
Ciudad de México, 11 de agosto (SinEmbargo).- Nacido el 23 de 1898 en Riga y muerto el 11 de febrero de 1948 en Moscú, la corta vida de Sergei Eisenstein le alcanzó de todos modos para construir una filmografía caracterizada esencialmente por una técnica de montaje que influyó en el cine de toda una época y que revivirá en el documental que prepara Mauricio Bidault Fernández Ledesma
¡Que viva México!: el grito que dio el célebre director ruso para pergeñar una película clásica y eterna en el cine del siglo XX, resonará otra vez para honrar la vida y la obra del también autor de Octubre y El acorazado Potemkin.
SERGEI EISENSTEIN EN MÉXICO
“Fue en diciembre de 1930 cuando, en compañía de su asistente Grigory Alexandrov y el cinefotógrafo Eduard Tissé, Eisenstein pisó territorio mexicano. Viajaba proveniente de Estados Unidos, tras los frustrados intentos de filmar en Hollywood para la compañía Paramount”, cuenta la crítica de cine Rosalina Piñera.
“A instancias del mismo Charles Chaplin, el maestro soviético entró en contacto con el escritor Upton Sinclair, cuya adinerada esposa, Mary Craig, financió la producción de una película sobre México. El proyecto contemplaba un plazo máximo de rodaje de cuatro meses, sin embargo, la mirada ávida del director lo embarcó en un itinerario que se extendió por más de un año, convirtiéndolo en un propósito incosteable y en una hermosa película jamás concluida”, agrega la columnista de SinEmbargo.
El director tuvo un gran romance con México a partir de 1919, cuando diseñó la escenografía para la puesta en escena de la obra teatral El mexicano, de Jack London.
Además, la visita de Diego Rivera a Moscú en 1927 había iniciado una relación amistosa entre el pintor mexicano y el cineasta. Revolucionario convencido, Eisenstein deseaba fervientemente conocer el país de la primera revolución del siglo XX.
¡Que Viva México!, una película trunca, fue filmada en cuatro episodios que retratan una boda indígena, una corrida de toros, la rebelión de un campesino y la festividad de muertos, en un compilado de imágenes que conserva su poderío y que la crítica alabó por su manera de reflejar lo mejor de la plástica mexicana del siglo XX.
El rodaje inició a finales de 1930, de acuerdo con Directores del Cine Mexicano. Un año después, el director había filmado unos 200 mil pies de película y aún no comenzaba a filmarse el cuarto episodio. Siempre perfeccionista, Eisenstein había preferido sacrificar el presupuesto antes que su compromiso estético.

Esta situación, aunada a la mala reputación personal que Eisenstein generó ante Sinclair, hicieron que el productor ordenara el cese del rodaje en enero de 1932.
Eisenstein pensaba que podía terminar la película con el material que había filmado y enviado a Los Ángeles. Sin embargo, el disgusto de Sinclair fue tan definitivo que el escritor movió influencias para que el cineasta no pudiese ingresar de nuevo a Estados Unidos.
Adicionalmente, Sinclair se comunicó con Stalin y acusó al director de frívolo y alejado de los principios socialistas. Esta acusación, a la larga, convertiría a Eisenstein en el “ángel caído” de la cultura soviética y tendría repercusiones negativas en sus futuros proyectos.
Pese al boicot de su productor, Eisenstein y sus colegas lograron obtener la visa para reingresar a EU en marzo de 1932. El permiso estaba condicionado, por lo que los soviéticos no pudieron pasar por Hollywood en su camino hacia Nueva York.
En abril, Eisenstein logró ver por primera y última vez el material que había filmado en México. Antes de partir, el director y Sinclair acordaron que permitiría a Eisenstein editar el material en Moscú. Grigory Alexandrov se quedó en EU para recibir el material, pero Sinclair se comprometió a enviarlo.
Tras el regreso de Alexandrov, el escritor envió los rollos, pero cuando estos llegaron al puerto de Hamburgo ordenó que los regresaran. De esta manera, la obra mexicana de Serguei M. Eisenstein nunca volvió a estar en sus manos.
Eisenstein nunca pudo recuperarse de la tragedia que le significó perder el control sobre ¡Que viva México! Enfermo y deprimido, el cineasta se encerró por una temporada y aunque retornó al cine para filmar dos obras maestras más, Alexander Nevsky (1938) y la primera parte de Iván el Terrible (1943-1945), su ánimo nunca pudo recuperarse.

