
Ciudad de México, 20 de julio (SinEmbargo).- Maurice Béjart es considerado el último genio de la danza, entre otras cosas porque además de sus dotes como bailarín y coreógrafo, el artista suizo cultivó una mente abierta, alimentada con un espíritu integrador y las ganas de comerse el mundo.
La danza a partir de él vivió una nueva época dorada en el siglo XX, se sacó el tutú, adoptó las mallas y comenzó a predicar la libertad en los escenarios más importantes del mundo.
Desde la Ópera del Palacio de Versalles, la Garnier de París hasta la de Lyon, sus coreografías dieron y dan testimonio de un arte incomparable, con técnicas osadas de ejecución compleja y resolución simple, fruto de una ideología basada en “un mínimo de explicación, un mínimo de anécdotas, y un máximo de sensaciones”.
Había nacido el 1 de enero de 1927 en Marsella y moría 80 años después en Lausana, la misma ciudad suiza que le dio nombre a su famoso ballet.
Con sus ojos de un azul profundo, Maurice Béjart, que se había convertido al Islam en 1973, se hizo la imagen mística que ha impregnado el conjunto de su obra.
Creó 140 coreografías a través de las cuales expresó su pasión por los viajes y su gusto por el mestizaje.
Cine, teatro y ópera se mezclaban en sus creaciones, que no sólo combinaron géneros, sino también épocas, estilos y civilizaciones. Entre ellas, “El pájaro de fuego”, la “Novena Sinfonía” de Beethoven, “La misa del tiempo presente”, “Malraux o la metamorfosis de los dioses” y “La consagración de la primavera”.
“He sacado la danza de las salas de ópera para llevarla a los Palacios de Deportes, a los Juegos Olímpicos y al Festival de Aviñón”, solía afirmar Bejart, orgulloso de haber hecho posible que un público masivo tuviera acceso a su disciplina.
Con sólida formación clásica, Béjart también dedicó una importante parcela de su vida a educar a los bailarines. Fundó escuelas en Francia, Bélgica y Suiza.
Sansón y Dalila fue la obra de debut del Béjart bailarín en la Opera de Marsella, aunque unos años más tarde se trasladó a París, donde estudió y se licenció en Filosofía, al tiempo que prosiguió sus clases de danza y coreografía.

Buen bailarín, la gran aportación de Béjart fue la coreografía, una actividad en la que empezó a comienzos de los ‘50, una época en la que creó su primera compañía.
‘Para mí la compañía es lo más importante. Creo gracias a los bailarines y para ellos’, decía el artista, que también extendió su actividad a la escritura. En 1962 publicó su primera novela, Mathilde y en 1979 un libro de memorias titulado Un instante en la vida del prójimo.
EL BALLET DE LAUSANA
El gran legado de Maurice Béjart es el Ballet de Lausana, con el que hoy los aficionados a la danza tienen una cita ineludible, pues se trata de la última oportunidad para verlo actuar en México, en el marco de las celebraciones por los 80 años del Palacio de Bellas Artes.
El Béjart Ballet Lausanne conmovió a los asistentes en la primera de cinco funciones con un programa conformado por tres obras maestras a cargo 40 bailarines de 15 países.
Lo que el amor me dice, ballet de 1974 con la Sinfonía número 3, de Mahler, es el inicio. Le sigue Siete danzas griegas, con música de Mikis Theodorakis, una pieza donde se luce el bailarín colombiano Óscar Chacón, quien recibió una fuerte ovación al ejecutar un solo en el que sus movimientos precisos, y en ocasiones veloces y frenéticos, revelaron la expresividad del folclore de Grecia.
Por último, el famoso Bolero de Maurice Ravel sedujo a la audiencia con los hipnóticos compases de la solista Elisabet Ros, quien sobre una enorme mesa redonda, ubicada al centro del escenario, representaba la melodía, mientras los bailarines de la compañía encarnaban el ritmo en desplazamientos regulares y continuos alrededor de ella.

Para esta obra, el Béjart Ballet Lausanne seleccionó una veintena de bailarines mexicanos, por ser el país anfitrión, para participar en la coreografía creada por Maurice Béjart en 1961.
Bajo la dirección artística de Gil Roman, quien desde hace 27 años se ha dedicado a proyectar las más de 200 obras del bailarín Maurice Béjart, la agrupación destacó por una técnica impecable, un vestuario sencillo que remitía a una clase en un estudio de danza y una iluminación adecuada que ayudaba a dar fuerza dramática a las piezas.
El Béjart Ballet Lausanne fue creado en 1987 por Maurice Béjart y se convirtió desde entonces en referencia para el mundo coreográfico.
Cada año la compañía, conformada por 40 bailarines, presenta más de 80 funciones alrededor del mundo, manteniendo el repertorio de Béjart para las nuevas generaciones, además de ofrecer nuevos ballets, ya sean creaciones de Gil Roman o de coreógrafos invitados.
Béjart Ballet Lausanne se presenta hoy, domingo 20 de julio, a las 13 horas en la última de sus funciones en nuestro país, destinada a celebrar los 80 años del Palacio de Bellas Artes.
Con información de CONACULTA



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