Historias de perros: Desde Paul Auster a Claude Duneton, la literatura hace guau

24/09/2016 - 12:03 am

A veces son mascotas entrañables, a veces son la voz moral de su dueño y juzgan los buenos actos así como las correrías indeseables del amo que les ha tocado en suerte, otras se convierten en asesinos y pasan a protagonizar una novela de Stephen King. Son los perros de la literatura en 10 libros.

Ciudad de México, 24 de septiembre (SinEmbargo).- Cuando el escritor estadounidense Paul Auster presentó Tombuctú (Anagrama), no faltaron las críticas burlescas en muchos de los más rancios suplementos literarios.

El autor de La música del azar hacía hablar a un perro, síntoma de su decadencia, se apresuraron a decir algunos. Sin embargo, el libro y la historia han envejecido muy bien y Mister Bones ha dejado grabadas sus patas en el corazón de los lectores.

Aquí van 10 libros donde los perros son protagonistas, para leer acompañado de tu mascota favorita, un cóctel al uso y croquetas gourmet.

 

SD_01

La perra de mi vida, de Claude Duneton

Rita no está dispuesta a obedecer ni a guardar ni a cazar ni a ser útil para nada. Vive, malquerida por todos, en una granja del sur de Francia. Su dueño, Claude es el único que siente auténtico cariño por ella. Rita también es la representación de cómo resistirse a una existencia dura, cruel y desolada: la que ofrece una perdida región francesa durante los años de la ocupación alemana. A través de Rita su dueño descubre el mundo y, tangencialmente, nosotros descubrimos a Claude y a su desastrosa familia. (Malpaso Editorial)

SD_02

Colmillo blanco, de Jack London

Esta novela es casi la historia de una degradación. Rousseau decía del hombre que nace naturalmente bueno y se pervierte al contacto con la sociedad. London lo aplica al mundo del animal. Colmillo Blanco, el perro-lobo salvaje que no conoce más leyes que las de la naturaleza, irá agudizando sus instintos de ferocidad o violencia a imagen y semejanza de los hombres. Si el lobezno hubiera pensado como los hombres dice London, habría calificado la vida como un voraz apetito, y el mundo como un caos gobernado por la suerte, la impiedad y el azar en un proceso sin fin. Por fortuna, Colmillo Blanco encontró al señor del amor al borde de la muerte. (Anaya)

SD_03

Cujo, de Stephen King

Durante toda su vida Cujo fue un buen perro, un San Bernardo grandote, pacífico, juguetón y amante de los niños. Realmente se trataba de un perro bueno y feliz. Feliz hasta que le sucedió algo y el cerebro de perro de Cujo se cubrió de una de esas oscuridades que se alimentan de sangre. Ahora, se ha convertido en un perro asesino; doblemente cruel por cuanto la gente no conoce su mutación y aún le ve en su anterior bondad. Heraldo de un pequeño apocalipsis, Cujo desencadenará sobre un pueblo modélico un huracán de pánico y de muerte. Uno de los grandes clásicos de Stephen King, el maestro de la literatura de terror. (Lecturalia)

SD_04Marley y yo, de John Grogan

Marley -un juguetón cachorro de labrador- llegó al hogar de los Grogan cuando éstos eran una pareja de recién casados. Al tiempo que crecía hasta volverse un musculoso adulto de casi cincuenta kilos, también los acompañó en la evolución de la propia vida familiar: un embarazo frustrado, tres hijos, dos traslados de dominilio, cambios laborales... Y aunque no era fácil copnvivir con un animal activo, optimista y leal, pero también un verdadero huracán destructor, Marley llegó a convertirse en un elemento crucial de la familia.

SD_05

Perros e hijos de perra, de Arturo Pérez-Reverte

Perros de presa educados para pelear, un chucho mexicano tuerto y digno, el Fifa brasileño que no era un asesino, Jenny y Boxer, las valientes mascotas de la Brigada Ligera, el chucho español, flaco y bastardo del cuadro de Ferrer-Dalmau, y Sherlock, el teckel de pelo fuerte y sólidos silencios; o Sombra, el labrador negro que le esperaba después de regresar de territorio comanche, son algunos de los protagonistas de estas narraciones que van desde la admiración por ellos hasta la indignación ante los que torturan, maltratan o abandonan. (Alfaguara)

