Escritora maya encabeza la reivindicación de su linaje

04/09/2012 - 7:44 pm

Mérida, 4 Sep. (Notimex).- A través de las letras, la escritora maya Sol Ceh Moo encabeza una lucha por la reivindicación del linaje de su pueblo, de la mujer y contra el rezago generado por la pobreza que parece incrustarse entre “los más pobres”.

Segura de sí, incansable, vanidosa y coqueta, Ceh Moo se rebela contra los cánones literarios de los “escritores tradicionales” que pretenden limitar su trabajo -el de una mujer- al cuento, la anécdota y leyendas, por el contrario, incursiona en géneros como novela, crónica o ensayo, con temas tales como el incesto o la guerra.

Su rebeldía también la lleva a ser crítica del sistema al que pide no hacer de la cultura maya una moneda de cambio para atraer turistas; a la sociedad reconocer que los mayas son gente que vale por su honestidad, por su trabajo y su capacidad.

“Soy una mujer que lucha, que se esfuerza muchísimo, que trabaja de una manera muy metódica, muy disciplinada, de tal forma que todos mis objetivos y metas se logran en tiempo y forma, como planeo, pero más que nada, soy una mujer maya que está teniendo una relevancia social”, enfatiza la coordinadora de Desarrollo Cultural de municipios.

La prolífica escritora maya recuerda que “con un lápiz y una libreta, que me costó seis pesos y que compré con el dinero que gané en un trabajo, cursé la secundaria, incluso llegué a borrarla varias veces para tener más espacio dónde escribir. Era una época difícil no como ahora que te regalan los libros”.

Así, ha llegado a ser maestra por la Universidad Autónoma de Yucatán, traductora e intérprete en lenguas originarias por la Universidad Nacional de México; especialista en etnolingüística por Guatemala y tallerista de diversos foros, hasta cursar en la actualidad la carrera de Derecho.

La escritora ríe al recordar su pretendida rebeldía a los 17 años -cansada de burlas y prohibiciones paternas- de hablar la lengua maya pero su historia también viene acompasada de su reivindicación, al darse cuenta que en su rostro y corazón llevan las marcas que impone el Mayab.

A los 17 años, quise ser una mujer blanca, una mujer fina, “dzul” o catrina, una mujer de la plaza de los pueblos, porque se dice que en la plaza de los pueblos vive la gente rica, eso cree la gente humilde para no sufrir cuando te llaman de manera dolorosa maya, indio, tzotzil.

“Nadie puede negar que soy una mujer indígena, pero yo era la que se esforzaba por negarlo constantemente. Por echarme las cremas todos los días, por lavarme la cara, por mantenerme oculta en mi casa para que el sol no me pegara y en ese momento pensaba que era fácil deshacerse de ese linaje, de ese origen. Eso es imposible”, refirió.

Pero hoy, desde sus trincheras hace uso de foros y presentación de libros para evitar que se diga: “venga a Yucatán y vean a los indios que hacen tortillas, a las mujeres mayas sentadas frente a la fogata; a los niños mayas corriendo desnudos porque son indios”.

Así surge la primera advertencia; “ese tipo de cosas es un aspecto discriminativo y que yo como escritora no estoy dispuesta a tolerar”, razón por la cual alzó la voz el pasado 8 de marzo, cuando en el INALI se invitó a varias creadoras a recibir un premio por su trayectoria, pero en vez de ello sólo les tomaron una “foto” oficial.

“Mi voz se ha hecho escuchar, para ya no más utilizar a la mujer indígena, ya no más el silencio, ya no más para que se levanten el cuello quienes organicen eventos nacionales e internacionales y que reciben y manejan sus fondos y nos utilizan para que comprueben gastos que no hicieron”, resaltó.

Redacción/SinEmbargo

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