La Paz, 21 jul (EFE).- La violencia con la que ha operado el narcotráfico en Bolivia en las últimas semanas, con secuestros, tiroteos y la aparición de sicarios colombianos y brasileños, alarma a varios sectores del país, aunque el Gobierno de Evo Morales insiste en negar la presencia de carteles.
La violencia "narco" ha subido a niveles inusuales que hacen decir a políticos, medios y la Iglesia católica que Bolivia se encamina a una situación como la que han vivido Colombia o México, si bien el Ejecutivo cree que eso es aventurado.
"El nivel de violencia inusitado se está dando con un tipo de crímenes que no se conocían antes", declaró a Efe el exministro de Gobierno (Interior) Saúl Lara, que culpa a Morales del problema por permitir el auge de los cultivos de coca, base para la producción de cocaína.
Entre los casos más recientes están la captura del colombiano Carlos Noel Buitrago Vega, acusado de terrorismo y narcotráfico, y la de una banda peruana vinculada a asesinatos y secuestros.
Además, un tiroteo contra un abogado en las puertas de una Corte Judicial, la detención de sicarios brasileños y el hallazgo de 281 laboratorios de cocaína en 48 horas.
Todos estos casos se han producido en el departamento oriental de Santa Cruz, fronterizo con Brasil y Paraguay, que parece ser, según algunos legisladores y la Policía, donde se han concentrado "bandas" rivales del narcotráfico.
La senadora opositora Centa Rek dijo a Efe que "la escalada de violencia va creciendo de forma sumamente rápida" y el Gobierno usa la "política del avestruz" y oculta la cabeza, al negar la presencia de bandas de "narcos" de envergadura.
Morales, que gobierna Bolivia desde 2006 y aspira a un tercer mandato hasta 2020, continúa siendo el máximo jefe de los sindicatos productores de coca de la zona central del Chapare, donde hay cultivos ilegales de la planta, base de la producción de cocaína.
La oposición ha pedido de nuevo a Morales esta semana que renuncie a esa relación sindical porque, según los adversarios del gobernante, desacelera la destrucción de los cocales, que se expanden a parques y reservas naturales.
Desde hace años la policía erradica anualmente más de 5 mil hectáreas de cocales y en 2010 alcanzó el récord de 8 mil, pero la cifra global final de cada año sigue rondando las 30 mil.
Según el Gobierno, menos de la mitad de la coca es usada por el narcotráfico, mientras que la oposición cree que un 80 % de la planta es desviada por las mafias y solo 20 % la usan indígenas y campesinos para masticar la hoja y otros usos culturales y médicos.
Hace dos años la ONU cifró los cultivos en 30 mil hectáreas y para agosto se espera su nuevo informe al respecto, junto con otro de la Unión Europea sobre la cantidad de coca necesaria para usos legales, algo que ha sido medido por primera vez.
La ONU también calculará en su nuevo estudio el potencial de la producción de cocaína, que en 2008 se cifró en 113 toneladas anuales con una superficie cultivada de coca de 30 mil 500 hectáreas.
La expansión de cocales, según Lara, está ligado a una mayor producción de cocaína y la aparición de bandas que, en su criterio, son financiadas por cárteles de la droga de Brasil y de Colombia.
El viceministro de Sustancias Controladas, Felipe Cáceres, dirigente cocalero al igual que Morales, rechaza que en Bolivia haya carteles de ese tipo y cree que son solo "bandas" o clanes familiares, sin la estructura casi militar de un cartel.
Cáceres afirma que el actual Gobierno hizo más que sus predecesores para combatir el narcotráfico, incluso al margen del Departamento Antidrogas de Estados Unidos (DEA), al que Morales expulsó de Bolivia en 2008, acusándolo de conspiración política.
No obstante, hay cada vez más voces que alertan de la posibilidad de que el narcotráfico haya crecido en Bolivia a niveles superiores.
Los sectores preocupados citan el caso del general René Sanabria, exjefe antidrogas de Morales, que en su momento negaba la presencia de carteles y ahora está detenido en Estados Unidos, donde confesó que se dedicaba al tráfico de cocaína.
En lo que va de 2011, la policía antidrogas confiscó 13 toneladas de cocaína y 368 toneladas de marihuana, drogas de las que Bolivia es uno de los principales productores mundiales.
Desde enero han sido detenidas en este país unas 2 mil personas por narcotráfico, incluidos mil 700 bolivianos, 47 peruanos, 34 colombianos, 26 brasileños y 20 españoles. EFE



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