De Saltillo al DF: Enrique Fuentes Castilla intenta cambiar, y con él, la antigua Librería Madero

04/03/2012 - 12:05 am

Parecía el fin: La “desestabilización” propiciada en la calle de Madero al convertirse en peatonal, llevó al librero Enrique Fuentes a punto del cierre de la legendaria Librería Madero, fundada por los republicanos del exilio hace 70 años. Pero el ofrecimiento del rescate para trasladarla a su nueva sede no muy lejos de ahí, permiten que la entrevista con Proceso se convierta en otro viaje, el de la historia de esta institución cultural sostenida contra viento y marea.

Por Roberto Ponce

MÉXICO, D.F., 3 de marzo (proceso).- Con la palabra “entusiasmo” define el librero Enrique Fuentes Castilla la emoción de trasladar a su nueva sede la tradicional Librería Madero, misma que cambiará de nombre por “Antigua Madero” cuando la inaugure a mediados de marzo en Isabel La Católica 97 esquina con San Jerónimo.

Se trata de una bella casona del siglo XVII conocida como Mesón La Acequia, donde nació el historiador Daniel Cossío Villegas el 10 de marzo de 1898.

“Este nuevo espacio de lo que será la librería Antigua Madero en el Centro Histórico me tiene bastante entusiasmado con todo lo que la palabra ‘entusiasmo’ implica. Etimológicamente la palabra ‘entusiasmo’ significa ‘llevar a Dios adentro’. Siento que es una librería que se la merece tanto la Ciudad de México como nuestro país.

“Estamos en proceso de instalación. Aquí me ves entre tablas, aserrín y todo lo que usan los carpinteros pa’ pegar, esta es La Acequia, en un ámbito muy acogedor, muy propio. Seguirá siendo librería, pero sin ese título, lo hemos preferido así para certificar el antecedente de la Madero que comenzaron los republicanos españoles con motivo del exilio después de la Guerra Civil.”

Fundada por el refugiado hispano Tomás Espresate a comienzos de la década de 1950, y retomada posteriormente por Ana María Cama, la Librería Madero mantuvo durante las últimas dos décadas su proverbial resplandor cultural en Madero 12, gracias a la dedicación y guía de Enrique Fuentes, quien el año pasado determinó mudarla:

“La generosidad del propietario de este Mesón nos dio cabida aquí para resolver la problemática que enfrentamos en el área de la calle de Madero, por lo que yo llamo la desestabilización propiciada al convertirla en calle peatonal, y el giro totalmente diferente que nos dejaba sin oportunidad de salir adelante, desde la perspectiva de cualquier establecimiento que tiene que pagar renta, luz, teléfono, nóminas, seguro social, etcétera.”

Parece imposible hallar a Fuentes fuera de los sobrios estantes y ricos volúmenes que han sido por más de medio siglo una suerte de “hábitat natural” para él, desde que llegó al corazón de México procedente de Saltillo (“la capital del mundo y futuro puerto de mar”, bromea). Los libros son su pasión amorosa y su modus vivendi; aunque con mirada clara, apunta:

“Algunos piensan que para mí será un gran negocio y les contesto que si fuera así, mejor abriría una franquicia de McDonalds pero no me gusta vender hamburguesas. Cuando Alejandra Moreno Toscano me comentó la última vez que fue a la calle de Madero: ‘¡Pero Enrique, si en esta librería tenemos ocho millones de visitantes!’, le respondí: ‘Sí, pero yo no vendo tacos sudados, vendemos libros y andamos en un grado tal de excelencia que no son libros para el gran público, es una librería especializada, con ediciones antiguas y otras muy recientes’. Y este nuevo espacio de Antigua Madero nos anima a darlo a conocer para las personas interesadas en la cultura de nuestro país.

“Por esto hay una línea desde que nos hicimos cargo en esta empresa de girar hacia aspectos puramente claros de México: arte, arqueología, antropología, historia de México, con sus colaterales de fotografía, cocina, en fin. Para darle sustento a esto nos vimos obligados a la búsqueda de libros fuera de circulación que no llegan a los interesados, llámense académicos o no, pero interesados en el devenir histórico del país y sus consiguientes necesidades.”

No es la primera ocasión que el propietario (“anticuario y coleccionista muy generoso y prudente”) ha hecho intentos de dar abrigo a empresas culturales (“que no son del todo puramente mercantilistas, sino que poseen algo del enamoramiento del libro, aun a riesgo de fracasar económicamente”), agrega Fuentes.

