Scherer tira con escopeta contra varios en el gabinete de AMLO, del que formó parte

14/02/2026 - 11:58 am

Julio Scherer Ibarra extiende una serie de críticas a varios funcionarios clave del Gobierno de Andrés Manuel López Obrador, de Jesús Ramírez Cuevas a Olga Sánchez Cordero.

Ciudad de México, 14 de febrero (SinEmbargo).– Julio Scherer Ibarra dedicó parte de su libro Ni venganza ni perdón (Planeta) a descalificar a varios de sus excompañeros en el Gabinete de Andrés Manuel López Obrador. Entre ellos menciona al vocero presidencial Jesús Ramírez Cuevas; a las exsecretarias de Energía y Trabajo, Rocío Nahle y Luisa María Alcalde; a los exsecretarios de Gobernación Olga Sánchez Cordero y Adán Augusto López Hernández; al exfiscal Alejandro Gertz Manero; a la exdirectora del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, y al subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell.

En el texto, el exconsejero jurídico alude a “desavenencias” y a una constante “falta de acuerdos entre los secretarios”. “El Presidente siempre trataba de armonizar; pero, reitero, escuchaba las opiniones de cada uno y solo entonces decidía. Sometía los argumentos a la interpretación de cada uno de nosotros para poder tomar una determinación más informada”, sostiene en el libro, que comenzó a circular esta semana.

Scherer concentra una parte sustancial de sus críticas en Ramírez Cuevas, a quien describe como “un personaje espantoso”. Sus cuestionamientos se extienden a funcionarios de áreas operativas y técnicas. Sobre Luisa María Alcalde, señala un posible conflicto de interés por el trabajo de su padre como abogado laborista. Acusa a Rocío Nahle de haber ordenado la remoción de manglar en Dos Bocas sin contar con permisos de impacto ambiental y asegura que Manuel Bartlett ejercía sobre ella una influencia determinante.

También tilda a María Elena Álvarez-Buylla de haber sido “un desastre desde el principio” y de estar “confrontada con la comunidad científica”. A Hugo López-Gatell lo critica por su manejo de la pandemia, al que califica de “funesto”, y considera que la decisión de protegerlo fue “pésima”. En cuanto a la Secretaría de Gobernación, cuestiona la eficacia tanto de Olga Sánchez Cordero como de Adán Augusto López Hernández, de quien duda que haya sido “un verdadero secretario de Gobernación” por su pasividad para resolver conflictos internos.

“Un personaje espantoso”

Scherer concentra parte de sus críticas en Ramírez Cuevas, a quien describe como “un personaje espantoso” y de quien afirma, de manera categórica, que “Jesús hizo mucho daño en el Gobierno”. En el libro que coescribe con Jorge Fernández Menéndez, relata además que López Obrador le propuso asumir la Jefatura de Comunicación Social, oferta que —según su versión— rechazó al señalar que solo aceptaría si se le otorgaba un ámbito de responsabilidad mucho más amplio que el de Comunicación.

“Le propuse que me designara coordinador de estrategia, pero no quiso. Me dijo: ‘No, tú debes ser director de Comunicación y Jesús te va a ayudar’. ‘No —le dije—, peor si es con Jesús. Prefiero no ser director de Comunicación ni muerto. Además, déjame decirte, Andrés, que yo no puedo ser censor, yo no puedo convertirme en Pancho Galindo Ochoa de un día para otro, yo no tengo ese carácter, no, yo respeto a mi papá, sus enseñanzas y su ejemplo, ¿cómo voy a ser yo el censor del Gobierno? No, no y no’.

“‘Ya —me dijo—, te quedas como abogado y voy a poner a Jesús’. Un error que creo que continúa hasta el día de hoy porque Jesús hizo mucho daño en el Gobierno”, relata Scherer Ibarra, hijo del fallecido periodista Julio Scherer García, fundador de la revista Proceso.

Jesús Ramírez Cuevas en una mañanera de Andrés Manuel López Obrador. Foto: Gobierno de México.

El exconsejero jurídico también sostiene en su libro que Ramírez Cuevas filtraba temas en las mañaneras por interés propio: "el Presidente contestaba en muchas ocasiones temas que eran del interés de Jesús Ramírez y que no necesariamente lo eran del Presidente de la República ni del gobierno".

“En esta operación truculenta, Ramírez estaba siempre presente. A veces incluso se le concedía la palabra para que hiciera algún planteamiento adicional a los que traía el presidente. Jesús Ramírez preparaba todos los materiales para la mañanera a su entera conveniencia”, escribe.

