Los Tarzán de carne y hueso: del comic de Burroughs al milagro de la sobrevivencia

07/01/2013 - 12:00 am

Ciudad de México, 7 de dic (SinEmbargo).– El 7 de enero de 1929 surgió en el Reino Unido el primer comic de Tarzan, aunque el personaje fue creado por Edgar Rice Burroughs desde 1912. Durante estos años, aquel personaje ficticio ha dado mucho material para diversas películas, caricaturas y más. Sin embargo, en la vida real han existido casos similares al de aquel personaje, que es visto como la encarnación moderna del hombre criado por animales. Se trata de mujeres y hombres que han sobrevivido milagrosamente a la fuerza de la naturaleza y han encontrado familia con los animales salvajes. 

1. Shoichi Yokoi
Hace más de cuatro décadas, el soldado japonés Shoichi Yokoi fue encontrado en una selva de Guam, una isla del Pacífico que pertenece a Estados Unidos, después de sobrevivir durante 28 años tras el término de la Segunda Guerra Mundial.
Tras la noticia, Japón lo recibió con los brazos abiertos, pero él nunca volvió a sentirse cómodo en la sociedad moderna. Incluso cuando fue descubierto por cazadores del lugar en la isla del Pacífico, el 24 de enero de 1972, el ex soldado, de 57 años, aún estaba convencido de que su vida corría peligro.

Tras un enfrentamiento con soldados de Estados Unidos, algunos miembros del pelotón de Yokoi quedaron esparcidos por la isla y decidieron esconderse para no ser asesinados. Durante varios años estuvieron huyendo y escondiéndose, hasta que llegaron a la selva profunda de donde no volvieron a salir. Ahí comieron diversos animales, se las ingeniaron para sobrevivir, pero no todos tuvieron suerte, el único que quedó luego de 28 años fue Shoichi.
El libro La vida y la guerra de Yokoi en Guam, 1944-1972 fue publicado en inglés en 2009 por su sobrino Omi Hatashin.

Falleció el 22 de noviembre de 1997.

2. Marcos Rodríguez Pantoja

Luego de la Guerra Civil española, con tan sólo siete años, Marcos fue abandonado en la Sierra Morena en Córdoba. Durante 12 años el pequeño se rodeó de lobos, águilas, serpientes, y aprendió a convivir con ellos.

Marcos nació en 1946, es el menor de tres hermanos. Su madre murió y su padre vivió con otra mujer la cual maltrató al pequeño niño, hasta que lo abandonaron.

Fue hasta 1965 cuando un grupo de cazadores lo encontró. Durante esos 12 aprendió a cazar, a comer y a comportarse como lobo.

Hoy es un hombre de 64 años, pero se sigue comportando como un niño... y también como un lobo.

De acuerdo con medios locales, Marcos afirma que un día empezó a jugar con unos lobos cachorros. "La madre me encontró y me apartó con la pata. Yo me acurruqué contra la roca. No sabía qué iba a pasar, pero entonces la loba me tiró un trozo de carne para que yo lo cogiera y me lo comiera. A partir de ese momento, la loba empezó a lamerme. Yo me iba detrás de ellos como si fuera uno más", dice el también llamado "Hombre lobo".

Recuerda cómo se hizo el líder de los lobos. "Yo mataba para comer. Me montaba encima de los ciervos y les partía el gañote. Los lobos sabían que yo repartiría la comida con ellos. Y si les daba de comer significaba que era su amigo. Los lobos venían conmigo, me tenían respeto. Cuando yo pegaba un grito, ¡buf!", cuenta. "Además, ellos me temían porque yo hacía fuego. Pero –añade– nos llevábamos bien. Cuando yo estaba en peligro, les llamaba y ellos venían por mí".

A pesar del frío, el hambre y la soledad, fue completamente feliz en el monte. "Claro que era feliz. Dormía cuando quería, comía cuando quería", recuerda. Llevaba el pelo largo y, una vez que la única ropa que tenía (pantalones, chaquetilla y unas alpargatas) se le destrozó, empezó a vestirse con pieles de ciervo.

Hace unos años, su vida fue llevada a la pantalla grande con una película llamada “Entre lobos”.

3. Rochom Pngieng

Desde lejos, por sus movimientos y hasta por su aspecto, pensaron que era un animal. Por eso corrieron, a espantarlo y a alejarlo de su comida. En 2007, la sorpresa estalló cuando la distancia se achicó lo suficiente como para enfrentarlos a la realidad: no era ninguna bestia salvaje. El bulto movedizo que, por la noche, veían arrimarse sigilosamente a la olla que contenía su cena era una persona, una joven que –según se enteraron días después–, tenía 28 años y se había perdido en la selva 19 años atrás.