Rechazado por el régimen estalinista, el cineasta falleció sin haber visto finalizada la segunda parte de Iván el Terrible y sin haber podido realizar su ambicioso proyecto sobre el país de la primera revolución del siglo XX.
Precisamente, el impacto cultural e iconográfico del trabajo realizado por Eisenstein en México en el periodo 1931-1932 será analizado por Fernández en una película que cuenta con el apoyo del Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico (PECDA).
Se trata de un trabajo de doctorado para el Departamento de Música, Medios Comunicación y Estudios Culturales de la Facultad de Artes de la Universidad de Macquarie en Sidney, Australia.
En el trabajo desarrollado por el director ruso en México, “hay tres puntales: el aspecto cinematográfico, el teórico son los dibujos que hacía, entonces el dibujo es un poco como la bisagra del pensamiento abstracto y por ponerlo de algún modo escrito o verbalizado, y la obra fílmica. Lo que estoy haciendo es seguir los pasos de Eisenstein por México en su mismo itinerario que tuvo en los ‘30”, afirma el documentalista de origen jalisciense.
El proceso de lo que constituye la tercera película documental de Mauricio Fernández (Antes hizo Aquí sobre la tierra y Hasta el fin de los días) se llevará a cabo “utilizando las teorías del montaje de Eisenstein para hacer un comentario sobre el país, tomando como referencia lo que Eisenstein encontró en 1931, del México posrevolucionario, que estaba como floreciendo y el México que tenemos ahora”.
En su filme abordará los “mundos temáticos que le llamaron la atención a Eisenstein, un poco para redescubrir los temas, como la religión, la justicia social, el mundo prehispánico y todo, pero en nuestros días”.
En la visión de Fernández, si bien Eisenstein no fue prolífico, sus películas lo convirtieron en un realizador trascendente.
“No es cualquier director que se le ocurrió hacer cosas, sino que es fundamental para ver cómo se desarrolló el lenguaje del cine”, afirma el cineasta mexicano, quien comenzará a rodar el próximo año una película que le llevará cuatro meses de realización y que, con 52 minutos de duración, podremos ver durante el primer semestre de 2016.
“Lo que se ha visto mucho de él es la parte histórica, la repercusión que tiene en la cinematografía nacional y mundial, porque de alguna manera funda las bases de la identidad cinematográfica que después ya se fue desarrollando”, dice.

“Sin embargo, me interesa más buscar la parte que no está tan explorada, que es cómo incorporaba y articulaba estos estímulos, cómo se relacionó con la realidad mexicana que era totalmente distinta de la rusa y sigue siendo, para crear un enunciado, una película coherente, consistente y con tanta fuerza. Digamos que me estoy yendo no de Eisenstein hacia la película, sino a Eisenstein antes de la película, cómo la ideó, cómo entendió México y cómo logró traducir ese pensamiento en imágenes”, concluyó.
EISENSTEIN EN GUANAJUATO
El proyecto de Fernández nutre el nuevo interés que la cultura contemporánea muestra por el cine y la personalidad de Sergei Eisenstein, sobre todo después de que el cineasta británico Peter Greenaway presentara en febrero pasado en el marco de La Berlinale su película Eisenstein in Guanajuato.
Para Greenaway, el ruso fue el mayor cineasta de todos los tiempos y fue en Guanajuato donde mantuvo un romance con un hombre, “un hecho que lo humanizó aún más y lo impulsó creativamente”.
“Mi tesis es que sus tres filmes, La Huelga (1924), El acorazado Potemkin (1925) y Octubre (1928) son muy diferentes de otros como Alexander Nevsky (1938) o Iván el terrible (1944) porque él vino a México”, dijo el director de El vientre de un arquitecto y El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante, entre otros.
Con información de Conaculta




