
Ciudad de México, 20 abr (Sin Embargo).- “Entrar en los lugares sin ser vistos. No modificar el estado de los lugares. No tomar absolutamente nada del lugar. No dejar rastro de la visitas”: con esas máximas inapelables y cargadas de sentido común, el o la responsable de la página www.lugares-abandonados.com, da cuenta de una peculiar experiencia humana que nos define tanto y tan bien como otras más activas y en pleno funcionamiento.
Se trata de fotografiar obras abandonadas, lugares donde antes habitaron hombres y máquinas, paisajes ahora desolados que revelan una belleza sobrecogedora, la de la tristeza, la de la ausencia, la de la nostalgia y la melancolía.
El proyecto es atractivo en su esencia y muy original en su ejecución. Por lo pronto, el creador o creadora no revela su identidad porque, según lo enuncia en la propia web, “es la página la protagonista”.
Tampoco da a conocer la ubicación exacta de los sitios que retrata, para no generar un turismo dañino que erosione la belleza fantasmagórica y silvestre que da marco a paisajes subyugantes y hondos, envolventes.
“Se puede decir que desde que nací (1981) siempre me han llamado la atención los lugares abandonados: lugares en los que había habido vida y que hoy, por un motivo u otro, han dejado paso al olvido”, dice el creador de lugaresabandonados.com
Siempre que puedo entro en estos sitios acompañado de amigos: da más seguridad, además, siempre pueden ayudarte si te pasa algo. Otras veces tengo que ir solo: suele ser cuando estás de viaje, lejos de casa, y mientras vas por la carretera ves un edificio abandonado.
Cuando entro en un lugar abandonado es porque hay un acceso fácil: ni reventar puertas ni cargarse nada. Si entro es porque hay alguna puerta abierta”, afirma.
El autor (usando el genérico sin distinción de sexo) descree de los fenómenos paranormales que ciertas personas adjudican a “sitios malditos” expresados en barcos o casas derruidos. Tiene miedo a veces, aunque es más la tensión que se apropia por una atmósfera que muestra vida en la decadencia, que guarda una historia rica entre los restos.
Busca lugares preferentemente vírgenes, sin graffitis ni huellas invasoras: la desolación en un estado puro como la fábrica de galletas que era tan grande que tenía una estación de trenes dentro…

…la locomotora dejada de lado por una empresa metalúrgica que ya no funciona…

…el complejo dedicado al ocio que cerró a principios de los ’90: dos piscinas de tamaño grande (una de ellas olímpica), terraza - bar y zona habilitada para mini-golf…