Ni venganza ni perdón, el libro más reciente de Julio Scherer Ibarra.

Las críticas a Alcalde y Nahle

Scherer Ibarra critica que haya designado a Luisa Alcalde como Secretaria del Trabajo, pese a que su padre, Arturo Alcalde Justiniani, es abogado laborista: “Designó a Luisa María Alcalde como la primera secretaria del Trabajo y le dio amplio margen de maniobra, a pesar de que existía el problema de que su padre es un abogado laborista muy importante, lo que podía generar conflictos de interés. Pero Andrés Manuel, con pleno conocimiento del trabajo del padre, le otorgó el nombramiento”.

De la misma manera, los cuestionamientos hacia la exsecretaria de Energía, Rocío Nahle —actual Gobernadora de Veracruz— son recurrentes y abarcan desde su desempeño técnico hasta su integridad administrativa.

Scherer afirma, por ejemplo, que Nahle, junto con Adán Augusto López, decidió meter maquinaria para "tirar todo el manglar" en el terreno de la Refinería de Dos Bocas sin contar con los permisos de impacto ambiental (MIA). Califica este hecho como un "problema grave" no solo administrativo, sino también de orden "penal". De hecho le atribuye por completo el "demérito del Gobierno en la construcción de la refinería", exculpando a Octavio Romero, el exdirector de Pemex.

Rocío Nahle fue Secretaria de Energía con López Obrador. Foto: Gobierno de México.

También sostiene que Nahle era objeto de manipulación por parte del director de la Comisión Federal de Electricidad, la CFE: Manuel "Bartlett manipulaba a Nahle; hacían equipo y para todo estaban juntos". Scherer es tajante al decir que la influencia de Bartlett sobre ella era "toda".

“Manuel Bartlett operaba a Rocío Nahle en muchas de las cosas que ella planteaba, porque realmente la Secretaría de Energía no contaba: daba algunos permisos, como los de las gasolineras, de las almacenadoras, de las transportadoras, etcétera. Pero el grueso de la Secretaría de Energía era, por un lado, Pemex, que no controlaba Rocío, y por otro, la CFE, que controlaba directamente Manuel. Se hizo una refinería para que Rocío pudiera tener ese empleo”, escribe

Scherer también cuestiona un convenio que Nahle firmó con el Auditor Superior, David Colmenares, señalando como "no congruente ni creíble" que una obra de miles de millones de dólares solo tuviera observaciones por unos cuantos cientos de millones de pesos.

“Un desastre desde el principio"

Julio Scherer Ibarra describe a María Elena Álvarez-Buylla, la exdirectora del Conacyt, con un perfil conflictivo que engañó al Presidente López Obrador. Sobre su gestión sostiene que "fue un desastre desde el principio" e incluso asegura que el Secretario Víctor Villalobos tenía la misma visión.

“Había ganado un premio nacional, y Andrés Manuel dijo que iba a nombrar en el Conacyt a una persona muy importante porque acababa de recibir un reconocimiento relevante. El primero a quien escuché después del nombramiento fue a Víctor Villalobos, quien iba a ser Secretario de Agricultura. Me pidió que le dijera al Presidente que nombrara a cualquier otra persona, pero no a Álvarez-Buylla porque era un desastre”, recuerda.

María Elena Álvarez-Buylla, exdirectora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), en conferencia desde Palacio Nacional. Foto: Gobierno de México.

Sobre su relación con la ciencia, la acusa de estar "confrontada con la comunidad científica" y de meter al Gobierno en problemas gratuitos: "Álvarez-Buylla fue tremenda desde el inicio, con errores de todo tipo, confrontada con la comunidad científica. Le entabló un juicio al consejo del Conacyt con el tema del maíz originario, del glifosato y una cantidad de cosas aterradoras. Imagínate: quiso meter a la cárcel a los investigadores, acompañada por Gertz Manero, porque a Gertz nunca le habían querido otorgar el grado de investigador nivel III —y con razón, porque no lo merecía—”.

“Álvarez-Buylla engañó al Presidente y nos metió en graves problemas”, afirma.

“No fue un verdadero Secretario”

Scherer sostiene que Adán Augusto López Hernández fue un Gobernador que permitió destruir manglares sin permisos para la refinería y mandó leyes para evitar licitaciones públicas: "Decía que todos aquellos proyectos que se construyeran con recursos federales no tenían que pasar por licitación pública en el estado de Tabasco. Esto es, Adán quería que todos los proyectos que vinieran del Gobierno federal se asignaran sin necesidad de una licitación pública. Incluyendo la refinería y el Tren Maya, todo lo que estuviera en Tabasco se podía asignar directamente, en lugar de licitar. Yo pedí autorización al presidente para abrir una controversia que eliminara esa ley, que de hecho ya había sido aprobada por el Congreso de Tabasco”.

