México, 19 Nov. (Notimex).- El ambiente cultural mexicano ha manifestado su pesar a causa de la muerte del escritor Daniel Sada, quien falleció a las 23:00 horas de ayer debido a un mal renal, apenas unas horas después de que fuera anunciado como uno de los ganadores del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011.
Adriana Jiménez, su esposa, había lamentado durante la tarde de este viernes la indisposición del poeta a causa de su quebrantado estado físico, que lo que no fue posible darle la buena nueva anunciada por la Secretaría de Educación Pública (SEP), por temor a que la agradable sorpresa lo impactara de más.
Sin embargo, a los 58 años de edad, víctima de una enfermedad renal que lo aquejaba hace varios años y sin haberse enterado de este importante galardón obtenido por su obra, murió el escritor nacido en Mexicali, Baja California, el 25 de febrero de 1953, dejando tras de sí una amplia y rica herencia literaria.
Considerado uno de los impulsores de la literatura del norte, entre los elogios que recibió está el del chileno Roberto Bolaño, quien señaló en su momento que “Daniel Sada está escribiendo una de las obras más ambiciosas de nuestro español, parangonable únicamente con la obra del autor Lezama Lima”.
Sada obtuvo los Premios “Xavier Villaurrutia”, Nacional de Literatura, de Narrativa Colima para Obra Publicada y Herralde de Novela, y apenas la tarde de ayer la SEP lo dio a conocer como uno de los ganadores del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011, en la categoría de Lingüística y Literatura.
Los otros galardonados son, en Bellas Artes, Pedro Miguel de Cervantes Salvadores y Jorge Fons Pérez; en Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, Jean André Joseph Meyer Barth y Lorenzo Francisco Meyer Cossío, y en Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales, Pedro Julio Collado Vides.
En Tecnología y Diseño, Raúl Gerardo Quintero Flores; en el área de Artes y Tradiciones Populares, Óscar Chávez y Fernández, el Grupo de Alfareros de San Bartolo Coyotepec, Oaxaca, y Wilbert Alfonso de Jesús Herrera Pérez (póstumo).
Sada padecía una insuficiencia renal crónica terminal provocada por la diabetes, que lo mantuvo hospitalizado en repetidas ocasiones durante el último año. El deceso ocurrió en el Hospital Primero de Octubre del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, en Lindavista, donde fue internado el miércoles por una infección pulmonar.
Autor de tres libros de poemas, cinco de cuentos y nueve novelas, su obra “Porque parece mentira la verdad nunca se sabe” le mereció en 1999 ser considerado un renovador de la narrativa mexicana. Becario del Centro Mexicano de Escritores en 1978, tuvo como tutores a Juan Rulfo y Salvador Elizondo.
Calificado como escritor obsesivo, tallerista generoso, lector compulsivo y apasionado del béisbol, Sada era también un amante del buen comer y un hábil jugador de ajedrez. Hace unos meses apareció su novela “A la vista”, y su editor tiene ya en sus manos otra, lista para publicar, “El lenguaje del juego”.
En mayo pasado, Notimex informó que obras plásticas, visuales y literarias de Ángeles Mastretta, Laura Esquivel, Juan Villoro, Gabriel Macotela y Lorena Camarena, entre otros, formaban parte de la subasta que se organizó para apoyar a este poeta y narrador, Daniel Sada.
En esa ocasión se informó que Sada se encontraba en tratamiento por la insuficiencia renal que padecía. En la puja se pusieron a la venta manuscritos de Guillermo Arriaga, Eduardo Lizalde, Eduardo Milán, Mario Bellatin, Guillermo Fadanelli y Héctor Aguilar Camín, entre otros literatos.
También se subastarán obras de artistas plásticos y visuales como Manuela Generali, Arturo Rivera, Alberto Castro Leñero, Boris Viskin, Emilio Payán, Gabriela Gutiérrez y Ernesto Zeivy. Asimismo, la editorial Rosa María Porrúa aportó a la subasta cinco facsímiles del Acta de Independencia de México.
