La reintroducción del virus ha llevado al país a enfrentar el brote más grande desde que se interrumpió la transmisión endémica en 1997. Es la nación con más casos de América.
Ciudad de México, 5 de febrero (SinEmbargo).– El 20 de febrero de 2025, la Secretaría de Salud de Chihuahua notificó un caso de sarampión en un niño de 9 años, proveniente de una comunidad menonita del municipio de Cuauhtémoc que había viajado a Seminole, Texas, un asentamiento en donde ya habían ocurrido casos de sarampión con un fallecimiento conocido al tiempo de la visita.
La escuela del menor en Chihuahua fue cerrada tras detectarse más casos. Un mes después, el 20 de marzo, el Instituto Nacional de Diagnóstico y Referencia (InDRE) confirmó que el virus aislado en los primeros pacientes correspondía al mismo linaje del sarampión identificado previamente en Seminole, Texas.
Así describen Irma Leticia de Jesús Ruiz González, de la Secretaría de Salud de Chihuahua, y Rubén Morales Marín, de la Universidad Autónoma de Chihuahua, la reintroducción del sarampión en la entidad, en un artículo publicado en noviembre pasado en la Revista Americana de Epidemiología de Campo. El texto advierte que el brote ocurrió en “una población altamente susceptible, como la menonita de Chihuahua, donde existe baja adherencia a la vacunación por motivos religiosos o culturales, además de una estrecha interconexión con otras poblaciones no vacunadas”.
El rebrote se dio en un contexto regional adverso. En noviembre de 2025, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) declaró que las Américas habían perdido nuevamente el estatus de eliminación del sarampión. La reintroducción del virus llevó a México a enfrentar el brote más grande desde que interrumpió la transmisión endémica en 1997. Chihuahua se convirtió en el principal foco de contagios y muertes del continente, con cifras que incluso superaron las de todo Estados Unidos.
Esta semana, la OPS confirmó que México encabeza los contagios en América, con seis mil 428 casos y 24 defunciones. De ese total, Chihuahua concentra cuatro mil 495 casos y 21 muertes; le siguen Jalisco, con mil 34 casos y una defunción; Chiapas, con 432 casos; Michoacán, con 261, y Guerrero, con 257.
Del total de contagios, 275 fueron importados, cuatro mil 54 estuvieron relacionados con importación y dos mil 839 permanecen con fuente de infección en estudio.
El informe de la Revista Americana de Epidemiología subraya que 10 de las defunciones ocurrieron entre pueblos originarios de Chihuahua, donde se registraron 569 casos. En el resto de la población se contabilizaron tres muertes, además del fallecimiento de un menor wixárika originario de Nayarit.
“La población indígena rarámuri de Chihuahua presentó una letalidad 18 veces mayor que el resto de la población, y este exceso fue estadísticamente significativo”, señala el estudio. La distribución por edad muestra tasas especialmente altas en menores de seis meses y en infantes de seis a 11 meses, con niveles 41.4 y 82.5 veces superiores a los observados en personas de 50 años o más. El segundo grupo más afectado fue el de 20 a 39 años.
A mediados de enero, otro estudio elaborado por investigadores de la Universidad de Guadalajara, con participación de los campus de Tlajomulco de Zúñiga y del Centro Universitario de Los Altos, identificó cinco hallazgos clave. El primero: el brote estuvo altamente concentrado, con 73 por ciento de los casos en Chihuahua y 76.8 por ciento en apenas 45 municipios.
El segundo hallazgo fue la existencia de dos introducciones independientes del virus: una por la frontera norte y otra importación separada en Oaxaca. En tercer lugar, el análisis describe un patrón de transmisión en tres etapas: introducción a través de redes de trabajadores agrícolas temporales, amplificación en comunidades subvacunadas y posterior propagación hacia poblaciones indígenas marginadas.
El cuarto punto destaca que la efectividad de la vacuna se mantuvo alta, lo que respalda que el brote se debió a la acumulación de personas susceptibles y no a fallas en la vacunación. El quinto señala como factores de riesgo independientes la edad, las condiciones de vida de las comunidades indígenas, la falta de vacunación y la residencia en zonas rurales.
El informe también documenta la concentración del brote en comunidades cerradas con brechas persistentes de inmunidad, como las menonitas de Chihuahua, un patrón similar al observado en el brote de 2025 en Texas, que dejó 762 casos y dos muertes. Episodios comparables se han registrado en años recientes en comunidades judías ortodoxas de Nueva York y en comunidades amish de Ohio, lo que refuerza la existencia de “focos de susceptibles” capaces de detonar grandes epidemias incluso en países con coberturas nacionales aparentemente altas.
Este rebrote ocurre en un escenario regional complejo. En noviembre de 2025, la OPS advirtió que las Américas habían perdido nuevamente el estatus de eliminación del sarampión, apenas un año después de haberlo recuperado. La combinación de importaciones constantes y desigualdades en el acceso a la vacunación amenaza con reinstalar la transmisión endémica.
Aunque el estudio reconoce limitaciones —como el autorreporte del estado de vacunación o la disponibilidad parcial de datos genómicos—, se trata del análisis epidemiológico más completo realizado hasta ahora sobre un brote de sarampión en América Latina. Integra datos de vigilancia individual, información genética y determinantes sociales a nivel municipal en los 32 estados del país.
La conclusión es contundente: el sarampión no regresó por falta de eficacia de la vacuna, sino por el abandono acumulado de comunidades enteras. Sin campañas focalizadas, vigilancia molecular reforzada y estrategias específicas para poblaciones móviles, indígenas y rurales, México seguirá expuesto a nuevos brotes. El mayor retroceso en casi tres décadas deja una lección incómoda: la eliminación del sarampión no se pierde de golpe, se erosiona lentamente.






