
Ciudad de México, 6 noviembre (SinEmbargo).- ¿Qué hace falta para escribir de futbol? La pregunta es válida si el interlocutor es el argentino Eduardo Sacheri, conocido fuera de su país por el libro La pregunta de sus ojos, sustancias del filme de Juan José Campanella que con el título El secreto de sus ojos ganara el Oscar en 2009.
Sin embargo, este profesor de historia nacido en Buenos Aires en 1967, no sólo siente pasión por las historias policiales y románticas, sino también por el futbol.
Hincha doliente del Independiente, club que al igual que otro grande del balompié sudamericano, River Plate, descendiera a la B, ha escrito varios cuentos relacionados con el deporte de la pelota, que ahora Alfaguara ha reunido en la antología La vida que pensamos.
La compilación ofrece cuentos que en su Argentina natal se han hecho ya clásicos del género como “Esperándolo a Tito” o “Me van a tener que disculpar”, donde el eje es, cómo no, el ídolo Diego Armando Maradona.
Su novela del 2012, Papeles en el viento (Alfaguara), narra la historia de cuatro amigos de la infancia, uno de los cuales muere en forma imprevista, dejando como único patrimonio un jugador de futbol en decadencia cuyo magro desempeño pone en riesgo fatal los 300 mil dólares invertidos en su pase.
La novela, que transcurre en el oscuro mundo de los representantes de futbolistas y que constituye una hermosa fábula sobre la amistad, “no podría estar en otro momento que no fuera el actual”, según el escritor, “puesto que hace 30 años no podías ser dueño de un jugador”.
“La historia es una especie de contrapunto entre la inocencia clásica, la ingenuidad de a pie, de los personajes, enfrentados al mundo del fútbol tal como es hoy”, explica, al tiempo que se muestra convencido de que, a pesar de que su novela podría ser una especie de desmitificación de la épica del balompié, “los personajes no clausuran su amor por ese deporte y terminan todo yendo a la cancha a ver un partido”.
En México, donde estuvo para participar en la Feria del Libro de Monterrey, aprovechó también para presentar su nueva aventura cinematográfica con Juan José Campanella, Metegol, una película animada de alto presupuesto para los estándares latinoamericanos y que ya puede verse en las salas mexicanas.
Amadeo vive en un pueblo pequeño y anónimo. Trabaja en un bar, juega al metegol (fulbito) mejor que nadie y está enamorado de Laura, aunque ella no lo sabe. Su rutina sencilla se desmorona cuando Grosso, un joven del pueblo convertido en el mejor futbolista del mundo, vuelve dispuesto a vengarse de la única derrota que sufrió en su vida.
Con el metegol, el bar y hasta su alma destruidas, Amadeo descubre algo mágico: los jugadores de su querido metegol hablan, ¡y mucho! Juntos se embarcarán en un viaje lleno de aventuras para salvar a Laura y al pueblo y en el camino convertirse en un verdadero equipo.

¿Hay en el futbol lugar para los milagros?: la pregunta que flota en el aire de Metegol y por tanto en el elogiado filme de Campanella, un acontecimiento que ha permitido a Alfaguara publicar una serie alrededor de Amadeo y su afición por el futbolito.
Eduardo Sacheri publico también los libros de relatos Esperándolo a Tito (2000; Punto de Lectura, 2012), Te conozco, Mendizábal (2001; Punto de Lectura, 2012), Lo raro empezó después (2004; Punto de Lectura, 2012), Un viejo que se pone de pie (2007; Punto de Lectura, 2012) y Los dueños del mundo (Alfaguara, 2012).
- Todo lo que sé de moral lo aprendí del futbol, dijo Albert Camus, ¿suscribe?
- Bueno, no sé si todo, pero sí unas cuantas cosas.
- ¿Qué tiene que hacer uno para escribir sobre futbol?
- Sobre todo trascender el partido. Me parece que el futbol se convierte en materia literaria siempre y cuando sea una excusa, un telón de fondo o una puerta de entrada hacia territorios más importantes que el propio futbol.
