
Ciudad de México, 26 de junio (SinEmbargo).- Paleontólogos descubrieron los restos fósiles de un extraño reptil, con protuberancias en su cara, que deambuló en el desierto del único continente que había sobre la faz de la Tierra hace unos 260 millones de años.
El descubrimiento de estos nuevos fósiles ocurrió en el norte de Níger, África, en donde los investigadores encontraron los restos de esta peculiar criatura herbívora del tamaño de una vaca actual.
El nuevo estudio publicado en Journal of Vertebrate Paleontology sugiere que este animal con rostro bulboso vivía a mitad de ese antiguo mundo en donde había un desierto aislado con una fauna muy particular.
La extraña criatura encontrada fue bautizada como Bunostegos akokanensis, la cual pertenece a la familia de los pareiasáuridos, grandes herbívoros que tuvieron su apogeo hace entre 266 y 252 millones de años, durante el periodo Pérmico medio y superior.

La mayoría de los pareisáuridos tenían protuberancias óseas en sus cráneos. Sin embargo, el bunostegos poseían las más grandes. Lo que lleva a especular a los investigadores sobre su aspecto tosco, incluso comparado con otros de su especie.
"Hasta ahora, Bunostegos akokanensis es el único pareiasáurido encontrado en Níger", dijo Linda Tsuji, autora principal del estudio e investigadora del Museo Burke de la Universidad de Washington, quien además indica que un adulto de esta especie "debía pesar unos 272 kilogramos", publicó el diario español El Mundo.
Según creen algunos investigadores, los Bunostegos (cuyo nombre quiere decir "techo lleno de protuberancias") podrían ser parientes de las tortugas actuales. Sin embargo, una de las partes más interesantes de este estudio no se centra en la criatura en sí, sino en el hostil ecosistema en el que vivía.
En una región muy diferente al resto de Pangea, los investigadores creen que en el centro de este supercontinente que se cree dominaba la Tierra en esta época, había un desierto climáticamente aislado y con una fauna característica de la cual los "bunostegos" formaban parte.
En este inhóspito y extremadamente seco desierto, los Bunostegos fueron unos de los habitantes habituales. Sin embargo, en ese entorno la alimentación que permitió por tanto tiempo la subsistencia de un animal del tamaño de una vaca sigue siendo un misterio.

"Probablemente había una estación más húmeda y, a pesar de que no tenemos muchos fósiles de plantas, debía haberlas en cantidad suficiente para abastecer a poblaciones de herbívoros de gran tamaño como Bunostegos", dijo Tsuji.
La zona donde fue encontrado el Bunostegos ha sido poco explorada, por lo que los paleontólogos tienen la esperanza de que –a medida que se realicen más excavaciones– emerjan nuevas criaturas que vivieron en esa región de duras condiciones climatológicas que se daban durante el Pérmico.
Por su parte, en cuanto a la apariencia del Bunostego, las enormes "verrugas" que presentaba probablemente eran cuernos cubiertos de piel, como los de las jirafas modernas. Sin embargo, aunque a primera vista dichas características parecen sugerir que el Bunostegos fue un Pareiasaurus evolutivamente avanzado, también presenta muchas características primitivas.
En realidad, estaba más estrechamente relacionado con sus familiares más antiguos, lo que lleva a la conclusión de que su cabeza llena de protuberancias fue el resultado de una evolución convergente y, también, que su linaje genealógico quedó aislado durante millones de años en el desierto del supercontinente primitivo.





