La novela debut de Virginia Evans es una profunda e imaginativa narración construida íntegramente a partir del género epistolar.
Ciudad de México, 9 de febrero (SinEmbargo).– Sybil Van Antwerp intenta sanar viejas heridas y darle sentido al mundo de la única manera que conoce: a través de las cartas. En tiempos de mensajes instantáneos, esta mujer sostiene una correspondencia amplia, reflexiva y extensa, dirigida a amigos, familiares, editores, libreros, instituciones culturales y antiguos conocidos. Su vida se revela así en lo que dice y, sobre todo, en aquello que insiste en decir.
Esta narración epistolar, profunda e imaginativa, da forma a La corresponsal (VR Editoras), la novela debut de la escritora estadounidense Virginia Evans. La historia se articula exclusivamente mediante cartas, de modo que todo lo que el lector conoce proviene de la voz de Sybil: una mujer culta, irónica, orgullosa y, por momentos, áspera.
Evans elige el formato epistolar no como un recurso nostálgico, sino como una herramienta narrativa que plantea una pregunta crucial: ¿qué perdura de nosotros cuando ya no se nos consulta y nuestras palabras parecen llegar demasiado tarde?
La respuesta de la autora, aunque no es optimista, es profundamente literaria: lo que queda es la escritura, las cartas, la voz, incluso cuando se leen por última vez. En ese gesto íntimo y obstinado reside la fuerza de la novela, que recuerda una idea esencial sin recurrir a estridencias: escribir es también una forma de no desaparecer.