SD_06

Todos los perros de mi vida, de Elizabeth von Arnim

“Quizá parezca extravagante y un tanto esnob contar la propia vida utilizando como pretexto los perros que nos han acompañado, pero Elizabeth von Arnim sabía muy bien que “cuando un perro te ama, eso es para siempre, hasta su último ladrido. Así es como me gusta ser amada y por eso hablaré de perros”. Estas son las primeras palabras de este maravilloso libro de memorias, donde la condesa Von Arnim cuenta su historia. Hablando de sus perros, Elizabeth habla de lo que de verdad aprecia en los seres vivos y son las cualidades de estos animales las que subrayan la mezquindad de los hombres. Desde sus días de juventud, a finales del siglo, hasta la época de soledad en un caserón de la Provenza, pasando por dos matrimonios desafortunados y unos cuantos amores tempestuosos, la vida de Elizabeth desfila en estas páginas con humor y mucha ironía, trotando de la mejor manera al lado de sus queridos perros. (Lumen)

SD_07

Vida de Motel, de Willy Vlautin

"Supe que la mala suerte nos había encontrado a mi hermano y a mí. Y nosotros tomamos la mala suerte y nos atamos los pies con ella, como si los hubiésemos hundido en cemento fresco. Hicimos lo peor que se le podría ocurrir a nadie: huimos.”

Como si Tom Waits nos susurrara relatos apoyado en la barra de un bar, Vida de motel cuenta la historia de dos hermanos, Frank y Jerry Lee, que se echan a la carretera en un intento de huir del atropello que ha cometido Jerry Lee. Con una enorme dosis de sentimiento y compasión, Willy Vlautin explora las vidas y las frustraciones de los dos hermanos -uno, narrador de historias nato; el otro, aspirante a artista-, y transmite a la perfección la sensación de opresión que experimentan. (Belacqua)

SD_08

El arte de conducir bajo la lluvia, de Garth Stein

Enzo sabe que él no es como los demás canes. Él es un pensador de alma casi humana. Denny Swift es un joven y prometedor piloto de carreras de quien Enzo ha obtenido una amplia comprensión de la condición humana y del que ha aprendido que la vida, al igual que las carreras, no es una cuestión de velocidad. Es posible superar con éxito todas las pruebas de la existencia con las técnicas necesarias para competir en la pista de carreras.  En la víspera de su muerte, Enzo hace balance de su vida y rememora todo aquello por lo que han pasado él y su familia: los sacrificios realizados por Denny en aras a lograr el éxito profesional, la inesperada pérdida de Eve, esposa de Denny, la despiadada batalla legal por la custodia de la hija de ambos. Al final, pese a ser consciente de sus propias limitaciones, Enzo cumple heroicamente con una obligación para preservar a la familia Swift, conservando en su corazón el sueño de que Denny se convierta en un campeón de carreras y retenga a Zoë junto a él. (Suma)

SD_09

Cecil, de Manuel Mujica Láinez

“Creo que lo he fascinado y sé que él me ha fascinado también. Presumo que nos perteneceremos el uno al otro hasta que la muerte ocurra”. Así comienza Cecil y quien así habla es precisamente el narrador que da título a la novela, que no es otro que un perro de raza whippet, regalado por unos amigos al escritor Manuel Mujica Láinez y bautizado con ese nombre el honor al fotógrafo inglés Cecil Beaton, al que el autor conoció el día en que le fue obsequiada su nueva mascota. Estamos por lo tanto ante una ingeniosa novela autobiográfica narrada mediante un personaje interpuesto, escrita en un momento de crisis creativa de su autor, en el momento en que abandona Buenos Aires y se instala en la recién adquirida quinta El Paraíso, en la provincia de Córdoba. (RBA)

SD_10

Tombuctú, de Paul Auster

Míster Bones es un perro de raza indefinida, pero de una inteligencia muy precisa. No habla inglés, quizá porque se lo impide la forma de sus fauces, pero tantos años escuchando el incesante torrente verbal de su amo han hecho que lo comprenda a la perfección y que pueda pensar e interpretar el mundo con una sensibilidad muy canina y una sintaxis muy humana. Porque Míster Bones tiene siete años y ha vivido desde que era un cachorro con William Gurevitch, más conocido como Willy Christmas desde que Santa Claus le habló desde el televisor, provocando en él una auténtica experiencia mística. (Anagrama)

Redacción/SinEmbargo

Redacción/SinEmbargo

Lo dice el reportero