“Ese era Adán Augusto. Creo que gobernó el estado a su antojo durante los tres años que estuvo en el cargo y luego vino a ser secretario de Gobernación. Adán tomó posesión de la Secretaría de Gobernación y el presidente, ya habiendo salido yo, le pidió que se hiciera cargo de la Consejería Jurídica”.

Sobre su labor en Gobernación: Scherer duda de su peso político: "No creo que fuera un verdadero secretario de Gobernación, porque no hubiera actuado así", refiriéndose a su pasividad para resolver conflictos, en particular las diferencias entre él y el Fiscal Alejandro Gertz Manero.

Julio Scherer Ibarra y Alejandro Gertz Manero en septiembre de 2019, al inicio del Gobierno. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro.

Julio Scherer Ibarra relata que el Presidente le pidió, a través de Adán Augusto López Hernández, sostener una reunión con el Fiscal General Alejandro Gertz Manero para intentar zanjar el conflicto que mantenían. La cita fue a las ocho de la mañana, al término del gabinete. Cuando llegó, se encontró ya reunidos al secretario de Gobernación y al fiscal. El saludo entre Scherer y Gertz estuvo marcado por la antipatía que, según él, prevalecía. Adán Augusto abrió la reunión señalando que el Presidente los había convocado para resolver el enfrentamiento, pues no era aceptable que dos personas cercanas al mandatario estuvieran en un “golpeteo constante”.

Para Scherer, esa introducción evidenciaba una debilidad de origen. Afirma que nunca imaginó a un Secretario de Gobernación apelando a la “buena fe” para resolver un encargo presidencial. Desde su perspectiva, la Secretaría de Gobernación es una instancia de poder político, no de exhortación moral: En su relato, Adán Augusto no asumió ese papel de autoridad, sino que se limitó a fungir como moderador pasivo.

Durante la reunión, sostiene Scherer, no hubo avances reales. Él y Gertz repitieron los mismos reproches que ya se habían formulado en otros momentos. No hubo propuestas nuevas ni mecanismos concretos de solución. A su juicio, la presencia de Adán Augusto no modificó la dinámica ni encauzó el diálogo hacia un acuerdo. Por el contrario, considera que su actuación confirmó que no ejercía el liderazgo político que el cargo exigía.

El encuentro terminó con mayores tensiones. Gertz pidió entonces tener una “reunión de Estado” a solas con el secretario de Gobernación. Scherer se retiró para permitir ese intercambio. Más tarde, Adán Augusto lo llamó para decirle que así no se podía resolver el problema, a lo que Scherer respondió que coincidía. Sin embargo, concluye que el secretario no hizo nada efectivo para solucionar el conflicto, pese a contar Según él— con la instrucción presidencial y con las herramientas políticas para hacerlo. “No quiso”, sentencia.

Julio Scherer Ibarra dejó de ser Consejero de Presidencia el pasado 2 de septiembre. Foto: Cuartoscuro

"Un comunicador errático”

Scherer también critica severamente a Hugo López-Gatell por su manejo de la pandemia y su soberbia. Lo incluye en la lógica de "10 por ciento de eficiencia y 90 por ciento de lealtad", afirmando que su protección por parte del gobierno fue una "pésima" decisión.

“López-Gatell, perdón que lo diga así, era una persona con una condición política y médica —es epidemiólogo— que lo llevaba a autodeterminarse; y, segunda, un comunicador errático frente a un problema de tal magnitud. López-Gatell ya había manejado la anterior pandemia con Calderón. Calderón lo corrió y nosotros lo protegimos porque lo había corrido Calderón; entonces pensamos que era bueno”. escribe. “La decisión que tomamos fue pésima. Y López-Gatell, como comunicador y operador, resultó funesto”.

Scherer sostiene que el funcionario provocó una "terrible ineficiencia" en el sistema de salud al adueñarse de la Cofepris, lo que resultó en retrasos espantosos para la autorización de medicamentos y la validación de registros sanitarios esenciales. Asimismo, se le señala por haber desplazado a los verdaderos especialistas de la Secretaría de Salud para colocar en puestos clave a personas que carecían de los conocimientos técnicos necesarios para operar adecuadamente las instituciones en un momento crítico.

