A casi un año de su regreso, Trump convierte la Casa Blanca en espectáculo de poder: desprecia a la prensa, confronta al mundo y consolida un gobierno autoritario.
Ciudad de México, 17 de enero (SinEmbargo).- A casi un año de su regreso al poder, Donald Trump ha convertido la Casa Blanca en el epicentro de una política marcada por el desprecio a la prensa, la confrontación internacional y el uso del poder como espectáculo. Entre insultos a mandatarios extranjeros, intervenciones militares, guerras comerciales y la transformación física de la residencia presidencial, su segundo mandato ha consolidado un estilo de gobierno que para muchos ya no es solo polémico, sino abiertamente autoritario.
La política interna ha estado marcada por el desprecio a la prensa, a la que rutinariamente califica de "enemiga del pueblo", restringiendo su acceso y favoreciendo a medios afines. Esta estrategia se complementa con el uso de plataformas propias para difundir desinformación y ataques personales, desviando la atención pública de las controversias y fragmentando el diálogo democrático. Una de sus primeras acciones fue la firma de la Orden Ejecutiva 14149, que supuestamente buscaba limitar la censura federal, pero que expertos advirtieron que podría habilitar la propagación de información falsa al debilitar los mecanismos de moderación de contenido.
En el ámbito simbólico e institucional, el gobierno de Trump ha impulsado una campaña para reetiquetar símbolos públicos e instituciones. Esto incluye la controversial votación para renombrar el Kennedy Center como “The Donald J. Trump and The John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts”, así como la revisión de exhibiciones museísticas para omitir menciones a eventos polémicos como el asalto al Capitolio de 2021, en un aparente intento de reescribir la historia reciente.
Paralelamente, el Presidente impulsó un ambicioso y criticado proyecto de remodelación de la Casa Blanca, que incluye la construcción de un gran salón de baile y la demolición parcial del ala este. El proyecto, valuado en cientos de millones de dólares, fue demandado por organizaciones preservacionistas como el Consejo Asesor en la Preservación Histórica (ACHP) por falta de transparencia y riesgos para el patrimonio, lo que no impidió a la administración destituir a miembros de la Comisión de Bellas Artes que supervisaban estos proyectos.
A su vez, la política exterior ha escalado las tensiones diplomáticas, caracterizándose por una retórica agresiva y provocadora hacia líderes y gobiernos extranjeros. Trump ha insinuado públicamente la necesidad de una intervención militar directa en México y Colombia para "combatir carteles," declaraciones rechazadas tajantemente por los gobiernos de esos países como una violación a su soberanía. La escalada alcanzó un punto crítico con la operación militar estadounidense en Venezuela el 3 de enero, que culminó con el secuestro del Presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y su posterior traslado a Nueva York.
Tras la operación, Trump anunció que Estados Unidos “administraría” temporalmente Venezuela y procedió a la primera venta de petróleo venezolano bajo control estadounidense. Además, el gobierno ha llevado a cabo importantes ataques aéreos y navales contra objetivos hutíes en Yemen, con un número significativo de víctimas civiles, lo que subraya una estrategia bélica sin amplios consensos internacionales que, según los críticos, degrada la reputación moral de Estados Unidos.

Cambios de nombre y reescritura de relatos históricos
Una de las marcas más visibles del Gobierno de Trump en 2025 fue la campaña por renombrar y reetiquetar instituciones públicas y símbolos nacionales.
La Junta del Kennedy Center votó rebautizar el centro cultural como “The Donald J. Trump and The John F. Kennedy Memorial Center for the Performing Arts”, una decisión que ha sido impugnada legalmente por legisladores por carecer de base jurídica clara.
Listados y símbolos federales han sido objeto de cambios para incluir referencias a Trump, como parte de una estrategia por imprimir su sello personal en la memoria institucional del país.
Instituciones museísticas han revisado exhibiciones para omitir menciones a eventos polémicos, como los juicios de impeachment o el asalto al Capitolio en 2021, reconfigurando narrativas históricas bajo un enfoque simplificado.
Desde el partido demócrata sostienen que estos cambios no son meros ajustes nominales, sino un intento de reescribir la historia reciente para favorecer una visión personal o política del Presidente.
