México, 15 Sep. (Notimex).- La víspera, el Concierto 18 de la Temporada 2012 de la Orquesta Sinfónica Nacional en el Palacio de Bellas Artes fue totalmente dedicado a composiciones del músico poblano Joaquín Gutiérrez Heras (1927-2012), fallecido el pasado 4 de marzo.
Arquitecto que abordó la música de manera autodidacta, ingresó al Conservatorio Nacional de Música en 1950 para ser alumno de Blas Galindo y años después, estudió en el Conservatorio de París bajo la tutoría de Nadia Boulanger y Olivier Messiaen. Becario por la Fundación Rockefeller, concluyó en 1961 la licenciatura de Composición Musical en la prestigiosa Academia Juilliard de Nueva York.
Compositor conocido, más que todo, por sus partituras para cine, la gala de ayer desarrolló una programación de obras en las que Gutiérrez Heras aborda la Música de cámara (entrada) y la Música orquestal (segunda parte).
Concertino de piano, dueto de violonchelo y piano, y ensamble de cuerda y piano, primer tiempo; Orquesta Filarmónica, segunda sesión.
Primera Parte. Música de Cámara: Inició la ronda con “Variaciones sobre una canción francesa” que el pianista Carlos Barajas asumió con acusada y correcta interpretación: sosegado diálogo sensual de nueve minutos de íntima propuesta neorromántica.
“Dos piezas”: I Continuo (Homenaje a Ravel). II Con moto. Ignacio Mariscal, violonchelo; Carlos Salmerón, piano. Apego al músico impresionista francés desde los retumbos de su pieza “El niño y los sortilegios” (Continuo); remate --Con moto-- de contrastante expresividad con el Continuo desde costuras de vivaz conversación instrumental.
“Trópicos”: Entró al proscenio el Ensamble Tamayo (violín, clarinete, violonchelo y piano) para ejecutar una composición de diapasones repetitivos de sereno Allegro y Largo (se apreciaron ciertos guiños a la habanera) que rematan en gamas de imaginativas inflexiones armónicas (Allegro). Para mucho una de las obras más personales y representativas de Gutiérrez Heras.
Segunda Parte. Música orquestal: “Postludio” (1986-1987), tríptico orquestal de contrapunto formal que acaricia figuraciones tímbricas del formato Réquiem. Despliegue formal de “espacialidad arquitectónica” desde concepto de textura polifónica modal y contrapunto (canon renacentista).
“Postludio” que la OSN asumió con certero oficio. Destacan los solos de violín y violonchelo, y el acatamiento recitativo a las propuestas rítmicas en tresillo de la sección de cuerdas de una de las piezas más conocidas y celebradas de Gutiérrez Heras. Incitante “canzona” de recóndita belleza armónica.
“Sinfonía breve” (1992): Madurez del autor de “Los cazadores”. Sinfonía estructurada en un solo movimiento que inició en lenta enunciación y fue, progresivamente, en crecendo hasta alcanzar todas las gamas sinfónicas, sobre todo en pasajes de las percusiones y el apogeo final protagonizado por los metales. Pujante el solo “rubateado” (aceleramiento) del violonchelo.
“Divertimento para piano y orquesta” (1950): Momento dominante de la celebración. Lucidez orquestal transparente donde todo se conjuga en pos de proporcionado enunciado sonoro. Tres movimientos (Allegro, Adagio y Allegro marziale), quizás con ciertas señas de Moncayo, pero en bordados impresionistas de ágiles trazas en armonías tonales donde nada es superfluo.
Destacó la pianista Ana María Tradatti en clústeres solícitos y puntuales. Contrapunteo de acusadas sugerencias visuales y Adagio de hermoso motivo melódico. Expresivo Allegro marziale. Gutiérrez Hera es un músico que sabe transferir emociones: este Divertimento lo demuestra fehacientemente.
Merecida recordación a uno de los fundadores del grupo “Nueva Música de México”. Las “tonalidades y atonalidades”, señas minimalistas, goce y reposos oscilantes de Joaquín Gutiérrez Heras zumbaron en la víspera, con indiscutible razón de causa, en la Sala Principal del palacio de Bellas Artes.




