En la piel, la ropa y los accesorios, de lo kitsch a lo profano; las representaciones gráficas de la Virgen de Guadalupe

12/12/2012 - 12:00 am

Camisetas, tatuajes, accesorios de moda, pinturas y todo tipo de memorabilia son el lienzo en el que la fe guadalupana se ha plasmado durante las últimas décadas. Atrás quedaron las representaciones ceremoniosas y ortodoxas de la Virgen de Guadalupe en las que se seguía el patrón establecido a la imagen impresa en el ayate de Juan diego.

De acuerdo con los registros históricos de la Nueva España, el 12 de diciembre de 1531 la Virgen de Guadalupe se apareció por primera vez ante el indio Juan Diego en el cerro del Tepeyac, lugar donde fue erigida la Basílica en su honor y a la que en la actualidad, cada año, llegan decenas de miles de fieles de todas partes de la República Mexicana y otros países.

A casi cinco siglos de las apariciones marianas en territorio nacional, la imagen guadalupana es más que un símbolo religioso. Más allá de la fe que profese cada mexicano la también llamada "virgen morena" es un sello distintivo de la cultura mexicana, por lo que su representación gráfica ha traspasado fronteras.

En el sur de Estados Unidos, particularmente los barrios en donde inmigrantes de origen mexicano se asentaron hace décadas, la virgen de Guadalupe es más que un estandarte, es un elemento que identifica a este sector y los comunica con sus raíces de habla hispana. Por otra parte, a manera de revival o de moda existe otro sector, orientado al arte que también se ha valido de esta imagen religiosa como medio de crítica o de lazo cultural.

Desde expresiones clásicas como un lienzo, hasta estrafalarias prendas de vestir, pasando por pintas callejeras y polémicas piezas artísticas, no queda duda que en la actualidad la Virgen de Guadalupe está presente de una manera u otra en el inconsciente colectivo de cada persona que tenga nexos con la cultura mexicana.

En el mismo tenor, las reproducciones de la virgen del Tepeyac se han extendido a tal grado que los más suspicaces ponen en duda la devoción de sus portadores y catalogan estas expresiones como un asunto de repetición inconsciente. Sin embargo, hay otros, los más devotos quienes hacen de su cuerpo un escaparate para una fe que, más que aprendida, se lleva en la sangre y, literalmente, en la piel.

Redacción/SinEmbargo

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