
Un mar de barrets a México
John Lindsay-Poland, coordinador de Stop US Arms to México, explicó en entrevista con SinEmbargo que en 2023 el fabricante Barrett produjo 5,903 rifles calibre .50, de los cuales aproximadamente la mitad fue destinada a fuerzas militares y policiales; es decir, que la oferta anual disponible para el mercado civil es limitada.
No obstante, según el informe, las cifras de decomisos apenas son la punta del iceberg, ya que solo reflejan una parte del fenómeno. Por ejemplo, en 2025 el Ejército mexicano reportó la confiscación de 140 rifles Barrett calibre.50; sin embargo, el análisis de la organización sostiene que esa cantidad corresponde únicamente a una fracción de los rifles que son traficados cada año hacia México.

La estimación —que no constituye una cifra oficial del tráfico real, sino un cálculo elaborado por Stop US Arms to Mexico con base en datos oficiales— parte de que en 2025 el Ejército mexicano aseguró 10,689 armas de fuego en total. Esa cifra equivale a menos de una décima parte de las 135 mil armas que, según estimaciones, son traficadas anualmente desde Estados Unidos hacia México.
Si se asume que la proporción de rifles Barrett confiscados es similar a la del conjunto de armas aseguradas, el número real podría rondar los 1,768 rifles Barrett calibre .50 traficados cada año al país. De acuerdo con el informe, esa cantidad equivaldría a más de la mitad de las ventas civiles totales de este tipo de armas en Estados Unidos.
“Si la proporción entre armas confiscadas y armas traficadas es la misma en el caso de los rifles Barrett asegurados por la Sedena, entonces el número real sería mucho mayor que el de los decomisados; sería 11 o 12 veces más alto. Por eso estimamos que más de 1,700 rifles Barrett calibre .50 son traficados cada año, lo que representa más de la mitad de las armas destinadas al mercado civil en Estados Unidos”, explicó John Lindsay-Poland.
El informe de Stop US Arms to Mexico detalla las cifras más recientes sobre el tráfico de rifles calibre .50 —en particular los Barrett—, así como las rutas específicas por las que ingresan a México, lo que confirma la magnitud y sistematicidad del flujo.
Armamento Made in USA
Investigaciones del New York Times y del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación documentaron que en ataques perpetrados en México se han encontrado cartuchos calibre .50 fabricados en la planta Lake City Army Ammunition Plant, instalación propiedad del Gobierno de Estados Unidos y principal productora de munición para su Ejército.
Aunado a ello, el pasado martes 10 de febrero, el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, informó que desde el inicio de la actual administración se han decomisado 18 mil armas, de las cuales entre 77 y 78 por ciento provienen de Estados Unidos. Entre el armamento asegurado hay 215 fusiles Barrett calibre .50, además de ametralladoras y otros equipos de alto poder, así como munición del mismo calibre.
En conjunto, los datos del informe, las investigaciones periodísticas así como la información oficial del Ejército mexicano dibujan un mismo patrón: rifles Barrett y munición calibre .50 comprados legalmente en Estados Unidos, traficados por corredores bien definidos y utilizados en México en ataques contra policías, fuerzas armadas y civiles.
Pero este armamento no llega por desvíos marginales, sino como consecuencia de un mercado estadounidense “tan abierto, tan militarizado y tan poco reglamentado” que permite que armas diseñadas para la guerra circulen en el mercado civil sin controles proporcionales a su poder letal, según explica el especialista.
Incluso la munición calibre .50, aunque es producida por contratistas del Ejército estadounidense, también se comercializa libremente en el mercado civil. Lindsay-Poland relató que, tras conversar con el reportero del New York Times que documentó el uso de estas balas en México, descartó que se trate de desvíos desde instalaciones militares. Las mismas empresas que abastecen al Ejército venden también a armerías y distribuidores civiles.
“Es muy fácil comprar balas de calibre .50 en Estados Unidos. No tienes que pasar por una revisión de antecedentes para adquirirlas. Yo puedo entrar a una tienda deportiva en Arizona y comprar una caja de 100 balas calibre .50 sin presentar identificación”, afirmó.
Para el especialista, el problema es estructural y tiene dos dimensiones: oferta y demanda. “En cualquier mercado hay un lado de la oferta y otro de la demanda. En México existe una demanda vinculada a un mercado de violencia; en Estados Unidos, una oferta amplia y masiva de herramientas de violencia”, explicó.
Aunque reconoció que el crimen organizado en México cuenta con capacidad económica y redes de corrupción para adquirir armamento, resaltó que el lado de la oferta es determinante. Por ello, sostuvo que los esfuerzos deben concentrarse en regular la producción y venta en Estados Unidos, más que en intentar contener el flujo únicamente en la frontera.
“Intentar controlar este mercado en la frontera, donde cruzan miles de contenedores, autos y camiones cada día, es insuficiente. Tenemos que controlar el mercado en sí”, señaló.
En la demanda que presentó México contra las armerías, Barret es una de las fabricantes demandadas, además de mith & Wesson, Beretta, Century Arms, Colt, Glock y Ruger. Incluso en la exposición
El arma preferida de los cárteles
En la demanda, el Gobierno de México sostiene que Barrett “se ha convertido en una de las armas preferidas de los cárteles”. Señala que la empresa promociona su rifle de francotirador como un arma de guerra —“con impactos confirmados a 1,800 metros, el modelo 82A1 está probado en combate”—, pero lo comercializa al público civil sin restricciones equiparables a su capacidad letal.
Asimismo, afirma que Barrett tiene conocimiento de que sus distribuidores venden estos rifles de uso militar a traficantes, en ocasiones al mayoreo, para abastecer a los cárteles que los emplean en enfrentamientos contra fuerzas militares y policiales mexicanas que combaten el narcotráfico.
Como antecedente, la demanda cita que en 1999 la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos informó que los rifles calibre .50 de Barrett estaban vinculados con actividades delictivas, “con un nexo con el terrorismo, las bandas de motociclistas ilegales y el tráfico de drogas nacional e internacional”.
“No es de sorprender que el rifle calibre .50, excepcionalmente letal, sea traficado regularmente a México para armar a los violentos cárteles de la droga”, expone el Gobierno mexicano en el documento.
Añade que estas armas son particularmente atractivas para el crimen organizado porque disparan proyectiles entre cinco y diez veces más grandes que los de rifles semiautomáticos como el AR-15 o el AK-47.
Por su alcance y potencia —comparables a los de una ametralladora Browning calibre .50—, un rifle de este tipo puede derribar aeronaves de vuelo bajo o lento, perforar tanques químicos presurizados y penetrar vehículos ligeramente blindados, como los utilizados por corporaciones de seguridad y servicios de protección ejecutiva.
Para el coordinador de Stop US Arms to México, la magnitud del tráfico de rifles calibre .50 debería conducir a prohibir su venta a civiles en Estados Unidos. Recordó que existe una propuesta legislativa, la Stop Arming Cartels Act, que busca vetar su comercialización, aunque hasta ahora no ha prosperado.
“No tienen ningún uso legítimo para civiles en Estados Unidos”, insistió.
Finalmente, reconoció que México paga el costo más alto en vidas, pero subrayó que también hay víctimas en Estados Unidos y que existen mayorías sociales que respaldan restricciones más severas. “Debemos colaborar entre pueblos y, si es posible, entre gobiernos para enfrentar este problema común”, concluyó.





