Fue a mediados de agosto de 2002 cuando Turn on the bright lights irrumpió en la escena musical mundial. Hasta unos meses antes de su salida el panorama del rock en general era incierto. En el orbe aún hacían eco los sonidos pop característicos del final del siglo XX encabezados por las boy bands y las entonces lolitas como Britney Spears o Christina Aguilera.
El rock, en cambio, arrastraba tras de sí a un moribundo "Nu metal" que tuvo sus mejores épocas de 1997 a 2000. El boom de bandas como Korn, Limp Bizkit, Godsmack e incluso Linkin Park, comenzaba a ceder ante la falta de nuevas propuestas en su sonido. Si acaso, del catálogo de agrupaciones colocadas en dicho estilo, sólo Deftones parecía la más sana, aunque también la más alejada de ese conjunto de bandas.
Así pues, Paul Banks, Carlos Dengler, Daniel Kessler y Sam Fogarino entraron con el pie derecho en una escena musical en la que no se vislumbraba un estilo específico. Su album debut, representó entonces una bocanada de aire fresco y de paso trajo de vuelta un sonido que muchos creían olvidado.
El bajeo preciso y contundente de Dengler, junto con los arreglos de Kessler y Fogarino envolvieron a la perfección la tesitura de un Paul Banks; entonces, su voz, hizo pensar a muchos que Ian Curtis había sido sacado de su tumba para volver a maravillar a sus huérfanos seguidores.
Los acordes casi repetitivos armaban una secuencia hipnótica que iba creciendo, desencadenándose -finalmente- en coros en los que la voz profunda de Banks explotaba sin llegar a los gritos desgarradores que en otras circunstancias y épocas pudieron haber sido la conclusión lógica. Había una propuesta elegante y melancólica; un sonido familiar y a la vez desconocido que se escondía en los primeros 11 tracks de Interpol en el mundo del mainstream.
La etiqueta post punk comenzó a sonar de inmediato cuando se referían al cuarteto neoyorquino, pero fue el indie rock en donde estuvieron más encasillados, quedando emparentados así con otras agrupaciones contemporáneas a ellos como The Strokes, Stellastarr*, The National o The Libertines. El rock tenía una moda nueva y la avalancha de bandas no tardó en llegar.
Sin embargo, el sonido de Interpol se mantuvo alejado de las multitudes de bandas que clamaban por un trozo del pastel que fincaran quince años atrás otros clásicos como The Jesus and Mary Chain, Swans o My Bloody Valentine.
10 años después de lanzado, Turn on the bright lights sigue siendo tan diferente a los álbumes editados en aquel 2002. La prueba está en que ha sobrevivido al paso de los años y mientras el resto quedó en el olvido, éste sigue siendo material de referencia, colocándose como un clásico moderno para nuevas generaciones de músicos.






