
Ciudad de México, 13 de agosto (SinEmbargo).- Investigadores de la Universidad de Pennsylvania (Penn) determinaron que lo que hasta ahora se creía que eran tres especies de dinosaurios distintas, en realidad son la misma. El descubrimiento fue posible gracias a la tomografía en 3D, una técnica habitual en medicina, pero que nunca se había aplicado a la paleontología de esta manera.
Mediante esta técnica, los investigadores escanearon treinta cráneos diferentes de tres variedades de Psitacosaurios o dinosaurios de pico de loro. Luego compararon hasta 56 puntos de semejanza. El resultado resultó en la eliminación de dos de las variedades. Al mismo tiempo, todos los huesos pertenecen a la especie Psittacosaurus Lujiatunensis.
No es la primera vez que los paleontólogos se equivocan al identificar una especie, por lo que la técnica va a ser utilizada ahora para revisar otras especies de dinosaurio, publicó el diario científico PLoS One.
Muchas de las pifias científicas de este tipo se deben principalmente a que los huesos que se encuentran en yacimientos no están precisamente ordenados, ni en perfecto estado, por lo que las confusiones son frecuentes.
"Debido a los caprichos de la fosilización, no hay dos fósiles que sean el mismo", dijo el autor principal, Peter Dodson, profesor de anatomía en la Facultad de Medicina Veterinaria y profesor de paleontología en la Escuela de Artes y el Departamento de Ciencias de la Tierra y de Ciencias Ambientales de Penn.
"Los animales están vivos y mueren, pero lo que es crucial en la paleontología es lo que le sucede a los animales después de la muerte", añadió.
Los fósiles de dinosaurios analizados por Dodson y sus colegas eran todos del género Psittacosaurus, un tipo de dinosaurio ceratopsiano que vivió en lo que hoy es Asia durante el Período Cretácico, de entre hace aproximadamente 130 y 100 millones años.
El Psittacosaurus, cuyo nombre significa "lagarto loro", era un dinosaurio semi acuático, herbívoro y bípedo, que fue originalmente descubierto por el paleontólogo Henry Fairfield Osborn en 1923.

Por su parte, los restos fósiles analizados por los investigadores de Penn originalmente habían sido identificados como pertenecientes a tres especies diferentes: P. lujiatunensis, P. major y Hongshanosaurus houi, los cuales fueron descubiertos en las cenizas fosilizadas en Lujiatun, en la formación geológica de Yixian en el noreste de China.
Los restos fueron examinados mediante un análisis comparativo, lo cual –en el caso del Psittacosaurus– no representó una dificultad, dada la abundancia de fósiles de este animal.
Fue así que, tras una combinación de este método tradicional y un escaneo tridimensional que los científicos concluyeron que los restos en realidad eran todos parte de un espécimen de P. Lujiatunensis.
"Nuestro estudio encontró que todas estas 'especies' falsas que no son especies biológicas, sin embargo, son especies aparentes causadas por el proceso de fosilización", agregó Dodson.
No obstante, históricamente no son pocos los errores científicos, aunque –en el caso de la paleontología– existen algunos atribuidos a situaciones extra científicas en las que la búsqueda de reconocimiento influye notablemente al momento de comunicar un hallazgo.
Uno de los casos más famosos es el descubrimiento de que el Brontosaurio no existe. En realidad su descubrimiento se debió a un error del paleontólogo Othniel Charles Marsh.
A finales del siglo XIX, Marsh se encontraba inmerso en una disputa científica con el arqueológo Edward Dinker Cope por ver quien descubría la especie más espectacular de dinosaurio. El investigador confundió el esqueleto de un apatosaurio al que le faltaba el cráneo, y lo denominó como una nueva especie.
Sin embargo, a pesar de que en 1974, la comunidad científica dejó de usar esa denominación, aún sigue siendo muy popular para designar a estos grandes dinosaurios hervívoros.




