MICROHISTORIAS: GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ, INFANTE LITERARIO

03/05/2014 - 12:00 am

Autor: Daniel Luna

La infancia de Gabriel García Márquez determinó su vocación literaria. Sus libros fueron un instrumento para recrear la historia de su familia. En las páginas de sus obras, el escritor colombiano plasmó sus experiencias cotidianas infantiles, escribió las historias fantásticas e increíbles que escuchó relatar a su abuela, también grabó en papel los relatos de su abuelo, el coronel Nicolás Márquez: Papalelo. Papalelo fue un militar liberal, protagonista de la Guerra de los Mil Días, quien se ocupó de la educación de Gabito durante sus primeros años. Pese a la diferencia de cincuenta años entre ellos, García Márquez afirmó en una ocasión que: “es tal vez la persona con quien mejor me he entendido y con quien mejor comunicación he tenido jamás.” Las pasiones de su abuelo, así como su historia familiar fueron los vínculos carnales con la historia del Caribe colombiano.

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El otro personaje fundamental de su niñez fue su abuela Mina, la culpable de la zozobra nocturna que lo acompañó en sus desvelos por distintas ciudades del mundo. Las fantasías, presagios y evocaciones que escuchaba en boca de su abuela lo asaltaron durante sus noches de infancia y aún durante su vida adulta. Las historias de ultratumba contadas con toda naturalidad y como si se tratasen de sucesos cotidianos causaron tanto impacto en su imaginación que años después, al leer la primera página de La Metamorfosis de Franz Kafka —cuando Gregorio Samsa se ha convertido en un escarabajo enorme—, el estudiante de primer año de Universidad quedó sorprendido por las coincidencias con los relatos de su abuela. En ese momento, afirmó en una entrevista, decidió: “leer todas las novelas importantes que se hubiesen escrito desde el comienzo de la humanidad.”

Macondo, el lugar mítico de sus novelas, es una reconstrucción literaria del pueblo de su infancia: Aracataca, localidad situada en el departamento de Magdalena, en el municipio colombiano de Ciénega. Cuando Gabriel García Márquez nació, el domingo 6 de marzo de 1927, el pueblo conocía el auge del banano que trajo consigo el interés económico de la United Fruit Company. Los estadounidenses de la compañía levantaron una malla eléctrica para separarse de los nativos, también llevaron autos, refrigeradores y demás elementos de progreso vedados para los naturales de Aracataca. Aunque el abuelo de Gabriel afirmó que allí el dinero corría por las calles, en sus recuerdos García Márquez lo equiparó al viejo Oeste estadounidense, población sin ley, azotada por huracanes cotidianos que se llevaban los techos de las casas; en el verano la sequía y en el invierno, los aguaceros, cuyas corrientes en una ocasión desenterraron a los muertos del panteón.

Sus primeros acercamientos a las letras fueron a través de los relatos de una venezolana, Juana de Freytes, la cual narraba: “las obras maestras de la literatura universal, reducidas por ella a cuentos infantiles: La Odisea, Orlando furioso, Don Quijote, El conde de Montecristo y muchos episodios de la Biblia.” En el liceo de Zipaquirá, siendo adolescente, también leyó poesía, Neruda, Rimbaud, Valery, y libros marxistas. En una entrevista recordó que “el profesor de álgebra nos enseñaba en el recreo materialismo histórico; el de química nos prestaba libros de Lenin y el de historia nos hablaba de lucha de clases”.

La matanza de bananeros huelguistas hecha por el ejército colombiano es uno de los puntos culminantes de su novela más famosa: Cien años de soledad. Aunque no fue el primer derramamiento de sangre a cuenta de las compañías bananeras, la matanza de 1928 alcanzó grados superlativos en la memoria de los pobladores de Aracataca. El número real de víctimas nunca se supo, las cifras fluctuaron desde los que aseguraban la inexistencia de decesos hasta los que afirmaron que eran más de cien y que para deshacerse de los cuerpos, fueron transportados en el tren y arrojados al mar, como si se tratase de banano de desecho. El autor colombiano, apelando a su libertad literaria y para mantener la “proporción épica del drama”, sumó tres mil fallecidos. Con cierto orgullo de creador afirmó en Vivir para contarla: “y la vida real terminó por hacerme justicia: hace poco, en uno de los aniversarios de la tragedia, el orador en turno del Senado pidió un minuto de silencio en memoria de los tres mil mártires anónimos sacrificados por la fuerza pública.”

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Gabriel García Márquez fue un infante todo oídos. Escuchó las explicaciones sobrenaturales de su abuela con fruición, tembló con los relatos de aparecidos y con los cuentos de ultratumba. También se insufló su pecho al oír las aventuras militares de su abuelo y su corazón se enterneció con la historia de amor que sus padres protagonizaron. Desde su tierna infancia, las historias de los mayores le apasionaron y atormentaron. La tradición oral que abrevó en sus primeros años le llevó a escribir novelas fundamentales para América Latina. Gracias a su sensibilidad infantil y pródiga imaginación, sus abuelos, padres, los vecinos, la población y el ambiente de su Aracataca natal se transfiguraron en personajes de la literatura universal. La muerte nunca alcanza a las obras maestras del genio humano.

Publicado por Wikimexico / Especial para SinEmbargo

ENTRESACADO

Gabriel García Márquez fue un infante todo oídos. Escuchó las explicaciones sobrenaturales de su abuela con fruición... Se insufló su pecho al oír las aventuras militares de su abuelo y su corazón se enterneció con la historia de amor que sus padres protagonizaron.

Redacción/SinEmbargo

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