Madrid, 9 jul (EFE).- El belga Jacques Rogge, que mañana abandonará su cargo de presidente del COI después de ocuparlo durante doce años, deja tras de sí una imagen de obstinado luchador contra el dopaje y la corrupción en el deporte, labor que, ha insistido, debe continuar su sucesor.
La creación de los Juegos de la Juventud, el impulso del papel de la mujer en el COI y la ampliación del mapa de los Juegos a Sudamérica, al conceder la edición de 2016 a Río de Janeiro, forman parte de su legado. Pero sus planes iniciales de renovar el programa olímpico y de reducir el coste y el tamaño de los Juegos han tenido un éxito relativo.
Rogge, que llegó a la presidencia en 2001 tras derrotar con claridad a otros cuatro candidatos, se encontró de entrada con la compleja preparación de los Juegos de Salt Lake City, los primeros tras los atentados del 11-S, finalmente solventados sin incidentes.
El nuevo presidente dio una muestra rápida de sus intenciones al anunciar que en esa edición se harían más controles antidopaje que en todos los anteriores Juegos de Invierno juntos. Abrió, además, una política de controles dirigidos, dedicados a la 'caza y captura' de los sospechosos, que se llevó por delante, entre otros, al español Johann Muhelegg.
A finales de 2002 convocó una Sesión Extraordinaria para revisar el programa olímpico. Un informe encargado al italiano Franco Carraro recomendaba la exclusión de los Juegos del pentatlón moderno, el béisbol y el sóftbol, pero las federaciones pusieron el grito en el cielo y frenaron el afán reformista de Rogge, que aplazó los cambios hasta después de los Juegos de Atenas.
En cambio, la asamblea ratificó por amplia mayoría la supresión de los viajes de sus miembros a las ciudades candidatas a organizar los Juegos, origen de los casos de corrupción de los noventa.
En los años siguientes Atenas dio al COI y a su presidente continuos quebraderos de cabeza por los retrasos en los trabajos de organización. Temiendo que esos problemas se reprodujesen en futuras ediciones, el organismo aprobó 119 medidas para reducir la complejidad de los Juegos. Pero lo cierto es que su montaje sigue siendo costoso y que solo grandes ciudades y países de economía afianzada tienen posibilidades de ser sede.
Rogge respiró tranquilo cuando los Juegos de Atenas se inauguraron con los estadios acabados, y más aún cuando se clausuraron 17 días después con éxito organizativo. Pero no dejó de subrayar que los griegos habían incurrido en gastos caprichosos -la célebre cubierta de Santiago Calatrava para el Estadio Olímpico- y que la factura se había disparado hasta los 9.000 millones de euros, el doble de lo previsto, mil de ellos solo en seguridad.
Durante esos Juegos el COI expulsó de sus filas al indonesio Bob Hasan y al búlgaro Ivan Slavkov por corruptos y suspendió por el mismo motivo al surcoreano Un Yong Kim.
Rogge empezó asimismo a alertar sobre el peligro de las apuestas ilegales y sobre la corrupción entre jueces y árbitros.
Tampoco cedió Rogge en Atenas en su lucha contra los tramposos y acosó en su propia casa a los atletas griegos Kostas Kenteris y Ekaterini Thanou, hasta que los sacó de los Juegos.
Enfrentada otra vez al problema de la renovación del programa deportivo, la Sesión de 2005 volvió a demostrar que el asunto no estaba maduro. Tras innumerables votaciones, quedaron eliminados a partir de los Juegos de 2012 el béisbol y el sóftbol, pero ningún otro deporte logró los votos necesarios para sustituirlos. El programa se redujo a 26 deportes.
Fue en la Sesión de 2007 celebrada en Guatemala cuando Jacques Rogge pidió a la asamblea la aprobación de su iniciativa más revolucionaria: la creación a partir de 2010 de los Juegos de la Juventud, en sus versiones de verano y de invierno, destinados a chicos y chicas de entre 14 y 18 años. Las encuestas y las audiencias revelaban un decreciente interés de los jóvenes por el deporte, y los datos de la OMS hablaban de una preocupante obesidad infantil. Rogge se confesó alarmado.
