Campeche, 25 May. (Notimex).- Especialistas del Colegio de la Frontera Sur señalaron que el deterioro de los ecosistemas naturales de la entidad en los últimos dos siglos, impacta directamente en la disponibilidad de recursos forestales.
Por ese motivo se decretaron áreas naturales protegidas, la Reserva de la Biosfera de Calakmul, las Zonas Sujetas a Conservación Ecológica Balam-Kin y Balam-Kú y la Reserva de la Biosfera Los Petenes.
Según los investigadores, Víctor Manuel Ku Quej, Jorge Mendoza Vega y Carlos Silva Duarte, el aprovechamiento de los recursos forestales se debe complementar con acciones de conservación, restauración y educación ambiental.
Los expertos indicaron que el aprovechamiento de los recursos forestales del estado se inició en la época colonial con la extracción del palo de tinte, pues en el siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII los españoles ya habían comenzado la explotación del mismo.
Más tarde, a partir de la última década del siglo XIX se inició con ayor auge la extracción de chicle o resina de chicozapote a través de compañías estadunidenses que obtuvieron, en concesión, vastas extensiones de selva, refirieron.
Sin embargo, continuaron, es hasta los primeros años del siglo XX cuando el chicle sustituyó al palo de tinte como el producto forestal no maderable más importante, además de ser el artículo de exportación por excelencia y motor de la incipiente economía estatal de principios del siglo XX.
A principios de la década de los años 40, el estado llegó a producir más de la mitad de la resina nacional y alcanzó a movilizar más de ocho mil recolectores que representaban casi la mitad de la población económicamente activa del sector primario, mencionaron.
De 1943 a 1945 la producción de látex se redujo de manera drástica debido a la intensa sequía que se presentó en esos años, poniendo al borde del colapso a la economía estatal, anotaron.
Las dos temporadas siguientes, abundaron, los niveles de productividad del látex siguieron a la baja ante el agotamiento de los zapotales, tanto por la irracionalidad de su extracción de años anteriores, como por la devastación forestal de los montes debido a las quemas naturales e inducidas en el estiaje.
En ese periodo se desarrollaba la Segunda Guerra Mundial, cuando se registró la mayor demanda de chicle por el consumo del mismo de las tropas estadunidenses, anotaron.
Expusieron que el gobierno de Estados Unidos proveía de una ración diaria de goma de mascar a sus soldados; sin embargo, al concluir el conflicto, el consumo se redujo severamente.
A esa baja, siguieron, se sumó la apertura comercial del lejano oriente, zona que ofrecía un látex mucho más económico, además de que se promovió el látex sintético, siendo el principio del fin de la bonanza del chicle natural.
Además del palo de tinte y el chicle, otros productos no maderables aprovechados son la palma y en menor escala la pimienta gorda y las semillas de cedro y caoba, con valores poco representativos, añadieron.
En la actualidad, apuntaron, el aprovechamiento forestal maderable se limita a productos como carbón, escuadría, chapa y triplay, postes, durmientes y volúmenes mínimos de especies preciosas, aunque el carbón se considera un producto con una tendencia al alza, debido a la vasta demanda del mismo.
El volumen total de la producción maderable muestra una tendencia a la baja, con excepción del carbón que pasó de una tonelada en 1998 a más de 80 mil toneladas en 2006, como cifra oficial, reportaron.
Esa tendencia, dijeron, se explica por la reducción de las áreas de aprovechamiento, la aplicación de la Ley Forestal y de Protección al Medio Ambiente, pero también por el aprovechamiento indiscriminado en las selvas y la política conservacionista del estado, indicaron.
El deterioro de los ecosistemas naturales de Campeche los últimos dos siglos resulta evidente e impacta directamente en la disponibilidad de recursos forestales, advirtieron.
Las estrategias de aprovechamiento dan un giro importante hacia el aprovechamiento forestal no maderable, sobre todo el pago por servicios ambientales y turismo alternativo de bajo impacto, que si bien son muy pocos los casos exitosos la entidad tiene vasto potencial, agregaron.
Esa actividad, plantearon, se debe complementar con acciones de conservación, restauración, educación ambiental y políticas públicas acordes a las condiciones locales, con lo que será posible alcanzar el aprovechamiento racional de los recursos naturales.




