
Ciudad de México, 10 de mayo (SinEmbargo).- Fernando Toussaint no se conforma con ser uno de los mejores bateristas de México, dueño de un estilo versátil que le permite lucirse tanto en el rock como en el jazz, su gran pasión.
También es un productor incansable, dispuesto a hacer posible lo imposible y a no dejarse llevar por el derrotismo que suele inundar, muchas veces en forma justificada, las iniciativas en torno a la buena música, al arte distinto.
Así las cosas, este profesional de la música desde hace más de veinte años y graduado de la Universidad de Columbia en Dirección y Producción de Radio y Televisión, es también uno de los más destacados productores del jazz nacional.
Con sus hermanos, el pianista Eugenio Toussaint y el bajista Enrique Toussaint, formó uno de los más importantes grupos de jazz de México, Sacbé, con el que grabó numerosos álbumes y realizó varias giras internacionales.
Desde el 2000 vive en Playa del Carmen, donde nació su proyecto Aguamala y desde donde ideó el Festival de Jazz de la Riviera Maya, que ya lleva 11 años y ha dejado, entre otras cosas, los discos Jazz All Stars Tribute to Miles Davis y Las Voces del Jazz.
Como baterista ha participado en grabaciones para distintos artistas como Full Moon Jazz, Eugenia León, Willie Colón, Pandora, Cecilia Toussaint, Armando Manzanero, Paul Anka, Alejandro Sanz, Michel Colombier, Benny, Flans, Kabah, entre muchos otros.
Su discografía personal incluye grabaciones con Sacbé, Palmera, Aguamala y dos discos como solista. Tocó en giras del exitoso grupo de rock Jaguares y recientemente ha participado como baterista para Ivan Lins en su primera visita a México.
En el Festival de Jazz de Montreal de 2008 fue invitado a tocar con Gino Vanelli.
Un currículum que aumenta con el milagro de seguir al frente del Festival de Jazz de la Riviera Maya, que este año se llevará a cabo entre el 27 y 29 de noviembre próximos con la presencia rutilante de Chick Corea, Pat Metheny, Colin Hunter, Virgil Donati, Kenny Garrett, Pato Machete e Hiram Gómez.
Juntar a semejante elenco es difícil. Combinar agendas de Corea y Metheny para que coincidan en un modesto festival latinoamericano, casi imposible. Lograr que además bajen sus salarios porque el Festival de la Riviera Maya no comercia con los shows, que se ofrecen en forma gratuita frente al mar, una tarea titánica que sólo puede concretarla un hombre de la personalidad y la garra de Fernando Toussaint.
Entrevistar a un músico de tanto talento, a un productor de tanta energía e imaginación, constituye un lujo no muy frecuente en el oficio periodístico. Si a esto se suma que Fernando es un tipo muy divertido, con el que se puede uno reír a mandíbula batiente, el banquete está servido.
Aquí van las preguntas y, lo mejor, las respuestas de un artista orgullosamente nuestro, exquisitamente mexicano.
– ¿Cómo ves el panorama musical en nuestro país? A veces no da materia para ser muy optimista
– Bueno, en mi caso, pertenezco a una familia de músicos y todos comenzamos muy chavos. Le intentamos además de muchas formas y por varios caminos. Pero sí estoy de acuerdo, hay una especie de desencanto. Siempre digo que hay excelentes músicos en nuestro país, pero ya no hay agrupaciones serias, que tengan un trabajo interesante alrededor de la composición, que suenen como bandas sólidas…insisto, hay muchos buenos músicos, pero por separado.

– A veces el público mexicano le retacea apoyo a los músicos nacionales…
– Precisamente, una de las premisas del Festival de Jazz de la Riviera Maya darle espacio a los músicos de acá, sin dejar de tener un escaparate internacional importante. Lo importante en dicho contexto es que los nacionales tengan cabida en el espacio y con las mismas condiciones técnicas y logísticas que reciben los extranjeros. En general, los nacionales suelen presentarse en el teatrito de al lado y los internacionales en el teatrote de enfrente.