Cuando el dueño de Mesón Acequia (“persona a quien no le gusta sacar la cabeza para que no le den de pelotazos como al negro en la feria”), se enteró de las dificultades que vivía la Madero, llamó a Fuentes (“lo espero frente a la Acequia a la una de la tarde, me mostró la casa y me dijo: ‘Quiero que se haga cargo de estos dos espacios, arréglelos y tome una decisión’, citando a San Juan de la Cruz: ‘Las decisiones se toman cuando la casa esté sosegada’, es decir, cuando la casa esté tranquila”), arrancando así el futuro de este capítulo:

“A partir de entonces tomamos la decisión de instalarnos y creemos que a mediados de marzo aproximadamente estaremos ya libres para abrir al público y brindarle atención. Es época de no egresos, pero esperamos salir triunfantes con esta idea compartida con muchos amigos interesados en nuestra empresa para satisfacer los requerimientos de la población que nos visite. Hay que enfrentar las dificultades con el mejor ánimo, tenemos que hacerlo.”

--¿Cuánto dinero le solicitaban los dueños del edificio por quedarse en la calle de Madero una vez que se estableció el pasaje peatonal?

--Me pedían 125 pesos, pero como consideración específica, 96 mil. Intentaron ayudarnos las autoridades del Fideicomiso de la Ciudad de México, hicieron un enorme esfuerzo de negociar con los propietarios del edificio una suma algo más razonable, todo mundo puso lo mejor de su parte pero fue imposible y nos vimos en la necesidad de salir.

“¿Que le quitaron a la Ciudad de México una librería?, cierto. ¿Que dejaron de dignificar el lugar a pesar de los costos que esto implicaba?, también. Pero igual que para mí es entendible que quisieran más a partir de cómo desgraciadamente está siendo desestabilizada esa zona, y hemos aceptado el cambio para esta dinámica amorosa que nos lleva a seguir esta línea de libreros de los cuales hay muchos para seguir abasteciendo a cierto sector de la población, de la sociedad, en la inteligencia de no alejarnos de la promoción que implica de ir inoculando a quienes lleguen de que existen otro tipo de lecturas. Suele decirse que en México no se lee, aspecto en el que yo suelo diferir. Yo digo que sí se lee. El problema es qué se lee.”

PÁGINAS DE LA HISTORIA

--¿Cómo supo usted de la existencia de la Librería Madero?

--Fue entre 1951 y 1953, recién llegado al Distrito Federal de Saltillo, Coahuila, donde nací, la capital del mundo como yo le digo, futuro puerto de mar, eje y centro de todas las galaxias...

“Empecé a trabajar en un edificio del Banco Mexicano en las calles de Motolinía y 5 de mayo, como ‘ejecutivo B’, pero de ‘¡vé y tráeme esto y de vé y tráeme aquello!’; venía con estudios previos en el Seminario Conciliar de Saltillo y acerté a pasar por la calle de Madero. Había estado en bibliotecas en el ámbito donde había estudiado pero ahí por primera vez vi una librería como tal, que expendiese libros, estaba ante un espectáculo impresionante, tuve oportunidad de que me atendiese don Tomás Espresate, padre de Neus, de la prestigiosa Editorial Era.

“Al paso de los años tuve oportunidad de acercarme más a través de la Librería Londres, que se fundó con libros de la Librería Madero, y que manejaba doña Alba Cama Villafranca, suegra de Vicente Rojo, madre de Albita, de Ana María y de Jaime. Me acerqué ahí como cliente y ya después de muchos años a doña Ana María, que en paz descanse, quien manejaba la Madero, y viví de frente esa otra crisis económica de la Librería Madero por 1987 cuando llegué, pues debían dinero por dos años de rentas caídas. Tenían demandas en tres diferentes juzgados, deudas con proveedores, falta de cuidado…”

--¿Cuál será la trascendencia de la Antigua Madero para la sociedad mexicana?

--Debemos entenderla desde la perspectiva de que este país es el primero de toda América donde hubo imprenta. Hay que ofrecerle a la sociedad actual la oportunidad de reencontrarse con la importancia que tuvo en un momento determinado el libro y en lo que hoy tiene para nosotros en todo sentido.

“Todos quienes fundaron y participaron en la Librería Madero de antes dejaron una semilla que ha progresado y hoy tenemos que ser capaces de ponerle un sello posterior con nuestra manera de ser en la vocación de libreros para Antigua Madero.”

Tal misión se resume al interés y el gusto de Fuentes por los libros.

“Yo propondría algo en mi caso particular y es que sé la capacidad que tengo de deshacerme de las cosas para que transiten a destinos más específicos. No las tiro, las hago circular y además, no me apropio de ellas. Me siento más satisfecho cuando pongo en circulación un libro por importante o caro que sea, en vez de haberlo guardado o atesorado.

