Lo grandioso del cine de oro mexicano es que permanece en la memoria y, para nuestra fortuna, sigue transmitiéndose. Quienes crecieron acompañados con estás cintas conservan experiencias valiosas sobre una época que, para la mayoría, resulta irrepetible.
Por Marta Cecilia Preciado Suárez
Ciudad de México, 8 de febrero (SinEmbargo).- Quién iba a pensar que de una curiosidad técnica nacería un arte capaz de dar vida a la imagen, dotándola de sonido y otras cualidades para enriquecer la historia que se muestra en la pantalla, el cine. Todo empezó con los hermanos Lumière y su invento: el cinematógrafo, capaz de filmar y proyectar imágenes en movimiento de corta duración.

Industria cinematográfica
La fascinación por esa máquina se extendió en distintas partes del mundo y México no fue la excepción. En 1896, durante el Porfiriato, Gabriel Veyre y Claude Ferdinand Bon Bernard —enviados por los Lumière— ofrecieron una función privada a Porfirio Díaz en el Castillo de Chapultepec. Vale la pena remarcar que las primeras filmaciones registraron la vida cotidiana mexicana, casi siempre con el presidente como protagonista.
Aquellos registros fueron el principal peldaño para la industria cinematográfica mexicana. Los primeros filmes fueron mudos, pero con la llegada del sonido se transformó el panorama del cine con cintas como Santa, 1932 y La Mujer del Puerto en 1934. Con estas filmaciones se consolidó México como referente del séptimo arte para Latinoamérica, al demostrar solidez en talento e infraestructura.
El comienzo de la llamada Época de Oro sería con Allá en el Rancho Grande, en 1936, de Fernando Fuentes, quien introdujo el género de “comedia ranchera” y colocó al cine mexicano en el panorama internacional. Durante ese período se exploraron diversos géneros, surgieron actores y actrices de alto perfil, que retrataron la realidad dividida del mexicano. Gracias a esto, se produjo un gran abanico de producciones entrañables con reconocimiento en premiaciones de renombre.
Para las nuevas generaciones, estas producciones de antaño pueden resultarles ajenas. Sus temas no siempre seducen, algunas actitudes incomodan y, en algunos casos, el diálogo en nuestra actualidad resulta distante. Aun así, vale la pena recordar que estos filmes no solo formaron parte de la memoria colectiva, sino que acompañaron a una generación marcada por el silencio renuente del olvido, que mira con nostalgia ese cine que vuelve como tema de conversación a destiempo.

¿Cuáles son los momentos favoritos del cine mexicano?
La revista-libro de la editorial Artes de México n°10 Revisión del cine mexicano, recopila ensayos de críticos, escritores y directores del ramo cinematográfico que abren su corazón y comparten sus memorias con las películas de la Época de Oro. Estos textos parten de las preguntas: ¿cuáles son los momentos favoritos del cine mexicano?, ¿cuál fue su primer encuentro con estas películas?, ¿qué elementos consideran valiosos para imaginar una nueva estética a finales del siglo XX?. Estas interrogantes te invitan a la reflexión.
Figuras como Rubén Gámez, Arturo Ripstein, Guillermo del Toro, Carlos Monsiváis, entre muchos más, comparten sus experiencias y opiniones sobre el cine mexicano durante su apogeo y su legado para el futuro. Quien lea este ejemplar sentirá que participa en una conversación con alguien que le apasiona el cine. Los cinéfilos de corazón, reconocerán esa comprensión y entusiasmo compartido. Esa compañía está presente entre las páginas, aunque no físicamente. Más que buscar un punto en común, los textos amplían nuestro panorama sobre la Época de Oro Mexicano y su impacto que sigue vigente.
Lo grandioso del cine de oro mexicano es que permanece en la memoria y, para nuestra fortuna, sigue transmitiéndose. Quienes crecieron acompañados con estás cintas conservan experiencias valiosas sobre una época que, para la mayoría, resulta irrepetible.
Al mismo tiempo, no faltan quienes lamentan que el cine mexicano actual haya perdido parte de su encanto o se haya encasillado en ciertas fórmulas, que más que aportar, restan innovación. En ese cruce entre memoria, revisión y diálogo, la revista-libro nos invita a la conversación, valorar estas obras y a pensar en la posibilidad de apoyar un cine mexicano que se atreva a salir del molde para ofrecer nuevas perspectivas de la realidad.





