
Ciudad de México, 9 de julio (SinEmbargo).- Cuando este domingo el serbio Novak “Nole” Djokovic levantó la dorada copa de su segundo triunfo en Wimbledon, entre las gradas, un hombre rubicundo y emocionado, miraba fijamente al centro del court.
Probablemente reviviera también sus años de gloria, cuando obtuvo tres títulos en el prestigioso torneo sobre césped y era uno de los máximos atletas del mundo.
Boris Becker, uno de los más grandes tenistas de todos los tiempos, es ahora el técnico que dirige los destinos victoriosos de “Nole”, un trabajo que le proporciona mucha más angustia que la que pasaba cuando era atleta en activo.
“Fue una montaña rusa de sentimientos, es peor que cuando jugaba, dijo a la prensa tras el triunfo de Djokovic sobre el suizo Roger Federer en cinco emotivos sets.
El alemán, tres veces ganador en Wimbledon como tenista, se mostró satisfecho por haber ayudado a Novak a conseguir su primer título de Grand Slam desde el Abierto de Australia de 2013.

"Cumplimos el objetivo. Es una satisfacción haber ganado aquí como jugador y entrenador", sostuvo Becker, y aunque no lo mencionó, no poco regocijo debe de haberle despertado el poder vencer a su antiguo compañero de torneos, el sueco Stefan Edberg, quien estaba en el banco contrario, ayudando técnicamente al suizo Roger Federer.
OTRA VEZ FRENTE A FRENTE
Efectivamente, protagonistas de una de las grandes rivalidades en la historia del tenis, el alemán Boris Becker y el sueco Stefan Edberg se encontraron otra vez en una final de Wimbledon
El duelo entre el serbio Novak Djokovic y el suizo Roger Federer ofrecerá un choque de lujo en las gradas, pero también será una nueva prueba de que la apuesta por los "entrenadores-leyenda" rinde sus frutos en estos tiempos de tenis de laboratorio, cuando el llamado deporte blanco parece haber perdido toda la espontaneidad, toda la sorpresa.
Ni el gélido sueco Stefan Edberg (Västervik, 19 de enero de 1966), ni el alemán explosivo Boris Becker (Leimen, 22 de noviembre de 1967) tenían experiencia como coach cuando asumieron el desafío de velar por las máximas figuras del tenis contemporáneo, Roger Federer y Novak Djokovic, respectivamente.
No se sabe si se ha abierto un nuevo canal de empleo para los tenistas retirados, quienes en general se dedican luego de la competencia a comentar los torneos en la televisión o a sacarse chispas en partidos de veteranos más o menos seguidos por los aficionados.

El origen de esta moda lo marcó el lazo entre el británico Andy Murray y el checo Ivan Lendl. El vínculo, finalizado en marzo, ayudó al escocés alcanzar los éxitos con los que siempre soñó: el Abierto de Estados Unidos de 2012, el oro olímpico en Londres ese mismo año, y el primer triunfo británico desde hacía 77 años en Wimbledon 2013.
"Aún teniendo 32 años debes seguir mejorando en tu juego. Eso es lo que ha tratado de hacer todo el año. "Debe ser un poco más agresivo en la cancha y pienso que lo está haciendo muy bien", dijo Edberg en relación con su famoso pupilo.
Tras vivir en 2013 su peor temporada desde que irrumpió en la elite, Federer está mostrando una versión renovada que le permitió volver a una final de Grand Slam por primera vez en dos años. Y el suizo, siete veces campeón en el césped de Londres, no duda en atribuirle parte del mérito a Edberg.
"Stefan es claramente parte del rompecabezas, al igual que mi preparador físico, que Severin (Lüthi, su entrenador histórico) y que todo el equipo alrededor mío. Ellos hacen posible que yo me levante cada mañana motivado, saludable y con ganas de jugar. Es en cierto punto un esfuerzo en equipo", Roger.

Fue en octubre de 2013 cuando el suizo se desligó del estadounidense Paul Annacone (ex de Pete Sampras), quien lo acompañó durante tres años y medio y lo dejó al irse en el séptimo lugar de la ATP.
"Sentía que algunas cosas no funcionaban como debían y por eso hice estos movimientos, con los que ahora estoy feliz. Mi juego ha vuelto donde esperaba que estuviera", dijo el tenista sin faltarle razón.
La verdad es que en los últimos torneos hemos visto lo mejor de Roger Federer, lo que en un jugador de su valía es mucho decir. Con Federer al ciento por ciento el circuito sin duda se ha encendido y se ha hecho más atractivo para espectadores y público.
POR EL LADO DE NOLE
También Novak Djokovic, que vio finalizado su lazo a tiempo completo con el eslovaco Marian Vajda, su entrenador de los últimos años, apostó por un cambio para recuperar parte de la confianza perdida.
"Creo que el camino es el correcto. Hay dos o tres mejoras en su juego", dijo Becker sobre Djokovic en una reciente entrevista con la agencia dpa y otros medios durante Roland Garros.

