
Ciudad de México, 9 de mayo (SinEmbargo).- Desde Perra Brava (Tusquets), su aclamada primera novela, la joven escritora Orfa Alarcón es considerada una de las voces más importantes de la nueva narrativa mexicana.
Nacida en Nuevo León hace 34 años, tiene una amplia labor como editora, un vicio que hoy despunta al frente del proyecto creado con su esposo, el también escritor Antonio Ramos, 27 editores.
Una primera novela exitosa representa sin duda una buena noticia para alguien que quiere dedicar su vida a la escritura, aunque va de suyo que obliga a una segunda entrega que esté al nivel de las expectativas generadas.
En ese sentido, Orfa parece tomarse las cosas con mucha tranquilidad y, contra lo esperado, acaba de ofrecer al mercado Bitch Doll (Ediciones B), una historia en un registro muy distinto al transitado en aquella novela editada por Planeta en 2010.
Se trata de una novela juvenil, con la falta que hacen en nuestro suelo las novelas juveniles si se tiene en cuenta que los niños mexicanos leen mucho y bien, pero no siguen en la adolescencia un hábito que podría sacarnos de este panorama aciago en lo que a los libros consumidos en nuestro país se refiere.

En Bitch Doll, Alarcón cuenta la historia de Shanti, una niña que se aburre con mucha facilidad y que odia vivir en la casa de su desastrosa tía. La gente a su alrededor es muy tonta y no la entiende y por tanto no tiene mejor idea que tomar justicia por su propia mano y crear una tira cómica llamada “Conejo de cerebro”, donde “balconea” a gusto a propios y entenados.
Todo esto lo cuenta Orfa Alarcón con un lenguaje fresco, tierno y muy creíble; el tono necesario para meterse en la piel de Shanti y ver el mundo con sus ojos inocentes y pícaros, al punto de producir una historia que no sólo disfrutarán los más jóvenes.

Lo hace tan bien, que podríamos decir que ahora corre el peligro de que las editoriales comiencen a encargarle sólo novelas juveniles, pero la escritora sabe muy bien cómo defenderse de los encasillamientos.
“Cuando salió Perra brava pensé que mi destino iba a ser siempre escribir sobre la violencia, hasta que apareció Bitch Doll y me di cuenta de que podía hacer otras cosas. Ahora tengo miedo de que me encasillen en la novela juvenil”, admite Orfa en entrevista con SinEmbargo.
– ¿Eres una mujer de tener miedos? Nadie pensaría algo semejante al conocerte…
– No, más bien soy una mujer de dudas. Se me da muy bien eso, dudar y ahogarme en un vaso de agua, pero el temor no es lo mío. Lo único que puedo decir es que ya tengo escrito el 70 por ciento de mi tercera novela, la cuarta también está pensada y ninguna de las dos es juvenil.
– A veces pareciera que quieres relativizar el éxito de Perra brava. El otro día comentabas como al pasar que iba a ser traducida al alemán, pero sin darle mucha importancia…
– Es que una de mis dudas es si no me voy a convertir en algo parecido a estos poperos del One Hit Wonder…lo pensé durante mucho tiempo y por eso tardé tanto en presentar la segunda novela. Ahora lo que quiero es que se hable de las dos novelas, no de una sola…
– Tampoco te importó que con Bitch Doll algunos colegas tal vez no te tomaran en serio…
– La verdad es que la recepción de la novela entre mis colegas fue muy buena, aunque muchos se sorprendieron. La experiencia para mí fue increíble, porque es una novela que me hizo escribir de un modo que era desconocido para mí. No soy de las personas que disfruta escribiendo, más bien sufro cuando lo hago y con Bitch Doll supe por primera vez lo es escribir sin estar llorando. Me divertí mucho y nunca pensé en lo que iba a decir la crítica.
– Shanti se parece un poco a ti…
– Crecí como ella en una colonia muy popular, casi trepada al Cerro de la Silla…es cierto que tiene mucho de mí y también es cierto que me hubiera gustado tener mucho más de ella. Fui una niña muy obediente y aunque no me gustaban las reglas impuestas en mi infancia y adolescencia, siempre las obedecí.

– Ahora bien, como tú, Shanti no se guarda sus opiniones…
– (risas) Es verdad. Tengo el defecto de decir siempre lo que pienso y lo que pienso nunca es lo políticamente correcto.
– Crecer sin enemigos de todos modos no es bueno
– Por supuesto, si vas creciendo en tu carrera y resulta que le caes bien a todo el mundo, seguro que estás haciendo algo mal.
– ¿Qué piensas del estatus “mujeres escritoras jóvenes y talentosas”?
– Que la literatura me interesa más allá del género. Admiro tanto a Juan Rulfo como a Laura Restrepo, a la que quiero aprenderle muchas cosas. Valoro una escritura por si conecta o no conecta conmigo, no importa si la escribió un hombre o una mujer. Lo que me irrita mucho es ese debate en torno a qué define la literatura femenina o cuáles son las dificultades que tiene una mujer para publicar. Siempre me preguntan, por ejemplo, si he sido víctima del machismo en el mundo de la edición y lo que tengo que decir al respecto es que el discurso de la victimización me enoja. Creo que ya estuvo bueno de darnos golpes de pecho y de hacernos las mártires. A nuestra generación ya no le queda esa actitud, a pesar de que reconozco que en el mundo femenino todavía falta alcanzar muchos derechos y la equidad no es aún una realidad.
– Victimizarse es algo que precisamente no hace Shanti en Bitch Doll
– Exactamente. Cuando ella hace su tira cómica para ofender a los demás es consciente de lo que hace y cuando la descubren y todo se vuelve contra ella no corre a buscar refugio al regazo de su tía.