“El tesoro radica en que haya pasado por mí, el que tenga un buen recuerdo de ese tránsito de libros, de ese tránsito de las gentes que los han adquirido, de la relación hermosa que se establece con quien adquiera un libro. Me emociona pues posee un gran respeto y gusto por estos espacios. Los nostálgicos de la Librería Madero tenemos clientes que nos llaman preguntando cuándo abrimos Antigua Madero. Nos gusta que vengan y nos visiten si van a comprar libros, para conformar este nuevo espacio. Aquí hallarán los mismos temas que hemos manejado, arte, arqueología, antropología, arquitectura, cocina e historia de México.”

PATRÓN DE LOS LIBREROS

Algo de romántico hay en el traslado a la casona de Antigua Madero:

“Acabo de recibir autorización de ocupar un auditorio aquí para

una presentación del libro El eclipse del Sueño de Sor Juana, de Américo Larralde, gran amigo de la Librería Madero, tras la del 21 de febrero cuando se presentó en el Fondo de Cultura Económica.

“Detrás de las paredes habita una historia; pero adentro de los seres es que se engendra esa historia. La casa va a donde uno vaya… Y así es que hoy estamos en este espacio de Isabel La Católica 97 esquina con San Jerónimo, quien tradujo La Biblia por primera vez y es patrono de los libreros, al cual haremos honor con una réplica del retrato que en 1430 le pintó Antonello de la Messina.

“Américo Larralde precisamente hará la reproducción aquí, en mosaicos y ladrillos al alto calor, con la iconografía animal de San Jerónimo del león que se le vence con la fe; están también las otras imágenes del gato, que ayuda comiendo a los ratones para que no destruyan los pergaminos antiguos; la perdiz y el pavorreal, que significa la soberbia. Son los cuatro símbolos.”

Las estanterías de Antigua Madero son “fantásticas”, refiere.

Justo ahora un equipo de ebanistería brinda las pinceladas finales.

“Hasta donde documentamos son de la botica de los hermanos Sanborns, este mueble en la mera entrada fue desmontado de Madero y se recuperó aquí; otro está en el espacio siguiente. Amigos libreros de la calle de Cuba, don Amado Vélez e hijos, me dijeron que aquí era donde iban a comprar la leche. Supongo por los vecinos que también se vendieron quesos…

“Las estanterías pertenecían al Ateneo Español, donde estaba la biblioteca del acervo de los republicanos. Y en la parte de atrás donde se trabaja en carpintería y rehabilitación, hay dos más que una joven española bibliotecaria del Ateneo me informó fueron de la primera editorial republicana que hubo en México, la editorial Séneca. Lo comenté a Adolfo Castañón y me dijo, ‘Enrique, hay que ponerle una placa donde conste que fueron de la Editorial Séneca, yo pago la placa’.”

Entre los volúmenes importantes que han transitado por la Madero, cita aquel que ante los señores de la Real Audiencia (“por el año de 1723, me parece”), brindó testimonio de la heredad de los descendientes del emperador Moctezuma:

“Es un manuscrito que llegó a la Biblioteca Nacional, sin título, con los escudos genealógicos de estas familias pintados a mano, dando parte ya no del árbol sino como yo le nombro, del nopal genealógico del emperador Moctezuma y el encuentro con ese otro mundo de los conquistadores. Pero para efectos personales, independientemente de lo valioso de un libro, yo creo que encontrar una primera edición del Pedro Páramo de Juan Rulfo en el Fondo de Cultura es toda una maravilla y resulta extraordinario, si bien los primeros cuentos aparecieron en la revista América.”

A pregunta de Proceso, critica que el periodista argentino Andrés Oppenheimer, entrevistado por la hoy candidata presidencial Josefina Sánchez Mota en Nuestra oportunidad. Un México para todos (Aguilar, 2011), termine opinando sobre la educación en México: “Necesitamos menos historiadores y más ingenieros. Y en las universidades mexicanas hay más historiadores que estudiantes en las ciencias de la computación.”

Pero “la mirada de la historia no se estanca en el pasado, sino que es visado para el porvenir”, refuta el librero:

Autor de Las redes ocultas del libro, donde incluye la frase “apague la televisión y use su imaginación”, Enrique Fuentes Castilla concluye:

“¿La necesidad actual en el mundo es la tecnocracia? Pues yo invitaría a la gente que leyera el libro de entrevistas a historiadores de diferentes nacionalidades y entre ellos a mexicanos, Profetas del pasado, en Editorial Era, que realizó Christopher Domínguez Michel.

“Son testimonios de historiadores que nos aportan mucho sobre ese pasado y la aclaración muy importante acerca de esta historia lineal que es la historia de bronce, como puede llamársele, a mí me gustaría que la gente leyese esos textos para ir aclarándonos. A título personal yo tengo una frase: ‘La historia es una yegua briosa, negra y encabritada que no cualquiera monta’.”

Redacción/SinEmbargo

Redacción/SinEmbargo

Lo dice el reportero