Carolyn Castaño explora las narrativas de la narco-guerra en América Latina en su exposición "El Jardín Femenil y Otros Ocasos". En su obra destaca el papel femenino en un mundo dominado por los hombres, la violencia, la política, las drogas y el dinero. La exposición bien puede traducirse como "el jardín de la mujer y otros ocasos (o crepúsculos)".
Castaño explora en su colección la proximidad entre la mujer como diosa de descanso y la mujer como peso muerto. Su arte lo superpone con el tráfico de droga en donde la mujer funge como objeto pasivo y bello, que puede ser explotado por los hombres.
En el mundo de los cárteles de la droga, las mujeres suelen ser las mulas, los trofeos, las esposas y, eventualmente, las víctimas. La colección de Castaño muestra mujeres desnudas, muertas, sepultadas en el oscuro follaje. Generalmente muestran a estas mujeres hermosas, en la vida real a menudo son modelos y reinas de belleza. Hay una oscura alegría en la paleta, que incorpora lentejuelas, brillo y pigmentos metálicos. El tema se vuelve mórbido casi como un cartel de Lisa Frank. El brillo y el glamour que caracteriza una cara bonita se traduce en el lienzo, incluso después de su muerte. Tan enfermo como puede ser, nunca se detiene ante un bello objeto.
El artista de Los Angeles incorpora un factor bling a sus obras que recuerdan la avalancha de dinero fácil. Sus pinturas contienen una pizca de "Equatorial Jungle" de Rousseau, un poco de Art Pop de Andy Warhol y el memento mori de la iconografía. Así como también contienen elementos psicodélicos, dibujos con una conexión inducida por la droga del nirvana y una post-mortem.
Ya sea muerto o vivo, un desnudo reclinado es un desnudo recostado, incluso si ella está cubierta por glitter.