El alemán no quiso dar muchos detalles sobre cuáles son esos cambios, pero insinuó que tiene que ver con su posición en la cancha: "Mire simplemente los partidos, donde se para, donde juega", advirtió.
Becker, que ganó en Wimbledon tres de sus seis títulos de Grand Slam, se tomó sin quererlo revancha este domingo. Seguramente no olvida cuando cayó en los duelos decisivos de Wimbledon de 1988 y 1990 y sólo pudo vencer a Stefan Edberg en la final de 1989 en el All England.

El "coach" de Djokovic además perdió ante Edberg el otro enfrenamiento que tuvieron en Grand Slam, las semifinales de Roland Garros de 1989, aunque el récord general en duelos personales lo favorece por un amplio 25-10.
En cantidad de títulos de Grand Slam están igualados: los dos ex jugadores suman seis, la misma cantidad que Djokovic, aunque muy por debajo del récord de 17 de Federer.
Tal como ocurre entre sus dirigidos, los estilos de Becker y Edberg fuera de la cancha no podrían ser más diferentes. Discreto y elegante, el sueco parece hecho a medida de Federer, mientras que el histriónico Becker conforma una dupla más explosiva con Djokovic, quien no pudo evitar parodiar a su entrenador en el Abierto de Australia durante una de sus clásicas imitaciones.
"¿Estuvo bien? Voy a tener que ganar algunos kilos y teñirme el pelo para hacer una imitación correcta de Becker", dijo entonces entre risas Djokovic. "Mientras siga ganando, que haga estas imitaciones", respondió el alemán.
El domingo, emocionado, Boris vio cómo su pupilo se llevaba la tercera copa dorada de Wimbledon a casa y cómo él volvía a estar en el candelero, luego de una época en la que sólo era conocido por sus escándalos en la prensa rosa y por su andar errático fuera de las canchas de tenis.
LA ATRIBULADA VIDA DE BORIS BECKER
No es poca cosa que Becker se haya impuesto además en su duelo personal ante el sueco Stefan Edberg, pero mucho mejor es que el campeón alemán haya regresado al ambiente del tenis, donde parece encontrarse mejor que en ningún otro.
Es cerca de las canchas donde encuentra sosiego, donde mantiene a raya sus romances turbulentos y donde vuelve a ser ese hombre de personalidad desbordante, de ideas propias aun cuando vayan a contracorriente del pensamiento popular y dueño de un estilo histórico de juego ofensivo y vistoso como ya no suele verse en los torneos de ATP.
No es de todos modos un tipo anclado en el pasado y no cree que todo tiempo por pasado fue mejor. Su lugar en el banco de entrenador del tenista número 1 del mundo demuestra hasta qué punto está dispuesto a ocupar un sitio protagónico en el tenis contemporáneo.

Siempre hizo lo que quiso y fue un rebelde en su propia tierra. Primero por casarse con la modelo negra Barbara Feltus, madre de dos de sus hijos y luego por provocar al aparecer desnudo al lado de ella en la portada de la revista Stern.
Claro que nada fue tan escandaloso como cuando la modelo Angela Ermakova tuvo un breve encuentro de sexo oral con Becker en los interiores de una famosa discoteca de Londres y no se le ocurrió mejor cosa que guardar el semen y engendrar luego una niña de nombre Anna que resultó ser hija biológica del deportista alemán.
El “chiste” le ocasionó el divorcio de Feltus y la sospecha de la existencia de una red destinada a cazar “souvenires” valiosos de los millonarios y famosos, encarrilada por la temible mafia rusa.

En 2002 fue condenado en Alemania a dos años de libertad condicional por evasión de impuestos y fracasó rotundamente con la Torre Becker de Dubai, un proyecto del cual está particularmente arrepentido.
"Les di mi nombre, que es lo único que tengo, pero no fui el responsable de financiar el edificio. Cuando explotó la burbuja inmobiliaria de Dubai, se cayó el negocio de la torre. Yo no diría que fui responsable, pero el negocio no funcionó y eso no fue bueno", dijo Boris a la BBC.
Con raquetas que llevan su nombre, sus trabajos como comentarista de la BBC, la inversión en los bienes raíces y tantos otros negocios en los que está involucrado, no hay peligro que se desmorone el Imperio Becker.
Mientras tanto, su labor exitosa junto al tenista más importante del momento seguramente le habrá dado una gran inyección de liquidez a sus empresas.
Con información de dpa