Remodelación de la Casa Blanca
Quizá ninguna iniciativa ejemplifica mejor el enfoque del mandato de Trump que su ambicioso proyecto de remodelación de la Casa Blanca.
El Presidente impulsó la construcción de un gran salón de baile estatal de casi 90 mil pies cuadrados, con capacidad para cientos de invitados, demolió parcialmente el histórico ala este y trazó nuevos espacios que no se habían visto desde los tiempos del Presidente Truman.
El plan, estimado en cientos de millones de dólares, ha sido criticado por preservacionistas que alegan un descuido del patrimonio histórico y un proceso con poca transparencia y participación pública.
El Consejo Asesor en la Preservación Histórica (o ACHP por sus siglas en inglés), la principal organización estadounidense de preservación histórica, presentó el pasado 15 de diciembre una demanda federal para frenar las obras, señalando que la Casa Blanca es un símbolo nacional que no debería modificarse sin consenso y revisiones reglamentarias profundas.
La ACHP planteó como principal preocupación la ausencia de procedimientos formales de consulta y transparencia en torno a la reforma, además de advertir sobre los riesgos arquitectónicos y patrimoniales que la expansión proyectada conllevaría para la Casa Blanca.
Pese a las muestras de inconformidad, la administración Trump destituyó a seis miembros designados por la administración anterior en la Comisión de Bellas Artes, lo que eliminó supervisión experta sobre proyectos de construcción y renovación.

Insultos a otros presidentes y tensiones diplomáticas
Trump ha intensificado su retórica contra líderes y gobiernos extranjeros. Su estilo ha ido más allá de la crítica tradicional, llegando a declaraciones provocadoras hacia jefes de Estado, generando tensiones abiertas con aliados y adversarios por igual.
En varias ocasiones ha insinuado que México necesita ayuda militar directa contra el narcotráfico, lo que fue rechazado tajantemente por el presidente mexicano Claudia Sheinbaum, quien señaló que tal intervención es “innecesaria” y una violación a la soberanía nacional.
Su administración también ha sido acusada de amenazar con acciones militares en México y Colombia para “combatir carteles”, declaraciones que fueron consideradas como amenaza a la soberanía de esos países por sus respectivos gobiernos.
Sin embargo, las amenazas de Trump han escalado de nivel. El segundo mandato del republicano ha visto un importante incremento de la presión militar estadounidense más allá de sus fronteras.
El pasado 3 de enero, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar en Venezuela que culminó con la detención del Presidente Nicolás Maduro y que provocó críticas de varios gobiernos de la región, incluído México, que condenaron la agresión y abogaron por soluciones pacíficas.
Trump ha afirmado estar “preparado y listo” para usar fuerza militar en Irán, en medio de masivas protestas internas en ese país, mientras impone tarifas del 25% a países que comercien con Irán como medida de presión internacional.
La acción incluyó bombardeos sobre Caracas y otras áreas estratégicas, así como el despliegue de cientos de aeronaves y fuerzas especiales que atacaron instalaciones militares y puntos clave del régimen.
Resultado de la ofensiva, las fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en una operación que el gobierno de Trump calificó como un éxito estratégico. Poco después, ambos fueron trasladados a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico y terrorismo ante tribunales federales estadounidenses.
Trump anunció que Estados Unidos “administraría” temporalmente Venezuela, con el objetivo declarado de facilitar una transición política “segura y ordenada”. En sus propias palabras, afirmó que su gobierno mantendría el control del país hasta que se estableciera un nuevo liderazgo que pudiera garantizar estabilidad y seguridad.
La intervención no se quedó solo en el terreno militar. Trump anunció la primera venta de petróleo venezolano bajo control estadounidense, valuada en 500 millones de dólares, e indicó que planea aprovechar decenas de millones de barriles más para “beneficiar tanto a Estados Unidos como al pueblo venezolano”.
Además, en 2025 Estados Unidos llevó a cabo ataques aéreos y navales contra objetivos hutíes en Yemen, en lo que fue considerada la más grande operación militar estadounidense en Medio Oriente desde años recientes, con un número significativo de víctimas civiles.
Críticos advierten que estas intervenciones y estrategias bélicas sin amplios consensos internacionales agravan conflictos regionales y degradan la reputación moral de Estados Unidos en el mundo, erosionando mecanismos diplomáticos tradicionales de resolución de conflictos.




