La belleza es poder: 50 años sin la esteticista Helena Rubinstein

03/04/2015 - 12:04 am

Fue retratada por los mejores artistas del siglo XX. Foto: The Jewish Museum
Fue retratada por los mejores artistas del siglo XX. Foto: The Jewish Museum

Ciudad de México, 3 de abril (SinEmbargo).- Había nacido en Cracovia en 1870 y murió en Nueva York, portando la nacionalidad estadounidense, en 1965. Este año, cuando se cumplen 50 años de la muerte de la esteticista Helena Rubinstein, un repaso por su biografía equivale a tomar contacto con el pensamiento de una mujer que consideraba que la belleza era una de las formas del poder para las interesadas en ascender socialmente.

Su influencia fue tan decisiva en el mundo de la cosmética, donde llegó a fundar prácticamente de la nada un gran imperio que aún persiste, que el título elegido por la periodista y escritora Michele Fitoussi para la biografía que elaboró sobre la celebridad polaca fue La femme qui inventa la beauté (La mujer que inventó la belleza).

Rubinstein, que tras emigrar de su Polonia natal se estableció en Melbourne (Australia), donde abrió su primer salón de belleza en 1902, alcanzó un gran éxito inicial gracias, sobre todo, a una crema de protección solar elaborada según una receta de un fabricante húngaro amigo de la familia y que había llevado en 12 potes ordenados en la maleta, durante su viaje.

Su primera crema, llamada Valaze, causó furor entre las mujeres australianas de la época y le proporcionó una pequeña fortuna casi sin proponérselo a edad temprana. De ahí al imperio bastaron su ambición y su firme voluntad para investigar entre los mejores dermatólogos de la época, con el propósito de crear un producto adecuado para cada piel.

Una exposición que tuvo lugar hasta el 22 de marzo pasado en el Jewish Museum de Nueva York, con el título Beauty is power, albergó más de 200 obras y objetos para rendir homenaje a una de las más destacadas pioneras de la industria cosmética, cuya vida profesional estuvo signada por la guerra sin tregua con su colega y contemporánea la canadiense Elizabeth Arden.

Helena Rubinstein, que no era una mujer bella según el canon tradicional, tenía una fe irredenta en la eficacia de la cosmética para lograr milagros en todas aquellas que se lo propusieran y se dedicaran con disciplina a conseguir dicho cometido.

Construyó una marca eterna y su vida fue de leyenda. Murió a los 94 años. Foto: The Jewish Museum
Construyó una marca eterna y su vida fue de leyenda. Murió a los 94 años. Foto: The Jewish Museum

Había que querer ser bella y trabajar para obtenerlo fue la columna vertebral de su pensamiento, considerado de avanzada en su época, hoy una estrategia infalible en el ultramillonario negocio del maquillaje y la cosmetología.

La belleza de Rubistein era democrática, buscaba ser accesible. Como mujer que dedicó su fortuna a construir una envidiable colección de arte – con obras de Frida Kahlo, Max Ernst, Leonor Fini, Joan Miró, Henri Matisse, Marie Laurencin y Fernand Léger-, fue también musa inspiradora de genios que eternizaron sus facciones, por caso Andy Warhol y Pablo Picasso.

Era también, una maestra en el arte de la autopromoción y a lo largo de su vida, el lujo, el glamour, el refinamiento y la sofisticación fueron el modelo del éxito y el buen gusto reflejados en múltiples reportajes publicados en las mejores revistas de moda y decoración.

Cepillarse el cabello 100 veces antes de dormir, lavarse la cara con agua fría y usar una buena crema hidratante antes de meterse en la cama: sus hábitos infalibles.

Tenía un cutis de porcelana que la hizo famosa, medía apenas 1 metro 47 centímetros, fue vendedora, sirvienta, ama de llaves y camarera, pero lo que la hizo triunfar, además de su empeño, fue el instinto comercial innato, un sentido mercadológico con la que consiguió que las mujeres australianas le sacaran los potes de las manos.

Vestía de bata médica cuando vendía sus cremas, las que –decía- provenían de Viena y odiaba el bronceado tanto como la pereza en las mujeres que no querían hacer el esfuerzo por verse mejor.

Creía que toda mujer podía ser bella con disciplina y voluntad. Foto: The Jewish Museum
Creía que toda mujer podía ser bella con disciplina y voluntad. Foto: The Jewish Museum

Precursora del protector solar, de la técnica que hoy se conoce como peeling y del rímel a prueba de agua, es mucho lo que el negocio de la belleza femenina le debe a Helena Rubinstein.

Murió el 1 de abril, legando 15 fábricas a su familia y a la fundación benéfica que lleva su nombre. Fue enterrada con un vestido de Yves Saint Laurent bordado con pedrería y su velatorio en Nueva York duró tres días.

En 1966, su compañía fue adquirida por Colgate-Palmolive para pasar, en 1980, a manos de L’Oréal.

NUEVAMENTE MÁS JOVEN

"Cuando una mujer tiene más de 35 años es emocionante parecer nuevamente más joven", escribió en una publicidad de 1951 del New York Times.

“Uno recibe elogios y todos los amigos preguntan cómo lo ha logrado. Uno nota de un modo maravilloso que tiene un aspecto más simpático y bello. El marido la mira con nuevo interés. La vida parece más emocionante”, decía esta mujer que jamás intercambió una palabra con su mayor rival, Elizabeth Arden (1884-1966), pese a que los salones de belleza de ambas estaban a sólo unas cuadras de distancia en Manhattan.

En 2011 salió su biografía, titulada "La mujer que inventó la belleza". Foto: Especial
En 2011 salió su biografía, titulada "La mujer que inventó la belleza". Foto: Especial

Rubinstein, que estuvo casada dos veces y tuvo dos hijos, logró abrirse paso y ser la favorita de la sociedad neoyorquina. Pero no todos los caminos se le abrían sin más. Muchas veces debió enfrentar actitudes antisemitas y en una oportunidad, cuando le negaron la compra de un apartamento en la elegante Park Avenue, la empresaria decidió comprar todo el edificio.

Uno de sus colaboradores contó en entrevista con The New York Times que Rubinstein "no podía recordar el nombre de sus mejores amigos, pero nunca olvidó el nombre de ni una sola sustancia de sus productos".

Mónica Maristain

Mónica Maristain

Es editora, periodista y escritora. Nació en Argentina y desde el 2000 reside en México. Ha escrito para distintos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Playboy, de la que fue editora en jefe para Latinoamérica. Actualmente es editora de Cultura y Espectáculos en SinEmbargo.mx. Tiene 12 libros publicados.

Lo dice el reportero