Cuando era niña, hacía largos viajes en carretera con mis padres y mis hermanos. Recuerdo que mi padre, antes de comenzar el viaje, cargaba la cajuela con costales de naranjas, manzanas y pan y, en algún punto de nuestro trayecto, nos deteníamos y mis padres se bajaban del automóvil a repartir los pedacitos de esperanza. Desde dentro del auto, mis hermanos y yo bajábamos las ventanas y repartíamos tantito más. Desde aquel entonces no he vuelto a sentir tanta fuerza física empleada buscando un poco de pan. Y eso que las manos desesperadas que entraban al auto eran de niños apenas sonrientes después de obtener lo que siempre será un tesoro: la comida.
Mi propuesta del día de hoy es echarle un vistazo al otro, al que necesita más, al que es más pobre.
Aquí haré un paréntesis grandote porque me parece atinado: días atrás vi la película 'Una vida mejor', protagonizada por Demián Bichir; saco el filme al tema porque es la prueba de que, aunque te tomen el pie, el pelo, el culo, etc., cuando das la mano, mantener tu integridad es opcional. Spoiler: Carlos Galindo (Demián Bichir) juega el papel de un hombre mexicano que, ilegalmente, llega a Estados Unidos buscando una mejor vida; es jardinero y padre soltero de un muchacho de 15 años. Cierto día sin tener éxito buscando trabajo, un hombre panameño –en las mismas circunstancias de búsqueda y de espera–, le regala la mitad del pan que comía. La hermana de Carlos Galindo le hace a Carlos un préstamo para que este pueda comprar una camioneta y así sacar adelante su propio negocio de jardinería. Carlos, ya en su camioneta, va en búsqueda de un trabajador al lugar donde él tantos años buscaba el trabajo del día a día y se encuentra con el panameño del pan, a quien no duda elegir y llevárselo a trabajar en jardinería. Todo parece ir bien y le da al espectador la esperanza de que todo irá mejor, pero no: en un descuido, el panameño roba la camioneta a Carlos. Luego empieza lo bueno.
Entonces, en efecto: que obres bien no significa que automáticamente empezará a irte mejor… porque también existe la mala suerte; a mí lo que me da miedo es que las personas ayuden con la única esperanza de que el acto les sea devuelto (y al doble). Rousseau diría que el hombre es bueno por naturaleza y que es la sociedad quien lo corrompe; Hobbes diría que el ser humano es egoísta y malo por naturaleza, y yo, neófita en casi todo, diría que ante la desesperación uno hace cualquier cosa. Cuestión de apego a perspectivas, ¿no lo creen?
Regresando a la línea de la pobreza, quiero retomar lo que tal vez tantas veces han leído ustedes: hay pobreza en México porque los pocos que tienen el poder de erradicarla prefieren tragarse las monedas por tiranía, deshumanización, insensibilidad, avaricia y todos los adjetivos y defectos que hacen del humano una persona incapaz de buscar el bien común, ¿no les parece que está cabrón?
Yendo en carretera o caminando las calles de la Ciudad de México, podemos notar a simple vista la disparidad de la riqueza (resultado del sistema económico, político y social bajo el que vivimos porque el capitalismo que no es el tema de hoy). El problema de la concentración de la riqueza en unas pocas manos es que se crea inconformidad en las masas que ni siquiera tienen el sustento mínimo para cubrir las necesidades básicas del ser humano, entonces, se crea en el subconsciente social un estado de ánimo de coraje latente contra los que más tienen y, a su vez, a los que más tienen tampoco les importa repartir o no les importa que los demás tengan un poquito más de lo que tienen, ¿y el resultado? una sociedad resentida.
Y esto que les digo es apenas el primer renglón de un libro gigante e infinito sobre un sistema político lejano de fungir como un estado benefactor y lejano de formar ciudadanos que busquen el bien común. Pero salgan a la calle y regalen un suéter, una lata de frijoles o de atún, una manzana; en serio se siente bonito.
Y que está cabrón cambiar el sistema, sí, pero que, repito: en la medida de lo posible, extendamos la mano al otro porque indiferencia hay mucha –un chingo– y yo no sé ustedes, pero yo no quiero cada vez más.







