Cada paso que da el republicano abre más y más interrogantes sobre sus estrategias o hacia dónde quiere ir. Un ejemplo de ello es lo que ocurrió ayer cuando acudió al Foro Económico Mundial.
–Con información de agencias
Ciudad de México, 22 de enero (SinEmbargo).– Donald Trump llegó el miércoles a Davos, Suiza. Dijo que quería Groenlandia por razones de seguridad nacional. Acusó a Dinamarca, propietaria de la isla, de no estar a la altura para defender el Ártico de la agresión rusa o china. Amenazó con aranceles del 10 por ciento a Europa. Y ya en el Foro Económico Mundial, exigió “negociaciones inmediatas” para tomar el control de ese territorio rico y frío.
Luego, más adelante ese mismo día, hubo un cambio abrupto en él. Dijo que se reunió con el Secretario General de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Mark Rutte, y abandonó la amenaza de aranceles y adoptó un tono más conciliador. Calificó de “realmente fantástico” un supuesto acuerdo del que no hay detalles. “Tendremos todo lo que queremos, lo conseguiremos sin costo alguno. Se está negociando ahora, pero en esencia es acceso total. No hay límite de tiempo”, declaró a Fox Business.
Pero Rutte aseguró este jueves que Dinamarca ha rechazado repetidamente una toma de control estadounidense y que no se abordó en absoluto el tema con Trump. “No abordamos ese tema en absoluto. Discutimos cómo podemos proteger Groenlandia y la región ártica en general”, comentó a Bloomberg el líder de la OTAN.
Yvette Cooper, Secretaria de Asuntos Exteriores británica, afirmó que, según su conocimiento, no se había debatido el acceso a los minerales de Groenlandia. Trump ha insistido en la posibilidad de que Estados Unidos acceda a las riquezas enterradas en las profundidades del hielo groenlandés, aunque en su discurso en Davos insistió en que quería la isla por su valor militar y no por su riqueza mineral.
El mundo trata de descifrar a Trump
¿Qué carajos está pasando? Pocos pueden explicarlo. La prensa de Estados Unidos y del mundo intenta revisar a detalle de qué se trata el liderazgo del Presidente para entenderlo, para medir los riesgos o para definir si se trata de ineficiencia detrás de un rostro de cowboy. Pero el balance no es muy bueno. Ni de Trump, ni de sus 70 minutos de ofensas en Davos, Suiza, ni de sus constantes divagaciones.
Mientras, esta realidad es inevitable: los resultados de la última encuesta del New York Times y la Universidad de Siena muestran que, un año después, la segunda coalición de Trump se ha desmoronado. Los importantes cambios demográficos de las últimas elecciones se han recuperado, y los demócratas han recuperado su ventaja habitual entre los votantes jóvenes, no blancos y con baja participación en la contienda por el control del Congreso. Sólo el 40 por ciento de los votantes registrados afirma aprobar la gestión de Trump, según la encuesta.
Peter S. Goodman, quien cubre el Foro Económico Mundial desde 2012 para The New York Times, habla hoy, en un análisis, de “un discurso largo y divagante que fue a ratos grandilocuente, a ratos agraviado y a ratos autocomplaciente”. El Presidente Trump, dice, pronunció “los últimos ritos para el liderazgo estadounidense del orden democrático liberal forjado por Estados Unidos y sus aliados después de la Segunda Guerra Mundial”.
Su texto fue titulado: “China gana mientras Trump cede el liderazgo de la economía global. El Presidente aprovechó su discurso inaugural en el Foro Económico Mundial en Suiza para renunciar a los últimos vestigios del orden democrático liberal”.

“Trump aprovechó su discurso inaugural en el Foro Económico Mundial de Davos el miércoles —un lugar de peregrinación para los defensores de la globalización— para afirmar que Estados Unidos había terminado de ofrecer sus mercados y su protección militar a los aliados europeos, a quienes ridiculizó como gorrones. Y prometió avanzar en su guerra comercial. Describió los aranceles como el precio de entrada a un país de 300 millones de consumidores”, escribe.
“El Presidente estadounidense compareció en el mismo auditorio donde, nueve años antes, el Presidente chino, Xi Jinping, pronunció un discurso en el que se atribuyó la reputación de ser un defensor de la cooperación internacional. Xi cautivó a la gente de Davos con su respaldo a lo que describió como ‘globalización económica’. Su discurso de 2017, pronunciado días antes de que Trump asumiera su primer mandato, resonó como un esfuerzo claro, aunque inútil, por evitar la guerra comercial que pronto estalló”, agrega.
Concluye: “En la década transcurrida desde entonces, la sensación de que China está —al menos retóricamente— comprometida con valores económicos a los que Trump ha renunciado: la participación en instituciones multilaterales para promover sus causas, la fe en el poder del comercio global para aumentar la riqueza y el reconocimiento de que ningún país es lo suficientemente grande ni lo suficientemente poderoso como para actuar solo”.
“El mundo ha sufrido durante años por sobreestimar a Trump: por creer que podía ser controlado por las fuerzas del mercado, moderado por los precedentes, restringido por la lógica o moderado por la moral. De hecho, una y otra vez, hemos puesto expectativas demasiado altas, asumiendo que Trump no seguiría el camino más arriesgado y absurdo posible. Y una y otra vez, nos ha demostrado que estábamos equivocados”, sostiene hoy mismo Robyn Urback, articulista de The Globe and Mail en Canadá.

“Empezó a construir ese muro fronterizo imposible. Mintió sobre su derrota en las elecciones de 2020. Ha comenzado a procesar a sus enemigos políticos. Y ahora amenaza con desmantelar la OTAN. Canadá no puede correr el riesgo de que no siga el camino más absurdo, peligroso y antes inconcebible también en lo que respecta a nuestra soberanía”, añade, y luego se dirige a los militares canadienses: “Suena histérico, cierto. Pero las Fuerzas Armadas Canadienses han reconocido que el riesgo es real [...]. Trump quiere hacer realidad ese enorme y hermoso mapa que publicó mientras dormíamos [donde se ven Groenlandia y Canadá bajo bandera estadounidense]. Los canadienses no pueden quedarse con los ojos cerrados”.
La falta de claridad plantea la posibilidad de que el caos de los últimos días, que sacudió los mercados y puso a prueba la diplomacia transatlántica, pueda regresar pronto. The Wall Street Journal dice que cuando se le preguntó el jueves si Estados Unidos adquiriría Groenlandia, Trump no lo descartó por completo. “No sé si puedo decirlo, pero podría ser”, declaró a Fox Business. “Es posible, todo es posible. Pero mientras tanto, estamos consiguiendo todo lo que queríamos”.
Funcionarios europeos afirmaron que no existía ningún documento escrito, y que Rutte y Trump no habían negociado detalles concretos sobre el futuro de Groenlandia. Otro funcionario europeo informado sobre las conversaciones compartió que la reunión con Rutte brindó a Trump la oportunidad de salvar las apariencias y lograr una desescalada necesaria dada la reacción global y de los mercados financieros.





