Tortura, sobreexplotación y ocio; cuando los animales son víctimas de la barbarie humana

19/10/2012 - 12:00 am

Ya sea para su alimentación e incluso con fines "recreativos" el ser humano se ha valido de los animales para convertirlos desde parte de su dieta diaria hasta objeto de humillaciones y tortura. Desde hace miles de años, cuando los primeros homo sapiens aparecieron sobre la faz de la Tierra, la cacería representó un recurso invaluable para que pudieran sobrevivir y, posteriormente, llegar a desarrollar expresiones culturales que derivarían en sistemas civilizatorios.

Sin embargo, con la aparición de los grandes asentamientos históricos hombres y mujeres fueron volviéndose sedentarios apareciendo la ganadería y con ello fue transformándose la elaboración de los alimentos. De sobra queda decir que, conforme pasaron los siglos, el hecho de cazar con fines gastronómicos fue llegado a considerarse un entretenimiento, dadas las facilidades que las ciudades contaban para satisfacer las necesidades primarias.

Con lo anterior los enfrentamientos contra la fauna se convirtieron en remanentes de una época salvaje en la que la simulación se inclinaba a favor de la raza humana, cayendo en una lucha desigual en la que la conclusión lógica o al menos "ideal era la muerte del animal.

A pesar de que las legislaciones de naciones y comunidades pongan cartas en el asunto sobre estás prácticas (que a todas luces son maltrato animal) la historia y las tradiciones se han convertido en los principales obstáculos para que animales silvestres o domésticos padezcan las consecuencias de la inconsciencia del hombre. No obstante bastan pocos ejemplos para darse cuenta de que es urgente un cambio en la manera de pensar de la humanidad, así como de sus hábitos.

ALIMENTO POLÉMICO
El debate sobre el foie gras es un asunto que lleva tiempo gestándose en Europa y esta semana se reabrió. Ocho diputados de la comunidad europea organizaron en el Parlamento Europeo una conferencia titulada "Lo que los consumidores comen y lo que no dicen los productores" en la que piden el veto al foie gras en el viejo continente debido a su método de producción.

La conferencia servirá para explicar cómo se produce este alimento, definido como auténtica tortura. Dicha reunión surge como respuesta a un evento a favor del foie gras que fue organizado el pasado martes por un diputado francés de la comunidad europea.

El foie gras (en francés "hígado graso") es el hígado hipertrofiado de un pato o ganso que ha sido sobrealimentado. Para su producción se utilizan dichas aves acuáticas ya que disponen de una capacidad natural para acumular grasa en el hígado.

En la actualidad, su producción está prohibida en más de 15 paises, incluyendo a Alemania, Italia y Gran Bretaña (los países de la Comunidad Europea), ya sea por leyes específicas o de prohibición a la alimentación forzada, considerándola maltrato hacia los animales.

INDIFERENCIA Y NIHILISMO
Abusar de la fauna sin motivo alguno o con argumentos poco convincentes es una constante al momento de la tortura animal. Si pensaban que las practicas denigrantes sólo tenían su origen en el Viejo Continente, el Nuevo Mundo no se queda atrás.

El pasado miércoles fue dado a conocer el maltrato a una osezna por parte de elementos de Protección Civil de Zaragoza, Coahuila. El hecho causó indignación no sólo en redes sociales, sino también en organizaciones protectoras de animales que buscan un castigo ejemplar para los culpables.

Debido a la sequía por la que pasa la zona, algunos animales bajan en busca de comida. Sin embargo, el evento climático no justifica que los empleados municipales hayan atado y estirado a la cachorra de dos años.

El titular de Protección Civil de dicho municipio, Roberto García, dijo que la osezna fue capturada en un área urbana y que para esto no existe protocolo que regule cómo deben ser tratados los animales silvestres dentro de zonas habitadas. A pesar de todo, aún quedaba la pregunta: ¿Por qué la tortura?

¿Tradición, ocio o simple maldad?

Redacción/SinEmbargo

Redacción/SinEmbargo

Lo dice el reportero