Una investigación revela que no importa cuánto ejercicio se hace sino cómo se combina

22/01/2026 - 6:04 am

Realizar seguido una combinación de distintos tipos de actividad física puede ser lo mejor para prolongar la esperanza de vida, según la Escuela de Salud Pública Harvard TH Chan.

MADRID, 22 Ene. (EUROPA PRESS).- Si bien el ejercicio se ha asociado sistemáticamente con una mejor salud física y mental, y un menor riesgo de muerte, la evidencia sobre el posible impacto de los diferentes tipos de actividad física es menos concluyente. Y no está claro si la variedad podría prevalecer sobre la cantidad.

La forma en que se practica la actividad física —su frecuencia, variedad o combinación— está siendo objeto de creciente interés en la investigación científica. Para explorar esto más a fondo, una amplia investigación basada en décadas de seguimiento plantea nuevas preguntas sobre si diversificar la actividad física podría desempeñar un papel relevante en la salud a largo plazo.

La rutina que podrías estar haciendo mal

Realizar regularmente una combinación de distintos tipos de actividad física puede ser lo mejor para prolongar la esperanza de vida, pero las asociaciones no son lineales, lo que apunta a un posible efecto umbral óptimo, según sugiere una investigación de la Escuela de Salud Pública Harvard TH Chan, en Estados Unidos, publicada en la revista de acceso abierto BMJ Medicine.

Los resultados muestran que la variedad, en lugar de simplemente hacer más de lo mismo, está vinculada a un menor riesgo de muerte independientemente de la cantidad total, aunque un estilo de vida activo sigue siendo importante en sí mismo, enfatizan los investigadores.

30 años de datos: por qué este estudio importa

Los investigadores se basaron en datos de dos grandes estudios de cohorte con evaluaciones repetidas de actividad física durante más de 30 años: el estudio de salud de enfermeras (121 mil 700 participantes femeninas) y el estudio de seguimiento de profesionales de la salud (51 mil 529 participantes masculinos).

Los participantes de ambos grupos informaron sus características personales, historial médico e información sobre estilo de vida al momento de la inscripción y, posteriormente, cada dos años completando cuestionarios.

En ambos grupos se registró información sobre caminatas, jogging, carreras, ciclismo (incluidas máquinas fijas), natación, remo o calistenia, tenis y squash o ráquetbol desde 1986 en adelante.

Posteriormente se agregaron preguntas sobre entrenamiento con pesas o ejercicios de resistencia; ejercicios de menor intensidad, como yoga, estiramiento y tonificación; otras actividades vigorosas, como cortar el césped; trabajos al aire libre de intensidad moderada, como mantenimiento y jardinería; y trabajos al aire libre de alta intensidad, como cavar y cortar.

También se preguntó a los participantes cuántos tramos de escaleras subían diariamente, asumiendo que cada tramo tardaba ocho segundos en ascender.

El análisis de los niveles totales de actividad física se basó en 111 mil 467 participantes: 70 mil 725 del Estudio de Salud de Enfermeras y 40 mil 742 del Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud. El análisis de la variedad de la actividad física se basó en 111 mil 373 participantes: 70 mil 725 mujeres y 40 mil 648 hombres.

Los investigadores calcularon la puntuación MET para cada actividad física multiplicando el tiempo promedio (en horas/semana) dedicado a ella por su valor MET. Los MET miden cuánta más energía se quema durante una actividad que en reposo.

El número máximo de actividades físicas individuales fue de 11 en el Estudio de Salud de Enfermeras y de 13 en el Estudio de Seguimiento de Profesionales de la Salud. Caminar fue la actividad física de ocio más frecuente en ambos grupos; los hombres eran más propensos a correr que las mujeres.

Los participantes con niveles más altos de actividad física total tenían menos probabilidades de presentar factores de riesgo para la salud, como tabaquismo, hipertensión y colesterol alto. También tenían mayor probabilidad de pesar menos (menor IMC), beber alcohol, comer sano, estar más integrados socialmente y participar en una mayor variedad de actividades físicas.

Durante el periodo de seguimiento de más de 30 años, murieron 38 mil 847 personas: nueve mil 901 por enfermedades cardiovasculares, 10 mil 719 por cáncer y tres mil 159 por enfermedades respiratorias. La actividad física total y la mayoría de los tipos de actividad física individuales, excepto la natación, se asociaron con un menor riesgo de muerte por cualquier causa. Sin embargo, las asociaciones no fueron lineales, y las asociaciones para la actividad física total se estabilizaron después de alcanzar las 20 horas MET semanales, lo que sugiere que podría existir un umbral óptimo, según los investigadores.

 

Caminar se asoció con el menor riesgo de muerte (17 por ciento) para quienes caminaron más, en comparación con quienes caminaron menos, mientras que subir escaleras se asoció con un riesgo 10 por ciento menor. Las asociaciones observadas para los otros tipos de actividad física (menor vs. mayor) fueron las siguientes: tenis, squash o ráquetbol 15 por ciento menor riesgo; remo o calistenia 14 por ciento menor riesgo; entrenamiento con pesas o ejercicios de resistencia 13 por ciento menor riesgo; correr 13 por ciento menor riesgo; correr 11 por ciento menor riesgo; y ciclismo cuatro por ciento menor riesgo.

¿Hay un límite a más ejercicio?

Una mayor variedad de actividad física se asoció con un menor riesgo de muerte. Tras ajustar por cantidad, la práctica de la actividad física más amplia se asoció con un 19 por ciento menos de riesgo de muerte por todas las causas, y entre un 13 por ciento y un 41 por ciento menos de riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, cáncer, enfermedades respiratorias y otras causas.

Este es un estudio observacional y, por lo tanto, no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre la relación causa-efecto. Los investigadores reconocen diversas limitaciones en sus hallazgos. Por ejemplo, los datos de actividad física fueron autodeclarados, en lugar de ser medidos objetivamente.

Las puntuaciones MET también se asignaron asumiendo una participación activa, por lo que la falta de información sobre la intensidad podría haber clasificado erróneamente el gasto energético real. Además, los participantes eran principalmente blancos, lo que podría limitar la generalización de los hallazgos, sugieren.

Sin embargo, los investigadores concluyen: "En general, estos datos respaldan la idea de que la participación a largo plazo en múltiples tipos de actividad física puede ayudar a prolongar la vida útil".

Europa Press

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