Su idea contó con la bendición del anterior presidente, Juan Antonio Samaranch. "Es el paso mas importante dado por el COI en los últimos años", declaró.
La organización de los Juegos de Pekín transcurrió por delante de los plazos previstos, pero las turbulencias llegaron a última hora, con el relevo de la Antorcha Olímpica, aprovechado por manifestantes pro derechos humanos para protestar contra el régimen chino. El encendido de la Llama en Olimpia fue interrumpido y el fuego se apagó a su paso por París, entre otros incidentes.
Como consecuencia, el COI tomó la decisión de suprimir el relevo internacional de la Antorcha.
Los Juegos de Pekín supusieron tal éxito organizativo que Rogge vio aconsejable viajar a Londres inmediatamente después para transmitir un mensaje de tranquilidad: nadie quería que los Juegos de 2012 fueron mejores que los de 2008, sino que tuvieran su propia personalidad.
Rogge anunció poco después que optaría en 2009 a la reelección y, en su progresivo endurecimiento de la normativa antidopaje, implantó la que se conoció como 'ley Osaka': cualquier atleta castigado por dopaje con una sanción superior a seis meses no podría disputar los siguientes Juegos Olímpicos.
Para disgusto de Rogge, el Tribunal Internacional de Arbitraje (TAS) consideró dos años después que eso suponía un doble castigo y no autorizó su aplicación. El COI no se conformó y confía en encontrar una fórmula válida a final de este año, en la Conferencia Mundial Antidopaje de Johannesburgo.
Otra novedad de esta etapa es la posibilidad de guardar las muestras tomadas en los análisis antidopaje, congelarlas durante un máximo de ocho años y analizarlas con métodos más avanzados en busca de sustancias prohibidas. Gracias a ello, varios infractores de Atenas 2004 fueron sancionados en 2012.
La Sesión de 2009 en Copenhague ratificó la reelección de Rogge por una mayoría aplastante de 88-1. No hubo más candidatos.
Días antes el COI había dado un paso histórico al conceder los Juegos de 2016 a Río de Janeiro, primera ciudad sudamericana en obtener la sede.
Además, aprobó por fin la admisión del golf y del rugby a siete. En los otros deportes, los cambios fueron encaminados a igualar el número de pruebas femeninas con el de masculinas. Rogge ha impulsado también la entrada de más mujeres en la asamblea olímpica y les ha concedido grandes responsabilidades en el seno del organismo, como la coordinación de los Juegos de Río a la marroquí Nawal El Moutawakel.
Los Juegos de Londres 2012 fueron los primeros en los que absolutamente todos los equipos incluyeron a mujeres.
El COI ha sabido mantener sus cuentas saneadas pese a los años de recesión coincidentes con el último mandato de Rogge. En 2002 puso al frente de la Comisión Financiera al banquero puertorriqueño Richard Carrión, candidato ahora a la presidencia, que ha negociado desde entonces para el organismo más de 8.000 millones de dólares en contratos de televisión.
Rogge siempre ha expresado su interés en que, si por cualquier circunstancia no pudiera disputarse una edición de los Juegos Olímpicos, el COI tuviera reservas económicas para seguir adelante, y lo ha conseguido.
Las injerencias políticas en el deporte y, sobre todo, en el funcionamiento de los comités olímpicos nacionales, han sido otra gran preocupación de Rogge, al que no le tembló la mano a la hora de suspender o amenazar con dejar fuera de los Juegos a varios países. Panamá, Ecuador, la India o Iraq requirieron especial atención.
Durante el mandato de Rogge el COI ha concedido la organización de los Juegos Olímpicos de Invierno a Vancouver (2010), Sochi (2014) y PyeongChang (2018) y de Verano a Londres (2012), Río de Janeiro (2016) y Tokio (2020). EFE




