
Ciudad de México, 18 abr (SinEmbargo).- El legendario Cocodrilo Dundee, tal como se conoce al actor australiano Paul Hogan, anda en busca de unos 34 millones de dólares que se le han perdido en paraísos fiscales.
Como se sabe, es una costumbre muy arraigada de los ricos adquirir empresas y cuentas bancarias secretas, mediante complejas estructuras que aseguran el anonimato necesario, un estatus que no está disponible para el ciudadano promedio.
Muchos de los principales bancos del mundo han trabajado agresivamente para ofrecer a sus clientes la participación en empresas encubiertas en las Islas Vírgenes Británicas y otros refugios allende el altamar.
La mafia y otras formas del crimen organizado también utilizan este método para ponerse a resguardo de la ley y conservar el dinero mal habido.
Así las cosas, esta arma de doble filo le ha mostrado a Hogan, de 73 años, su hoja letal. Él quieren que sus millones regresen, pero sus intermediarios de Ginebra se niegan a darle el botín.
NEGOCIAR CON EL DIABLO
Es conocido que Paul Hogan amasó una cuantiosa fortuna por la que Australia le reclamaba 133 millones de dólares en impuestos, al punto de que cuando asistió al funeral de su madre en 2010, se vio impedido de regresar a los Estados Unidos, donde vive con su esposa Linda Kozlowski, quien también fue su pareja en la primera, segunda (1988) y tercera secuela (2001) de Cocodrilo Dundee.
El fisco australiano acusó al actor de no declarar ingresos obtenidos desde 1986, el año que protagonizó la primera película de la saga Cocodrilo Dundee, el mayor éxito del cine australiano hasta el presente, con una recaudación en taquilla de 350 millones de dólares.
En el 2006, la justicia australiana comenzó a investigarlo, al notar que varios pagos por las películas sobre el cazador de cocodrilos fueron realizados a través de sociedades en Chile y en las Antillas Holandesas, en el Caribe.
Lo cierto es que el también conductor televisivo y productor pudo haber arreglado sus problemas con la oficina de hacienda de Australia, pero decidió utilizar los servicios de un asesor para esconder 34 millones de dólares en paraísos fiscales y de ese modo evadir los impuestos correspondientes.
La maniobra de estafa tiene un nombre, el de Philip Egglishaw, el autor intelectual y prófugo de la justicia del mayor esquema de evasión de impuestos de Australia.
Paul Hogan es uno más en la larga cola que espera la reaparición de Egglishaw y con ello la devolución de sus activos.
La ecuación es sencilla de entender: el hombre que creó complejas estructuras corporativas en paraísos fiscales para ayudar a evadir impuestos, se ha quedado con el dinero de sus clientes, entre ellos con el del Señor Cocodrilo.
De acuerdo al representante de Paul Hogan en un tribunal de California donde se ha establecido la demanda, Egglishaw está acusado de haber huido (o gastado) los millones del célebre actor.
El dinero estaba guardado, según el ahora prófugo Egglishaw, en un Fideicomiso de Cartago, cuyo titular, Felipe de Figueiredo, está en prisión en Australia por defraudar al gobierno por una suma cercana a los 4 millones de dólares, lo que representa sin duda un problema añadido para el demandante.
El pecado de De Figueiredo, que vivía a todo lujo en Costa de Oro, es precisamente diseñar una estrategia de evasión fiscal en la que participaron varias celebridades australianas, no sólo el citado Paul Hogan.
El prisionero, que también enfrenta cargos por lavado de dinero, ha prometido colaborar con la justicia australiana y por lo pronto ya se ha emitido una orden de arresto contra Egglishaw, quien estaría en Suiza.
Mientras tanto, Paul Hogan y su asistente, John Cornell, han pactado en secreto con la Oficina Nacional de Impuestos en 2012, por lo que la situación con la hacienda australiana ya están resueltos.





