
Por Astrid Riehn, dpa
Ciudad de México, 11 septiembre (SinEmbargo).- Hace apenas dos años, el actor británico Ralph Fiennes presentó su debut en la dirección con Coriolanus, una adaptación del clásico de William Shakespeare.
Y mientras lo hacía, ya tenía en mente su próximo proyecto como cineasta, The Invisible Woman, un drama basado en el amorío secreto que tuvo uno de los escritores ingleses más famosos de todos los tiempos, Charles Dickens, con una joven actriz de apenas 18 años, cuando él contaba 45, estaba en su cumbre literaria y era casado.
Fiennes, cuyo arco dramático le ha permitido interpretar papeles que van desde el malvado jefe de campo de concentración Amon Goeth de La lista de Schindler, hasta el jefe del MI6 en Skyfall, la reciente película del agente 007, también protagoniza, como ya lo hiciera en Coriolanus, su segunda película como director, esta vez como el mismísimo Dickens.

Una personalidad a la que, en entrevista con dpa, definió como “un hombre con una enorme energía y amor por la vida, controlador, vigoroso, emotivo, amante, y también capaz de crueldad emocional. Un personaje con muchas aristas”.
El papel de Ellen Ternan (quien tras la muerte de Dickens cambiaría su nombre por el de Nelly para borrar las huellas de un pasado deshonroso para la sociedad victoriana, el de amante), recae en la joven actriz británica Felicity Jones, mientras que Kristin Scott Thomas, con quien Fiennes protagonizó El paciente inglés, hace de la madre de ésta.
“Más que Dickens, lo que realmente me atrajo fue la figura de Nelly, la historia de esta mujer que guarda dentro suyo un pasado y cómo lo maneja. Creo que eso es algo universal a todos nosotros: todos encerramos dentro nuestro estas intimidades y amores del pasado”, dijo Fiennes sobre el filme, que acaba de estrenarse en el Festival de Cine de Toronto.
“Y de forma más secundaria, el personaje extraordinario de Dickens”, agregó.
EL HOMBRE DE TEATRO
En la película, basada en la novela del mismo nombre de la escritora Claire Tomalin y que fue adaptada por Abi Morgan, guionista de La dama de hierro, Fiennes muestra al autor de Oliver Twist en una de sus facetas menos conocidas, la de hombre de teatro.
"El teatro fue gran parte de su vida. Me parece genial que la gente vea este otro lado de él. De hecho, Dickens quiso ser actor, pero se perdió una audición. Aparentemente era muy buen actor. Encontré algunas críticas suyas de la obra en la que lo hago actuar en la película, y al parecer era increíblemente natural, no exageraba las emociones", dijo Fiennes.
Sin embargo, el artista británico confesó que hasta entonces no había leído casi nada de Dickens, apenas un libro, La pequeña Dorrit, que si bien le había gustado, no lo había cautivado lo suficiente como para seguir leyéndolo.
"Creo que había emitido un juicio sobre Dickens en base a varias ideas preconcebidas acerca de él por “Cuento de Navidad”, todas las películas viejas y las interminables adaptaciones de televisión en Inglaterra. Eso me quitaba un poco las ganas", contó.
"Creo que de alguna forma había decidido que se trataba de una figura cómoda, lo cual no es, es lo opuesto, más bien peligroso, un trabajador obsesivo, probablemente un padre difícil, y un hombre muy generoso, pero con una energía feroz. Una fuerza. Una gran fuerza. En mi ignorancia, yo creía que era ligeramente gentil. No sabía lo oscuramente complicado que era como persona".
Fiennes compone a un Dickens carismático, divertido, galante y con un gran compromiso social, que atrae la atención de todos los que lo rodean con su simpatía, pero que no duda en dar la espalda a su esposa y madre de sus 10 hijos -e incluso separar la recámara que comparten con una pared- cuando decide llevar una vida paralela junto a Ellen.
Un hombre adorado por sus lectores, en el momento más alto de su fama, que al igual que cualquier celebridad de hoy en día -como el mismo Fiennes- era rodeado de inmediato por grandes grupos de seguidores cuando se encontraba en un lugar público. Y es en ese aspecto, quizá, en el que Fiennes pueda identificarse con Dickens.
"La fama es una espada de doble filo", reconoció. "Ser conocido puede servir para que tu trabajo sea visto, pero al mismo tiempo te conviertes en el objetivo de opiniones, intereses y proyecciones de la gente, basadas en los papeles que interpretas", afirmó.
"Los actores son actores, a todos les gusta que los miren. Pero también hay un engranaje que funciona al revés: les gusta retirarse. Por eso ser conocido no es siempre cómodo", concluyó.



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