“Bartlett perjudicó muchísimo al Presidente”

Manuel Bartlett es duramente criticado en el texto por su falta de capacidad técnica y su visión ideológica obsoleta al frente de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Scherer señala que el presidente eligió para este puesto estratégico a una persona que "desconocía el sector, que no sabía lo que implicaba una empresa de ese tamaño", lo que resultó en un estancamiento del país en términos de generación y transmisión de energía.

Esta inexperiencia, calificada directamente como una "necedad del licenciado Bartlett", llevó a la pérdida de un arbitraje internacional de 300 millones de dólares en Chicoasén debido a su negativa a permitir la participación de empresas particulares, a quienes acusaba de ser instrumentos de los norteamericanos para "tomar México".

Manuel Bartlett y López Obrador. Foto: Cuartoscuro

Scherer sostiene que Bartlett fue una influencia negativa que "perjudicó muchísimo al Presidente" al convencerlo de que la crisis de electricidad era solo un pretexto de la iniciativa privada para obtener beneficios.La animadversión entre Scherer y el titular de la CFE era tan profunda —debido a que Bartlett presuntamente amenazó de muerte al padre del autor en el pasado— que el propio López Obrador ordenó a Scherer no intervenir en los temas energéticos diciéndole: "Tú tienes tan mala relación con Bartlett que mejor no te metas".

Finalmente, el libro atribuye a Bartlett la responsabilidad por el grave faltante de energía eléctrica que heredó la siguiente administración, fruto de decisiones basadas en la ideología y no en la técnica. Además de los fallos operativos, se menciona el escándalo de corrupción que involucró a su hijo por la venta de ventiladores a sobreprecio durante la pandemia, un caso que provocó tensiones en el gabinete y la salida de la secretaria de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval, tras intentar investigarlo.

El exconsejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra. Foto: Mario Jasso, Cuartoscuro

“La Secretaria de Ayotzinapa"

Scherer cuestiona a Olga Sánchez Cordero por la pérdida de relevancia de la Secretaría de Gobernación bajo su mando, debido a que el presidente limitó sus funciones a temas muy específicos. Scherer relata que López Obrador le dijo directamente: "Señora, yo quiero que la Secretaría de Gobernación solo vea el caso Ayotzinapa. Usted es la secretaria de Ayotzinapa", ignorando las facultades legales que correspondían a la dependencia. Además, señala que ella formaba parte del grupo de funcionarios que "enmudecían frente al Presidente" y no tenían la capacidad o valentía de tratar temas duros con él, lo que provocó que muchos canales institucionales del Gobierno se cerraran.

Otro punto de fricción importante fue la relación con el Poder Judicial y la elección del presidente de la Suprema Corte. Scherer describe que siempre hubo "aspereza y fricción" entre ambos por la forma en que se trataban los asuntos con los ministros. Mientras Scherer impulsaba a Arturo Zaldívar por un supuesto compromiso previo del Presidente López Obradpor, Sánchez Cordero intentaba imponer a Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, asegurando al presidente que había un consenso mayoritario a su favor.

Julio Scherer Ibarra junto al expresidente López Obrador y Olga Sánchez Cordero, exsecretaria de Gobernación. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro

 

Según el autor, ella "se enojó porque el Presidente estaba cediendo a favor de Zaldívar" y, a pesar de que se le pidió trabajar en equipo, nunca dio su brazo a torcer ni apoyó genuinamente al candidato elegido por López Obrador.

Finalmente, Scherer acusa a Sánchez Cordero de haber operado activamente en su contra mediante intrigas y ataques mediáticos. Afirma que, estando él todavía en el Gobierno, ella le entregó al presidente una lista de supuestos casos y despachos vinculados a Scherer para sugerir que obtenía "cuantiosas sumas de dinero" de manera particular, acusación que el mandatario descalificó en su momento como "chismes". No obstante, tras su renuncia, Scherer la identifica como uno de los personajes radicales que "alimentaron los embates mediáticos" en su contra, utilizando carpetas de investigación e insinuaciones dolosas para intentar destruir su nombre y el de su familia

Obed Rosas

Obed Rosas

Obed Rosas es editor de la Unidad de Investigación y encargado de la sección de Libros de SinEmbargo, en donde también se ha desempeñado como Jefe de Mesa y Editor de Redes. Es conductor de Close UP y Co-conductor, junto a Álvaro Delgado, de Siete Días, programas de SinEmbargo Al Aire. Ha trabajado en otros medios como Expansión, Newsweek en Español y Revista Zócalo. Es licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón de la UNAM y estudió, además, Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma casa de estudios.

Lo dice el reportero