La idea de apoyar a Daniel Sada, explicaron a Notimex los organizadores, surgió por iniciativa de Rosa María Villarreal y Ana Fuentes, quienes tomaron el taller de narrativa que impartía el poeta en la Casa Refugio Citlaltépetl. Hoy, amigos, familiares y las letras en español lamentan el deceso de Daniel Sada
Juan Carlos Castellanos C.
Lamenta el Conaculta la muerte del escritor Daniel Sada
México, 19 Nov. (Notimex).- El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) lamentó la muerte, anoche, del escritor mexicalense Daniel Sada, quien apenas ayer había sido anunciado como ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011.
A través de un comunicado, recordó que para el autor de la novela “Porque parece mentira la verdad nunca se sabe” lo más importante era crear ritmos y cadencias en la escritura; fue un escritor atípico que no se identifica con todos los adjetivos que le endilgaron, como el ser costumbrista, recreador del realismo mágico y barroco en el desierto norteño.
En memoria del autor nacido el 25 de febrero de 1953 y muerto el 18 de noviembre de 2011, de un problema renal, el Conaculta reprodujo un artículo publicado por en 2008, donde el escritor ganador del Premio Herralde de ese por su novela “Casi nunca”, expresa sus intereses acerca de la literatura:
“Me preocupa sobremanera que la lengua se oiga y pueda pasar con naturalidad a la oralidad. El recurso de los dos puntos funciona como un silencio en la música, también la armonía entre frases largas y frases cortas para que el lector tenga mayor concentración en la lectura”, expresa.
Todo esto, continúa, “es hipotético; no sé si lo logré del todo, pero a mí me gusta que el lector que me lea esté absolutamente concentrado y seducido.
“Yo no puedo escribir si no descubro un ritmo. Siempre me he quejado de que los narradores tienen oído de picapedreros. Busco de una manera hasta cierto punto enfermiza que haya poesía en mi prosa, no sólo por buscar mayor expresividad sino para hallar resúmenes más contundentes. Así escribo todos mis libros, soy un escritor lento y un absoluto enemigo de los maquinazos”, enfatiza.
Advierte que la palabra riesgo “es inherente a mi escritura, nunca estoy seguro de lo que hago y me atrevo a buscar estructuras novedosas muy a contracorriente de las convenciones actuales. Bolaño hacía lo mismo pero quizá su escritura sea un poco más dinámica que la mía.
“Yo no me propongo renovar el lenguaje, sino rescatar los lenguajes perdidos que encuentro en la sociedad. Tampoco colecciono arcaísmos sino que van apareciendo a medida que la trama se va desplazando, anota.
Y continúa: “En todo caso huyo de todo lo que se llame convención y también de todo lo que se llame moda. Trato de encontrar mi propia vereda, esquivando todo lo ya consabido”.
Daniel Sada considera en el texto que a través del tiempo había perfeccionado su expresión, aunque no se sentía “la gallina de los huevos de oro” ni mucho menos; sólo se consideraba un constante explorador de su idioma.
Casi desde que empezó a leer y escribir supo que iba a ser escritor, y al respecto indica: “me gustaba mucho inventar historias y mi apuesta siempre fue por la imaginación. También alguna vez se me antojó ser futbolista, no lo hacía tan mal y casi estuve a punto de debutar en Primera División con el Atlante, pero preferí la escritura.
“También quise ser ajedrecista -revela-, de hecho participé en un torneo estudiantil de alto nivel pero siempre se impuso la literatura. Ahora escribo y no creo que se me ocurra a esta edad hacer otra cosa”.
Asimismo, “siempre me gustó inventar historias porque nunca me pude adaptar al 100 por ciento a la vida real, o en todo caso la realidad siempre me ha resultado insuficiente”, escribió el autor de “Porque parece mentira la verdad nunca se sabe”, una novela que tuvo un gran éxito de crítica y de público, considerada como un gran hito de la narrativa mexicana.
Sada nunca escondió su pasión por los clásicos, a los que leyó desde su juventud. El escritor refirió que en su pueblo tuvo una maestra muy apasionada por la literatura, quien tenía una biblioteca muy completa en la que había varias versiones infantiles de “La Ilíada” y “La Odisea”.
“Parece ficción, pero es verdad. He creado muchos pueblos y algunas veces dudo si el pueblo de mi infancia lo inventé o es real, pero esa maestra sí existió”, escribió.