Según reportes, ella se perdió en la selva cuando tenía tan sólo ocho años. Se llama Rochom Pngieng y hoy tiene 32 años.

En Oyadoa, ubicada a unos 325 kilómetros de la capital de Camboya. Un grupo de leñadores estaba trabajando selva adentro cuando se encontró por azar con esta joven que, desde hacía casi dos décadas, vivía en la espesa jungla tropical en estado absolutamente salvaje: según confirmaron quienes la asistieron, además de no hablar y emitir sonidos cual animal, no sabe cómo usar utensilios habituales para el hombre y siente un gran temor ante la presencia de otros humanos.

Cuando la encontraron, estaba desnuda, desnutrida y con el cuerpo en un estado muy similar a cuando se perdió. Una vez rescatada, fue trasladada al pueblo, donde fue identificada como Rochom Pngieng por sus padres Sao Loo y Rocham Yit, que la reconocieron por una cicatriz que tiene en la espalda desde muy pequeña, cuando se lastimó jugando con un cuchillo.

El diario local The Cambodia Daily informó que no bien llegó al pueblo algunos policías querían meterla en una jaula y cobrar por verla, y que su padre la defendió. Según contó la familia, Rochom se había perdido a los ocho años mientras cuidaba un viejo búfalo junto a su primo Boeung, de seis años, quien también desapareció.

"Cuando la vi andaba desnuda y en una posición inclinada similar a la de un mono", declaró Sal Lou, su supuesto padre. "Se estaba sacudiendo y recogía del suelo granos de arroz para comer. Sus ojos eran rojos como los de un tigre... Es imposible comunicarse con ella", contó. Cuando tiene hambre, agregó, se limita a tocarse el estómago y, cuando no duerme, sólo se sienta y mueve su cabeza de derecha e izquierda incesantemente, como en estado de alerta.

4. Alex, “el niño perro”

Durante 11 años este menor vivió entre una jauría de perros en Chile. Según relataron las autoridades locales se trata de Alex, un niño que era amamantado por una perra. En 2001 el menor fue encontrado cuando vagabundeaba junto a los animales por las calles del puerto de Talcahuano (a 531 kilómetros al sur de Santiago) en busca de alimentos o un techo provisorio, y tenía una relación de hermano con los mastines.

De acuerdo con investigaciones, la madre del niño lo dejó en casa de una conocida cuando tenía apenas cinco meses de edad.

En 1997, su madre lo buscó, pero los problemas con su padrastro y su conducta violenta hicieron que lo internaran en un hogar de menores.

Los documentos muestran que el niño se había escapado al menos siete veces de centros de atención infantil.

El dramático caso fue denunciado a la policía de la ciudad, que siguió sus pasos y lo encontró en el interior de una caverna en los momentos en que era alimentado por la perra y el resto de los animales, con los que compartía el calor corporal. El pequeño, quien presenta severos problemas físicos y mentales, se asustó al ver a los uniformados y corrió hasta la zona costera donde se arrojó a las gélidas aguas del Océano Pacífico.

Los doctores le diagnosticaron un retraso mental que sólo le permite balbucear algunas palabras. Además, conducta antisocial dada por su convivencia con los perros, el menor presentó un estado de desnutrición, ya que su principal alimento era la leche de perra y presentó deformaciones dentales producto de ese mismo hábito.

5. John Ssabunnya

Este adolescente fue encontrado en la selva africana, tras pasar diez años con un grupo de monos que le acogió como un miembro más de su familia. De acuerdo con la BBC, cuando John Ssabunnya tanía tres años huyó a la selva luego de que su padre matara a una mujer, al parecer la mamá del pequeño. Esto fue a finales de los setentas.

John tuvo que adaptarse la selva y a sobrevivir entre monos, comportase como ellos y ser uno más.

En 1999 fue encontrado. John tenía 14 años. Mujeres del poblado vieron que un grupo de monos rodeaba y protegía a uno, pero en realidad se trataba del joven Ssabunnya.

Los médicos informaron que el muchacho se encontraba en malas condiciones de salud. Padecía desnutrición, tenía parásitos y varias heridas en el cuerpo.

Luego de su recuperación John tuvo que ser llevado a un internado. Su incorporación al mundo humano fue difícil, así lo narra un documental de la BBC.

–Con información de agencias. Fotos: Twitter–

Redacción/SinEmbargo

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