– ¿Y qué pasa con el tema del jazz en nuestro país? Cuando murió Eugenio (Toussaint), muchos pensamos que se moría el jazz en México…
– Créeme que mucha gente pensó eso. Es muy fuerte de decir, pero así fue. Eugenio se aventó un tema durísimo cuando empezamos a trabajar, porque nuestros ídolos de entonces eran los Weather Report, con Joe Zawinul y Jaco Pastorius a la cabeza. La verdad es que con justa razón nos decían los Weather Report mexicanos porque los imitábamos. Y no nos molestaba que dijeran eso, más bien nos halagaba. Eugenio tenía un ímpetu muy serio y siempre creyó profundamente en lo que hacía. Siempre supo que lo que hacía era lo que tenía que hacer. No dudaba en ese sentido.
– Curiosamente, la pérdida de Eugenio Toussaint ha sido un hecho casi personal para mucha gente que lo seguía. Para ti ha sido personal de veras…
– Su muerte ha creado un agujero imposible de llenar. Es una sensación de infinito vacío. No sé si la gente tiene muy clara la percepción de la relación que existía entre nosotros. Éramos tres hermanos (Eugenio, Enrique y Fernando) que vivíamos juntos, tocábamos juntos, que viajábamos por todos lados juntos, que si teníamos un hueso lo hacíamos los tres, nunca nos separamos…
– ¿Cecilia Toussaint era la princesa que buscaba mejores compañías?
– (risas) ¡Claro! Y lo bien que hacía, además. No, Ceci también estaba mucho con nosotros, por lo que la pérdida no sólo fue familiar, fue una gran pérdida musical. La muerte de Eugenio fue la muerte de Sacbé, por ejemplo. Los Toussaint estábamos además inmersos, después de muchos años de trabajo, en los circuitos internacionales del jazz, y esos proyectos quedaron también truncos con la partida de Eugenio.
– Con respecto a tu carrera en solitario, cuando tocaste con grupos de rock como Jaguares, realmente fue notable tu aporte. ¿Por qué no seguiste con el género, sentías que era poco para un jazzero como tú?
– No, no sé. He tocado con músicos de todos los géneros. Toqué con Armando Manzanero, con Alejandro Sanz, hice Jaguares y Caifanes una vez que se enfermó Alfonso (André) y me tocó cubrirlo, trabajé mucho tiempo con Benny Ibarra. Cada vez que me llamaban yo preguntaba si realmente me querían a mí, porque si no les gustaba cómo tocaba, era difícil que yo cambiara mi forma de tocar. La verdad, nunca toqué lo que me decían…

– ¿Fuiste un músico difícil de tratar cuando eras más joven?
– Sí, creo que sí. Me parece que mucha gente creía que mi postura era arrogante. De chavo, además, era muy reconocido, me iba a bien, no fue difícil para mí perder el piso. No me gusta decirlo, pero es la verdad.
– Hay pocos bateristas en México, un país donde abundan los buenos pianistas, los guitarristasa
– Es verdad. Aunque ahora hay unos nuevos que están tocando muy bien. Lo que ayuda mucho en el instrumento es abrirte a otros géneros. Me ayudó mucho tocar rock para poder encarar el proyecto jazzístico de Aguamala, por ejemplo. Siempre fui muy fanático de Frank Zappa y al mismo tiempo escuchaba a James Brown y a Miles Davis, que es mi ídolo máximo de la vida. Así, la cabeza se me fue abriendo muchísimo. No me costaba adaptarme a los distintos géneros.
– Lo más importante en un baterista es aprender a no tocar, ¿verdad?
– Sí, efectivamente. Miles Davis decía que lo más importante en la música era el silencio.
– Gabriel Puentes es un gran tocador de silencio…
– Totalmente, el gran Gabrielito. Tocó mucho tiempo con mi hermano, que fue el que me enseñó precisamente a valorar el silencio. Los matices comenzaron a ser fundamentales para mí…subir hasta el cielo y bajar hasta el suelo…
– Claro que en la batería no todo es escobillas, a veces hay que darle duro también
– (risas) Exactamente. Tengo que decirte que hace años que no uso escobillas.