Nacido en Mexicali, Baja California, el 25 de febrero de 1953, Daniel Sada fue un narrador y poeta cuyo trabajo fue elogiado por sus colegas, entre ellos Rafael Lemus, Alvaro Mutis y Carlos Fuentes, quien le auguró que sería “una revelación para la literatura mundial”.
Sada estudió periodismo en la Escuela Carlos Septién García. Fue corrector de estilo en el Departamento de Estudios Superiores de la Universidad Autónoma Metropolitana; coordinador de talleres de narrativa y poesía en México, Miami, Nuevo México y Madrid.
Fungió como colaborador de los suplementos y revistas “Diorama de la Cultura”, “El Ángel”, “Enlace”, “Fractal”, “La Gaceta del FCE”, “La Jornada Semanal”, “La Semana de Bellas Artes”, “Ledo”, “Letras Libres”, “Milenio”, “Proceso”, “Revista Universidad de México”, “Sábado” y “Vuelta”.
También fue Becario del Centro Mexicano de Escritores en 1978; del INBA/FONAPAS, en poesía 1980, y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, 1991. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte desde 1994.
Entre los reconocimientos que recibió se encuentran los premios Xavier Villaurrutia 1992 por el libro “Registro de causantes”; el “José Fuentes Mares” 1999 por “Porque parece mentira la verdad nunca se sabe”; el de Narrativa Colima para Obra Publicada 2006 por “Ritmo delta”; el Herralde de Novela 2008 por “Casi nunca” y más recientemente el Nacional de Ciencias y Artes en el campo de la Lingüística y la Literatura 2011, que ya no alcanzó a recibir.
Fue hasta que llegó a la Ciudad de México cuando Sada empezó a leer literatura contemporánea, entonces se dio cuenta de que en ese momento todos estaban leyendo a José Agustín.
“Para mí fue un desfase terrible -confesó-, me sentía un poco avergonzado y no tenía interlocutores. Así que tuve que leer a contracorriente toda la literatura para poder vivir en esta ciudad”.
Prácticamente en todas sus obras, las obsesiones rigen a los personajes. Daniel Sada reconoció que inventó personajes anómalos que se equivocan muchísimo, que si bien tienen una especie de candor, también hay una malicia.
“Los personajes se equivocan pero tampoco son idiotas, las circunstancias a veces propician que las personas tomen malas decisiones, pero no porque no hayan pensado o no sean analíticos, mis personajes son reflexivos, de hecho la obsesión es fruto de una reflexión y alguien que se obsesiona por un asunto tiene un tiempo y puede ser que finalmente se percate de que todo lo que ha hecho ha sido un error terrible”.
No obstante, la obsesión también formó parte de la personalidad de este escritor a quien incluso se tomaba cuatro horas para escribir una cuartilla.
“Quisiera tener más agilidad, pero soy terriblemente perfeccionista, quiero meter el mejor combustible a mi literatura, siempre, luego me entra mucha culpa cuando hago las cosas superficialmente, me siento muy mal y quisiera romperlo todo. Me regocija mucho estar corrigiendo. Si no me quitan el texto de la mano lo corregiré al infinito”, declaró alguna vez.
Entre sus libros de relatos publicados se encuentran “Juguete de nadie y otras historias” (1985), “Registro de causantes” (1992) y “El límite” (1996), así como las novelas “Lampa vida” (1980), “Albedrío” (1988), “Una de dos” (1994), llevada al cine en 2002; “Luces artificiales” (2002), “Ritmo Delta” (2005) y “La duración de los empeños simples” (2006).
Después de escribir “Porque parece mentira la verdad nunca se sabe”, en 1999, Sada sintió la necesidad de escribir sobre la urbe, tenía ocho libros dedicados al norte y no quería reciclarse todo el tiempo.
“Todavía me cuesta trabajo. Yo necesito extrañar las cosas, configurarlas en el tiempo, y la gran ciudad me asalta, no puedo llegar a escribir lo que me pasó en la mañana. No tengo esa urgencia, siento que más que dibujar la realidad en mis libros, lo que yo quiero es descubrirlos enigmas de la misma”, expuso el autor.




