México, 27 Abr. (Notimex).- El artista Arturo Rivera es un apasionado del arte, que a sus 69 años no puede parar de crear, ha encontrado en el sufrimiento retroalimentación y lo ha plasmado en sus obras, en las que aparece una realidad en la que seres misteriosos y siniestros cobran vida para mostrar dolor, feminidad, inocencia y lo onírico, entre otros temas.
Con sutileza y sin recurrir a elementos grotescos como el exceso de sangre o deformidades, Rivera logra tocar la mente del espectador, muestra “metáforas formales que te hacen llegar a algo interno que tu sientes o con lo que te idénticas”, expresó en entrevista con Notimex.
Si las obras de Rivera logran transportar al espectador a esos mundos desolados, lúgubres y misteriosos es porque tienen un pedazo de alma que les impregna:
“De eso se trata, para mí si un cuadro no conmueve, no tiene sentido; hay muchos pintores que venden muchísimo y decoran muy bien, ya que se creen genios y demás, es otro pedo”, aseguró.
Y es que para el artista figurativo la principal función de un cuadro es hacer vibrar al espectador, “no es para decorar, pero además lo puede hacer porque tiene que tener belleza, lo que no significa que la modelo sea bonita, sino que el cuadro sea bello”.
Su amor por la pintura y su deseo de superarse es lo que ha llevado al artista, que ha presentado su obra en Estados Unidos, Italia, Alemania, Polonia y Japón, entre otros países, a seguir creando y a mantenerse lejos de una zona de confort, “imagínate estarme copiando a mí mismo, me aburriría, que horror”.
Exponente de la belleza de lo terrible, que ha abordado a lo largo de su trayectoria de más de 40 años, Rivera aseguró -con orgullo y una sonrisa en el rostro- que vive del arte y que su obra es adquirida en su mayoría por coleccionistas, quienes buscan propuestas alejadas de lo convencional y lo decorativo, por lo que llegan a pagan miles de dólares por un original.
“Porque una familia común y corriente no tiene en la sala o en el comedor de su casa la imagen de un conejo abierto”, apuntó en tono irónico al tiempo que refirió a su serie “El asesinato del conejo de Duradero” (2007).
Para el creador, quien estudió en la Academia de San Carlos y Serigrafía y Fotoserigrafía en The City Lil Art School de Londres, Inglaterra, el arte tiene dos caras; una creativa y otra comercial.
“Una es la del arte en tu estudio que estás haciendo para que algún espectador positivo lo vea, pero la otra es cuando sales de tu estudio, desaparece ese acto mágico y se convierte en un producto vendible, y ya depende quién lo compra”, compartió.
Luego de haber trabajado arduamente y haber llevado su obra a importantes galerías de diversos países, Rivera recordó que fue en los años 90 cuando cosechó el prestigio del que goza, no obstante, por decisión, actualmente no cuenta con presencia internacional.
“Para vender mi obra a nivel internacional tendría que hacer una labor que honestamente ya me da hueva; llevar tu obra a un museo para promocionarla y después llevarla a una galería, bajar los precios, no sé… son tácticas y yo realmente ya no quiero eso, para qué; no sé si sea la edad que ya ese tipo de cosas me dan más flojera”, confesó el artista.
La apatía por la promoción no ha tocado su creatividad, al contrario, pues si bien ha pasado por lo que denominó crisis de lenguaje, éstas lo han ayudado a superarse y actualmente vive un buen momento creativo.
“Para mí, pintar es como una necesidad, es como una olla de presión, me lleno. Hay veces que digo: me voy a tomar unas vacaciones, pero no puedo; he dejado de pintar, por mucho, dos semanas y me ha ido muy mal”.
El momento de creación para Rivera es cuando se enfrenta al lienzo en blanco, mientras que “las ideas vienen cuando estás en el azote, creo que toda esta angustia y todo esto que vas pasando cuando no pintas te retroalimenta, parece mentira, pero el sufrimiento alimenta”.
El tiempo en el que da vida a esos seres siniestros e incluso escalofriantes, en los que la realidad y lo tenebroso se conjugan, mencionó, varía de acuerdo a la obra y el tamaño.
“Algunos cuadros salen muy rápido y hay otros en los que en el camino vas encontrando cosas, son bifocaciones y pues decides por cuál irte, y pues hay veces que te fuiste por la mala y te tienes que regresar, son proyectos que duran mucho, en los que cambias y cambias; es ahí donde radica la inteligencia del pintor, cómo resolverlo”, señaló.
Orgulloso de no haber caído en convencionalismos y de desarrollar plenamente su pasión: el arte, Rivera está satisfecho por haber superado las carencias económicas que vivió en Nueva York, Estados Unidos, y por haberse ganado un lugar en el mercado del arte, pero, “lo que más me gusta es no tener que depender del gobierno, porque a todos los tienes becaditos, yo vengo de lo que yo hago”.
No obstante, en el plano personal, Rivero no ha tenido el mismo éxito, “me he casado muchas veces, he tenido muchas mujeres y vivo solo: soy un imbécil sentimental”, concluyó.




