El sonido y la furia de Red Hot Chili Peppers hacen temblar el Palacio de los Deportes

06/03/2013 - 12:47 am

Foto: Cuartoscuro

Ciudad de México, 5 mar (SinEmbargo).- El torso desnudo de Flea bailando como si su cuerpo fuera de goma. La cabeza abajo, porque como se sabe, el oriundo de Australia mira muchas veces el mundo del revés, dado vuelta, acercándose como Ícaro al fuego de su propio corazón.

El sonido y la furia de Red Hot Chili Peppers, la banda de California que cerró seis años de ausencia en nuestro país, hicieron vibrar las casi 26 mil almas que poblaron el Palacio de los Deportes, en el primero de los dos conciertos que la agrupación ofrecerá en el Distrito Federal, como parte de la gira mundial iniciada en julio del 2011 para dar a conocer en vivo el disco I’m with you.

Se trata de RHCP sin John Frusciante y con la personalidad segura y los acordes precisos del joven guitarrista Josh Klinghoffer, perfectamente acoplado a la veteranía y solidez instrumental de Chad Smith y Flea Balzary.

Anthony Kiedis se cuece aparte, en la rotunda soledad de su arte, vuelto gregario merced a una entrega total al ritmo de lo que debe ser una verdadera banda de rock.

Hubo un tiempo que no por pasado fue mejor, sino distinto. Ibas a los conciertos con un suéter colgado al hombro y el corazón latiendo aceleradamente. Hoy, la batería de iPad, celulares, cámaras escondidas en el último rincón de la cartera, constituye un espectáculo por sí mismo. Muchas veces, a qué negarlo, es más importante lo que la gente hace en los conciertos más que el show per se.

Con 30 años de carrera encima, Red Hot Chili Peppers vence el paradigma de nuestro tiempo y se hace cargo del espectáculo en forma exclusiva y excluyente. No hay manera de no ver lo que pasa en el escenario, de no querer trasladarse al centro de la tarima para bailar y gritar con los músicos, en una comunión definitiva y transformadora.

“Este es un tipo grande y fuerte, un verdadero hermano de Dios: Chad Taylor Smith”, dice Flea con su rostro por algunos momentos de niño y por otros cual Klaus Kinski revivido y tan loco como era el complejo y genial actor de Werner Herzog.

El águila tallada en la espalda de Anthony y los temas que inician a las 21 horas de un martes en el que murió Hugo Chávez y el Real Madrid logró colocarse en los cuartos de final de la Champions League.

“Monarchy of roses”, “Dani California”, “Otherside”, ésta la canción que desató la fiebre de los asistentes, muchos de ellos capaces de ser los hijos o los nietos de los músicos cincuentones que desafían el paso del tiempo con una música sin edad y una voluntad de presente que estremece.

Cuando llega el turno de “The Adventures Of Raindance Maggie”, los acordes complicados que parecen sencillos de Johs Klinghoffer se erigen en el patrimonio futuro que la agrupación guarda para unos fans que podrán disfrutarlos, si así lo quiere el destino, durante muchos años más

La personalidad del joven guitarrista, cómplice sincero en los improvisados sets instrumentales con el que es considerado uno de los mejores bajistas del mundo, redime a la banda de cualquier nostalgia paralizadora.

Es cierto que en “Californication”, por ejemplo, mucha gente se mordió el labio inferior añorando la dulzura devastadora de la guitarra de John Frusciante, pero Josh resuelve la ausencia ofreciendo una osada propuesta estética, regalando un sonido propio y una seguridad que demuestra que el puesto nunca le quedó ni le quedará pequeño.

Es virtuoso en los solos, pero lo es aún más en esa serie de acordes que mezclan en dosis exacta dureza y blandura. Tiene un sonido seco, preciso, melodioso cuando hace falta y mucho, mucho rock encima.

Un parteaguas en el concierto fue la interpretación de “Under the bridge”, que inician Anthony y Josh, y a quienes se unen luego Flea, vestido con una camiseta blanca, como si le dijera a su compañero de escuela y hermano de la vida que ese tema que habla del abismo de las drogas y la supervivencia, no merece su torso desnudo y su andar de cabeza por la tarima.

Chad Smith es mucho Chad Smith aun en los pocos momentos en que la adrenalina a tope da paso a las baladas tristes, reflejo de un letrista que como Kiedis ha sabido contar sus idas al infierno en canciones enormes, inmortales.

Escondido aunque no tanto, el brasileño Mauro Refosco, el mismo que se luce en Atoms for peace, la banda alternativa de Flea y Thom Yorke que esta semana dio a conocer su primer disco, Amok.

No olvidaremos el pantalón con una pierna cortada, las vueltas mareadoras de Anthony alrededor de sus compañeros como si celebrara una ceremonia india.

No olvidaremos el mono rojo de Chad y su performance de otra dimensión…ese “érase un hombre a una batería pegado”, no olvidaremos esa manera que tiene Flea de darle un nuevo significado al slap y no olvidaremos, claro, el rostro angelical de Klinghoffer afinando la garganta en los coros para una banda que ya es la suya y ojalá por mucho tiempo.

Sobre todo, no olvidaremos “By the way”, la muestra exacta de nuestra propia desmesura, la exhortación a romper todo y quebrarnos y reconstruirnos al mismo tiempo, en la certeza conmovedora de que la eternidad cuesta dos horas, 17 canciones y un show inverosímil de tan auténtico.

Larga vida al rock, larga vida a Red Hot Chili Peppers.

Mónica Maristain

Mónica Maristain

Es editora, periodista y escritora. Nació en Argentina y desde el 2000 reside en México. Ha escrito para distintos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Playboy, de la que fue editora en jefe para Latinoamérica. Actualmente es editora de Cultura y Espectáculos en SinEmbargo.mx. Tiene 12 libros publicados.

Lo dice el reportero