Autora: Natalia Arroyo
Un asesino serial puede ser cualquier persona. Un vecino encantador y hombre ejemplar, como John Wayne Gacy, hasta que se descubrió que mató a 33 jóvenes, convirtiéndose en el “payaso asesino”; un viejito inofensivo como Albert Fish, que se convirtió en el “abuelo caníbal”, al salir a la luz sus más de 100 asesinatos; un brillante universitario, con 27 mujeres asesinadas en su historial, como Ted Bundy. O una bella condesa, que mataba para mantenerse joven con la sangre de sus víctimas, como Erzsébet Bathory, que se dice, asesinó a más de 600 doncellas. Otros más astutos que la policía, como el “asesino del zodiaco”, de quien nunca se tuvo pista de quien fue, ni siquiera, si sigue vivo.

En México, hubo criminales que conmocionaron a la sociedad como “Las Poquianchis”, “La tamalera asesina”, “La Mataviejitas” o “El caníbal de la Guerrero”. Sin embargo, existen características específicas para que a alguien le sea otorgado el mote de “asesino serial”. Robert Ressler inventó el término que sería aplicado para personas que cometen asesinatos de manera casi idéntica, sin motivo aparente y con un periodo de tiempo entre cada víctima. El Dr. Joel Norris y Jonathan Pincus agregan además, piromanía, crueldad excesiva con los animales, enuresis (incapacidad para controlar la orina), madres dominantes, daños neurológicos e inteligencia arriba del promedio.
Por definición entonces, ninguno de los criminales mexicanos antes mencionados, se considera un asesino serial. Pero sí lo fue un hombre: Gregorio “Goyo” Cárdenas, el “estrangulador de Tacuba”.
Goyo nació en 1915 y creció acompañado de conflictos con su madre. A pesar de ello, fue un destacado estudiante de Ciencias Químicas de la Universidad Nacional y gracias a una beca otorgada por PEMEX, pudo independizarse y rentar un lugar para vivir en el centro histórico de la ciudad de México, en Mar del Norte 20, Tacuba. Su modus operandi era recoger prostitutas, llevarlas a su casa en Tacuba y estrangularlas con una soga, para después enterrarlas en su jardín. Estas situaciones estilo Mentes Criminales o CSI: Miami, ocurrieron en agosto de 1942.
La primera víctima fue una chica de 16 años, el 15 de agosto. Ocho días después, una menor de 14 años; y la siguiente, 6 días después, el 29 de agosto. Goyo actuó de la misma manera con las tres sexoservidoras, las recogió en la noche, las llevó a su casa y cuando ellas estaban distraídas, ya sea en el baño o curioseando entre su laboratorio o sus libros, Goyo las atacaba por sorpresa. Un par de horas después, ya formaban parte de la vegetación del jardín.
Graciela Arias fue una chica de bachillerato de Ciencias Químicas de la UNAM, cortejada por Goyo y última víctima. El 2 de septiembre se ofreció a llevarla a su casa y en el camino abordo de su Ford, le declaró su amor, pero la chica lo rechazó. Esta vez no hubo soga de por medio, arrancó la manija del auto y la golpeó en la cabeza hasta matarla. Su morada final, fue la misma que la de las prostitutas.
En esta ocasión hubo personas que atestiguaron haber visto a Graciela irse en el automóvil. El día 7 de septiembre, Goyo le pidió a su madre que lo llevara a un hospital psiquiátrico y al día siguiente confesó.
Pasó 34 años en el Palacio Negro de Lecumberri (a excepción de un pequeño lapso en el que estuvo internado en el Manicomio La Castañeda), tiempo que aprovechó para estudiar Derecho, tocar el órgano, pintar, devorar libros sobre trastornos mentales y escribir otros tantos como Celda 16, Pabellón de locos, Una mente turbulenta y Adiós a Lecumberri.
El Dr. Alfonso Quiroz Cuarón, padre de la criminología mexicana, llevó el caso de Goyo Cárdenas y determinó que su condición de asesino se desarrolló a causa de una encefalitis en su niñez, misma que ocasionó una infección en el sistema nervioso central, destruyendo tejido no reproducible. En su libro El caso del estrangulador, relata la historia de Goyo. Cuenta que desde joven gustaba de torturar y matar pollos y conejos, que padecía de enuresis, así como la relación enfermiza con Vicenta Hernández, su madre.
Con una trayectoria de 15 días como asesino y cuatro víctimas, Goyo Cárdenas se convirtió en el asesino más popular de México. Quedó en libertad el 8 de septiembre de 1976 y ¿qué tan común es ver a un asesino serial homenajeado por el Congreso de la Unión? Pues Goyo era idolatrado, fue ovacionado por la Cámara de Diputados por ser un ejemplo de recuperación, era sinónimo de rehabilitación social.
En las últimas décadas del siglo XX, se le hicieron canciones, estampas e historietas. Películas inspiradas en él, como El profeta Mimí de José Estrada en 1973; el cortometraje El estrangulador de Nativitas, con Ari Telch, como Goyo. Y una obra de teatro de Víctor Hugo Rascón Banda, llamada El criminal de Tacuba. “El estrangulador de Tacuba” murió el 2 de agosto de 1999 y en 2003, se hizo el documental Goyo.
Publicado por Wikimexico / Especial para SinEmbargo






