
Ciudad de México, 4 de mayo (SinEmbargo).- Una dosis de inconformidad es considerada socialmente benéfica, desde pequeños debates en la vida diaria, hasta en reuniones de trabajo o cátedras escolares. De esta manera, al menos como ideal, se asegura pluralidad en la convivencia rutinaria y se promueve la tolerancia. Sin embargo, desde el punto de vista psiquiátrico, este comportamiento es un indicio de anormalidad, ya que de acuerdo con la última corrección del Manual Estadístico y Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM) ahora cualquier persona que se desvía de lo que considera una norma puede ser declarada oficialmente como enfermo mental.
De esta manera, la denominada "condición mental" por la que una persona puede optar por resistir la conformidad fue etiquetada por los psiquiatras como un "trastorno de oposición desafiante" (ODD, por sus siglas en inglés), dio a conocer Natural News.
La nueva redacción del DSM define a esta nueva enfermedad inventada como un "patrón continuo de comportamiento desobediente, hostil y desafiante", y la agrupa con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH), otra condición inventada cuyo creador, el famoso psiquiatra estadounidense Leon Eisenberg, admitió antes de morir que era ficticia.
Así, casi cualquier conducta personal percibida por otra persona como indeseable o extraña puede ser categorizada como un síntoma de ODD. Las rabietas infantiles o las peleas entre hermanos, propias de esta edad, por ejemplo, podrían ser declaradas como sintomáticas de esta supuesta enfermedad mental, ya que son interpretadas como desacuerdos con los padres o maestros, sin importar que la desobediencia y la rebeldía entre los infantes sean comportamientos comunes.

De acuerdo con otras opiniones de expertos, uno de los mayores peligros que guarda este enfoque subjetivo en el diagnóstico de la enfermedad mental es la amenaza de restricciones de la libertad de expresión y la disidencia política. Una estrategia que algunos gobiernos federales ya han tratado de llevar a cabo al declarar a quienes se oponían a sus políticas tiránicas, como enfermos de "paranoia política", otro tipo poco razonable de "trastorno mental".
Tal abuso extravagante del sistema médico para controlar el pensamiento popular no es nada nuevo, escribe Natural News al respecto. "Muchos gobiernos autoritarios, incluída la antigua Unión Soviética, implementaron programas de salud mental similares que clasifica a los disidentes como de desequilibrios químicos en necesidad de un remedio. Actualmente, ese remedio es a menudo drogas psicotrópicas que alteran la mente, con efectos secundarios devastadores".
"La reclusión psiquiátrica de las personas mentalmente sanas se entiende de manera uniforme como una forma particularmente perniciosa de represión, ya que utiliza las poderosas modalidades de la medicina como instrumentos de castigo, y se agrava una profunda afrenta a los derechos humanos con el engaño y el fraude", explicaba ya en 2002 un análisis y comentario sobre el abuso de la psiquiatría tanto en la Unión Soviética como en China, el cual fue publicado en Journal of the American Academy of Psychiatry and the Law.
El análisis es tajante y señala que "los médicos que se dejan ser utilizados de esta manera... traicionan la confianza de la sociedad y violan sus obligaciones éticas más elementales como profesionales".




