MICROHISTORIAS: SEDUCTOR DE LECTORES

14/06/2014 - 12:00 am

Autor: Daniel Luna

El primer libro que leí de Enrique Serna fue El seductor de la patria, la biografía novelada de Antonio López de Santa Anna. Divertida, amena, instructiva, es la novela que hacía falta para entender al personaje más odiado por la historia patria, esa que nos imponen en la primaria. De entrada, la novela es contraria a las explicaciones simplistas en que incurrieron los biógrafos del personaje, quienes emitieron juicios, calificaron al personaje como traidor y lo acusaron de vender medio México. Lejos también de un relato nacionalista, la novela construye un ambiente histórico donde los personajes adquieren veracidad literaria, así Santa Anna cobra vida y a manera de autodefensa esgrime sus argumentos, pasiones y excesos para evidenciarse como un militar demasiado humano, enfermo de poder y gloria, algo demasiado común en el siglo XIX mexicano.

Obliga al lector a reflexionar sobre sus miserias humanas.
Obliga al lector a reflexionar sobre sus miserias humanas.

La novela demuestra que la historia bien escrita es divertida y didáctica. La descripción del personaje y del ambiente busca comprenderlo antes que juzgarlo, a contracorriente de las novelas históricas y ensayos biográficos previos. Al finalizar las páginas, el lector descubre las miserias humanas de Quince Uñas, su ambiente pletórico de aduladores y escenas hilarantes. El seductor de la patria es una explicación más humana de una historia patria llena de abstracciones anacrónicas.

Cómodo en la novela histórica, Sena escribió, años después, Ángeles del abismo, una divertida novela ambientada en el siglo XVII. En ella un par de amantes inverosímiles recorren el México virreinal en una historia amena, pletórica de intrigas, pasiones y sexo. Entre arrobos y conflictos religiosos, los personajes, un indígena y una castiza, escriben una historia de liberalidad y desapego a los valores religiosos de la época, a pesar de utilizarlos para lograr sus fines.

En otra vertiente de su obra, Enrique Serna también seduce a sus lectores con sus relatos sobre las míseras pasiones humanas. La palma de oro es una pequeña muestra del talento narrativo del autor. En esta novelita, Serna describe sin tapujos el ambiente sórdido en que viven las estrellas de Televisa. El protagonista, un maestro y director de cine venido a menos por las crisis económicas recurrentes del país intenta conseguir trabajo como guionista de telenovelas. A pesar de que el cambio laboral parece una tragedia en su vida —los aires de grandeza de Felipe Guerra, el protagonista, lo hacen pensar en conquistar La palma de oro del Festival de Cannes—, la verdadera desventura es el reencuentro con una ex alumna, actriz de gran éxito y de vida disipada. A partir de entonces, Felipe Guerra pierda la dignidad, el decoro, a su mujer, hijos y hasta sus ambiciones artísticas.

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En su libro de cuentos más recientes, La ternura caníbal, Enrique Serna habla de las pasiones que nos consumen a todos los seres humanos. Es tan descriptivo que el lector piensa que habla de uno mismo. Sin conocernos, Serna revela nuestros secretos mejor guardados, los disecciona, los ridiculiza y se ríe de la importancia que le damos a los acontecimientos más nimios. La lectura de sus libros es siempre un acto de seducción. Su literatura atrapa al lector, lo obliga a reflexionar sobre sus pasiones y lo transporta a un mundo donde las miserias humanas son un medio de diversión. Heredero de las glorias de Fernández de Lizardi, Jorge Ibargüengoitia y Vicente Leñero, Enrique Serna nos muestra nuestro lado más oscuro, el más ridículo. Al retratarnos en cueros, el autor pretende liberarnos de prejuicios históricos, morales y sociales. Por ello, la lectura de sus libros es un acto de libertad y seducción.

 

Publicado por Wikimexico / Especial para SinEmbargo

Redacción/SinEmbargo

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