FERNANDO TOUSSAINT, PRODUCTOR
Su trabajo de productor es gozoso, afirma Fernando. Ha trabajado con mucha gente tanto en México como en el extranjero y su tarea al frente del Festival de Jazz de la Riviera Maya lo ha vuelto a poner en el candelero. ¿Cómo es eso de jugársela por el jazz, un género al que parece faltarle público en nuestro país?
“Ya no puedo taparme con un platillo, pero ni falta que hace, porque mi trabajo de producción me encanta. El Festival de Jazz de la Riviera Maya se ha convertido en algo muy importante. Por otro lado, programar a la gente que admiro, me da mucha felicidad, como es lógico”, dice.
– ¿Quiénes vienen?
– Viene Pat Metheny, Kenny Garrett, Chick Corea…
– Ah, sí, unos chicos que empiezan
– (risas) Pero además están el brasileño Jorge Vercilo, el bajista mexicano Hiram Gómez, el grupo Take Six…

– Siempre digo que los que creen que Pat Metheny es un músico que se comercializó que vayan a escuchar uno de sus conciertos…
– Es un músico de concierto en toda la acepción de la palabra. Es un artista realmente hipnótico, lo cual es un poco riesgo a la hora de programar un festival que se hace en la playa, donde a lo mejor la gente busca música más movida. Pero pedimos en las redes sociales que votaran por un artista que querían ver y Pat Metheny fue el más votado.
– ¿Cómo se financia el Festival de Jazz de la Riviera Maya?
– Depende del Estado y de la Asociación de Hoteles de la zona. No hay patrocinios y los conciertos son gratuitos. Trabajé muchos años con Paul Anka y con él aprendí mucho de producción. Además, toqué en muchos lados y siempre fui muy observador, muy curioso…
– ¿Cómo pudiste concretar la venida de Metheny y Corea, que son personas que tienen cubierta su agenda de acá hasta el 2020, por lo menos?
– Te voy a ser muy franco. Contratar a Chick Corea fue un trabajo de cinco años. En la edición anterior, cuando vino Herbie Hancock, pasó una cosa curiosísima, que tuvo que ver con Marcus Miller, quien había participado del Festival y se quedó muy contento. A su regreso a los Estados Unidos, convenció a Hancock de venir. Entonces volvimos a hablar con su manager y finalmente lo logramos…
– Creo que Herbie Hancock es un artista frente al que me arrodillaría si tuviera la oportunidad de conocerlo o de escucharlo en vivo…
– No te imaginas la persona increíble que es. Además, practica la filosofía zen, así que es tranquilo, suave. Eso es algo que he aprendido organizando el Festival de la Riviera Maya. Los grandes de verdad son sencillos…
– ¿Y con Pat Metheny cómo ha sido?
– Muuuy difícil. Casi te podría decir que fue lo más duro que hemos pasado a lo largo de estos 14 años. Sus condiciones son muy extremas, su cachet es verdaderamente exagerado para mi modo de ver las cosas...él es muy especial…
– Bueno, pero al menos no es Keith Jarrett, ¿no?
– ¡Híjole! No, tanto así como Jarrett no. (risas)

– Y Metheny viene con el gran baterista mexicano Toño Sánchez, ¿qué me dices de Toño?
– Lo conocí de jovencito, cuando nos venía a ver a los conciertos. Luego se fue a estudiar a Berklee y pasó lo que pasó. Me da la impresión de que está en un sitio envidiable para muchos, se logró meter al mainstream y lo está haciendo muy bien. Lo importante es que los jóvenes sepan que trabajó muy duro para poder estar donde está, que hay mucho estudio, mucha preparación en Toño Sánchez, que las cosas no las logró de la noche a la mañana.
– ¿Hay músicos en las nuevas generaciones de los Toussaint?
– Todos son músicos, desgraciadamente (risas). El menor de Cecilia es baterista y toca condenadamente bien. Los tres hijos de Eugenio son muy musicales.
– ¿Qué hace falta para ser buen baterista?
– No lo sé del todo, porque todavía estoy aprendiendo, pero de una cosa estoy seguro, siempre hay que tocar. La batería es como un deporte, es un instrumento físico, hay que estarle encima porque los músculos responden con la práctica constante. Si por alguna circunstancia, me alejo de la batería durante una semana o más, al volver me lo reclama y me lo reclama fuerte.