- Si en Argentina la tradición de la literatura futbolera es tan fuerte, es porque primero hubo un público lector…me parece
- Redoblo tu apuesta y digo que ese público lector existía aun antes de saberse público lector. Estaba como marginado del mundo literario y de repente descubre que hay libros sobre futbol que le interesa leer. Por supuesto que es una gran noticia si se piensa como en una iniciación, puesto que nadie va a ser un buen lector si sólo se interesa por los libros vinculados con el futbol.
- Cuando regalaban esos libritos con cuentos de futbol en las canchas, la gente se empeñaba en tenerlos a toda costa…
- Sí, es verdad. Me ha pasado tiempo después que me trajeran a firmar a distintas ferias del libro esos pequeños libros. Para ti o para mí, no pasaban de ser humildes fascículos con un cuento adentro, pero para muchas personas constituyeron verdaderos libros, dignos de ser guardados en sus bibliotecas.
- Puede ser que la literatura futbolera se esté volviendo ciencia ficción, en tanto y en cuanto pretende narrar el descenso de River e Independiente a la B. Eso no ocurrió en la realidad, ¿verdad?
- (risas) Es que la sensibilidad literaria vinculada al futbol permitió hasta anticipar esas tragedias. Sin ir más lejos, en Papeles en el viento los protagonistas se asoman aterrorizados a la decadencia de Independiente. El equipo no había descendido todavía, pero…
- Y lloró, me imagino…
- Mirá, no lloré, en cumplimiento de ese viejo mandato que establece que no es bueno que tus enemigos te vean llorar, porque de ese modo disfrutan el doble. Pero en la soledad de mi pensamiento, el descenso de Independiente me costó muchísimas noches de insomnio.
HABLAR DE FUTBOL
Decía el músico Andrés Calamaro en una conferencia de prensa reciente que casi tan lindo como la música es hablar de música, con el futbol podríamos decir que pasa algo parecido.
A semejante placer Sacheri le opone la maravillosa posibilidad que da el futbol de poder jugarlo, aunque más no sea entre amigos tan pataduras como uno y que ni siquiera en sueños se animarían a imaginarse en un estadio lleno, mostrando sus virtudes de crack.
“En esta época en la que el espectáculo tiene ese rol tan fundamental y el futbol está tan mediatizado, hace que el hablar sobre el

deporte nos haga recuperar cierto protagonismo a aquellos que nos encanta jugar”, dice Eduardo Sacheri.
- Me obliga a preguntarle qué tipo de jugador es usted, con la advertencia de que no se le puede mentir a la prensa
- (risas) ¿No puedo mentir? ¡Qué lástima! Yo estaba dispuesto a decir que soy una especie de cruza entre Maradona y Messi, pero si no vale mentir diré que son un mediocampista muy vehemente y sacrificado. Donde falta talento, uno pone la sangre. El futbol es un deporte tan hermoso que cobija a todos por igual, no tiene sólo lugar para los talentosos.
- ¿Cómo fue la reedición de los cuentos que aparecen en La vida que pensamos?
- Volví a leer los cuentos. Inevitablemente, me sentí tentado en volver a corregirlos, pero finalmente apenas los toqué. Me pareció injusto para con los propios textos. Me parece que los cuentos tal como están, los viejos y los nuevos, permiten ver cómo he ido escribiendo a lo largo del tiempo, cosa que no se podría ver si los hubiera corregido.
- ¿Sigue dando clases de historia?
- ¡Por supuesto! Tengo menos horas semanales, pero ahí sigo. Es parte de mi vida, una parte valiosa.
- ¿Disfrutó Metegol?
- Sí, mucho. También fue muy raro para mí, muy nuevo, esto de una película de animación que incluyera a los chicos y a los grandes, lo que nos obligó a desarrollar una historia con muchas capas.
- También es cierto que hacer una película con Juan José Campanella es jugar con una carta afortunada, ¿verdad?
- Sí, para mí es un privilegio, aunque no sólo por el gran cineasta que conocemos, sino también por lo buena persona que es. A veces uno no toma en cuenta lo importante que es trabajar con buena gente.




