
Ciudad de México, 20 may (SinEmbargo).- El recordado actor mexicano Mauricio Ochmann se unió a Heriberto Méndez y Carlos Sánchez, para crear Patablanca Films, compañía productora que se dedicará a realizar publicidad, videoclips y comerciales, además de apoyar la realización de cortometrajes.
Se trata de una apuesta fuerte de uno de los jóvenes valores de la escena mexicana y que a los 37 años puede dar fe de lo que significa regresar del infierno de las drogas y los excesos, para comenzar una vida de cara a un futuro que lo encontrará entero y sin expectativas banales.
Al menos así lo expresa en entrevista exclusiva con SinEmbargo, una mañana primaveral de mayo, caracterizada por la rutina del gimnasio y la ansiedad nacida de Lluvia adentro y Los caminos del señor, los cortometrajes con los que Mauricio está involucrado tanto desde adentro como de afuera de la pantalla.
La historia del actor es a la vez una película. No sólo porque en su momento, con éxitos teatrales y televisivos, fuera visto como una de las grandes promesas del espectáculo mexicano, sino porque a punto estuvo de perderlo todo, en medio de excesos y tormentas personales y crónicas periodísticas que llegaron a hablar incluso de su muerte inminente.

Pero las cosas siempre tienen, como los helados (nos permitirán una comparación “locochona” para iniciar la semana), muchos colores y sabores, así que quitado de la pena y con mucha fe en sí mismo y en sus proyectos, Ochmann se ufana de no tener hoy la expectativas del ayer y no experimentar, lo cual es esperanzador, miedos inútiles frente a la prensa o a su entorno profesional.
“Los miedos se me fueron con el tiempo, pues aprendí que finalmente hago lo que me gusta, lo que me apasiona y pongo mi energía en aquello que quiero contar ya sea a través de una película, de una serie televisiva o de una obra de teatro”, dice el actor que inició su carrera profesional en 1999 con la película Mensaje en la botella, de Luis Mandoki, protagonizada por Kevin Costner.
“En el camino me fui encontrando a personas con las que tengo empatía en esta voluntad de contar diferentes historias, lo cual para mí es muy satisfactorio”, afirma Mauricio.
Su rostro no ha perdido un ápice de atractivo y es todavía uno de los galanes de mejor ver del espectáculo local, aunque el paso del tiempo le ha quitado los rasgos infantiles para darle profundidad y dramatismo a sus rasgos.
LOS CAMBIOS EN LA VIDA
“Me tocó como a todo el mundo sufrir muchos cambios en la vida y desde chico siempre estuve preguntándome cosas”, dice Ochmann a propósito de sus buenas y malas experiencias.
– ¿Cómo fue eso?
– Bueno, tuve que enfrentar ciertos tropiezos que no quisiera llamar errores, porque finalmente aprendí mucho de todo lo que viví. A grandes rasgos podría decir que no era responsable desde el punto de vista existencial, fundamentalmente porque no me tenía a mí. Siempre estaba poniéndome en manos de terceros, lleno de dudas, inseguridades, miedos…
– ¿Te pesó el duro oficio del actor y de ser considerado en un momento uno de los mejores de tu generación?
– No, esa puede ser la percepción desde el punto de vista exterior, incluso si lo quieres puede ser hasta un pretexto, pero lo cierto es que yo ya venía perdido desde niño, sin una infancia sólida, sin una adolescencia bien encaminada.
– ¿Naciste en México?
– No, nací en Washington D.C., en los Estados Unidos y me criaron en México. Soy adoptado y no conozco a mis padres biológicos. Me adoptó un matrimonio mexicano, que luego se divorció y perdí también a mi padre adoptivo cuando tenía un año y medio. Mi madre regresó a México conmigo y cuando yo tenía cinco años, me adopta otro señor que es el que me dio el apellido y a quien considero mi padre. Así que desde niño venía yo con muchos problemas de identidad y con la huella del abandono marcada a fuego.
– No sólo te abandonaron una vez, sino dos…
– Sí, aunque bueno, quien más quien menos sufre sus abandonos en la vida. No me gusta usar mis circunstancias como pretextos o excusas para lo que vino después, pero de alguna manera esos hechos me habían convertido en un niño solitario e introvertido.
– ¿En lo profesional, tu mejor época teatral fue cuando hiciste El graduado con Margarita Gralia?
– Esa obra fue importante, pero antes también había hecho Equus. Luego me fui a Los Ángeles a trabajar y cuando regresé a México, cuando apenas tenía 19 años, hice mi primer protagónico en Azul tequila (telenovela mexicana de época, de Azteca TV, con Bárbara Mori).
PAPÁ SOLTERO

Todo le vino demasiado pronto a Mauricio Ochmann, incluso la paternidad. Hoy, vive el crecimiento de su hija con las virtudes y fervores de un papá soltero a tiempo completo.
“Mi hija es toda mi familia, la de sangre, auténtica. Además, está la familia que he ido encontrando a lo largo del camino y que al menos para mí resultó más importante que la que me crió”, admite.
– ¿Cómo describirías esta etapa de tu vida?
– Como plena. Ya pasaron muchos años desde que levanté la mano y pedí ayuda. La vida sabe distinto ahora. Trato de involucrarme con proyectos menos superficiales y que me dejen algo, como la obra de teatro Veintidós Veintidós, que hago con Odín Dupeyrón, que trata de un tipo que quiere suicidarse y al que de pronto se le aparece un ser de energía y comienza toda una serie de cuestionamientos existenciales muy interesante y reveladora. Luego está el cortometraje Lluvia adentro, que trata sobre qué hacer con el dolor. Cuando aparece el dolor uno lo que trata instintivamente es de evadirlo sin darse cuenta de que eso terminará causando más dolor.
– ¿Has dejado la televisión?
– No, para nada. Estuve haciendo recientemente una serie en Colombia, participé también en Capadocia y en la telenovela Rosa Diamante, para Telemundo. Así que trabajo no me falta, afortunadamente. Cuando tomé la decisión de ingresar a una clínica de rehabilitación lo hice no pensando en la profesión, sino sintiendo realmente que me iba a morir. Muchos pensaron, sin embargo, que iba a perder mi carrera por contar mi drama, por hacerme cargo de él y la verdad es cuando mejor me ha ido.





