
Ciudad de México, 12 de junio (SinEmbargo).- Cuando el año pasado entrevistamos a la cantante Lupita D’Alesio nos comentó que la causa de que ella y su colega Yuri pudieran encarar un concierto y una gira juntas, teniendo en cuenta el estatus de diva que ambas representan, se debía a que “le bajamos tres rayitas a nuestro pantalón”.
En el caso del tenista Stanilas Wawrinka (Lausana, suiza, 1985), el proceso fue inverso, es decir, agregarle varias rayitas a su pantalón y presentarse vestido de forma estrafalaria al polvo de ladrillo del Abierto de Francia, parece haberle dado suerte, porque contra todos los pronósticos, desbancó al número uno del mundo Novak “Nole” Djokovic (Belgrado, Serbia, 1982) y se llevó el trofeo de Roland Garros.
No sólo se habló de su tenis fulminante, de su actitud ganadora y su demoledor golpe de revés, sino también de sus bermudas, facturadas por la marca japonesa Yonex que no perdió la oportunidad de ponerlas a la venta por 42 euros en Internet.
Tanto así que “Stan”, como es conocido, las llevó a la conferencia de prensa posterior a su triunfo en París, defendiéndolas de cualquier crítica.

“Estas van directas al Museo de Roland Garros, así tienen que verla todos los días. No voy a decir nada más al respecto. Pero como a todo el mundo le gusta opinar de ellas y parece que solo me gustan a mí, me parece muy gracioso que también sean campeonas de Roland Garros”, dijo con humor el jugador.
EL OTRORA DEPORTE BLANCO
Con las bermudas de Wawrinka, que causaron sensación entre los cultores del tenis, puede constatarse hasta qué punto el otrora llamado deporte blanco flexibilizó sus antiguas y rígidas normas de vestuario.
Hubo un tiempo, en cambio, donde no era tan fácil rebelarse ante la tradición y quienes lo hicieron dejaron huellas y "malos" ejemplos a seguir.
En la reciente y aclamada autobiografía de André Agassi (Las Vegas, 1970), Open –editada en español por Duomo-, hay todo un capítulo dedicado a su pelo teñido, la bandana en la frente y sobre todo los pantaloncitos de mezclilla que revolucionaron el tenis de la época.
Agassi, que en su juventud se drogaba y demolía hoteles, intentaba por todos los medios llamar la atención y cultivar su imagen de rebelde y disconforme, un modo de esconder y al mismo tiempo mostrar el profundo dolor que le ocasionaba ser un tenista de primer nivel.

La ropa distinta fue su aliada y los más jóvenes no podrían imaginar las molestias que causó su estrafalaria vestimenta entre los atildados dirigentes del deporte de la raqueta en los ’80.
WIMBLEDON Y LA TRADICIÓN
El tradicional torneo en césped de Wimbledon, Inglaterra, es el gran reservorio de la tradición y cada año emite comunicados en torno a la vestimenta que considera apropiada para los aspirantes al título.
El de 2014, además de insistir en que la ropa debía ser blanca, advirtió que de ese color también tenía que ser la ropa interior.
Algunos tenistas de ATP suelen quejarse de Wimbledon y de la All England Lawn Tennis and Croquet Club, la institución británica que vigila con mucho celo las normas de dicho torneo de Grand Slam.

Pero los dirigentes no ceden y abominan de los colores chillones que tanto brillo han dado por ejemplo a las célebres y talentosas Serena y Venus Williams, quienes adoran las ropas de tonos fosforescentes, entre fucsias y negros satinados, que han dado tanto colorido a los campeonatos femeninos.
Venus, nacida en California hace 34 años, llevó hasta otro nivel su extravagancia al vestir un traje de noche y ropa interior de color en el Open de Estados Unidos, pero tuvo que adaptarse a las estrictas normas de Wimbledon y lo mismo, suponemos, tendrá que hacer “Stan” Wawrinka si quiere seguir en la racha victoriosa y aspirar a la final del Abierto de Inglaterra.

EN EL RECUERDO
En la historia del tenis hay estilos inolvidables, entre ellos los ya legendarios dreadloks del francés Yannick Noah (Sedán, 1960), que se meneaban de un lado al otro cuando el jugador ganaba su único Roland Garros en 1983.
Un precursor en esto de rebelarse ante la tradición tenística en materia indumentaria fue el argentino Guillermo Vilas (Buenos Aires, 1952), ganador de 62 torneos de ATP, en cada uno de los cuales lució su ya legendario pañuelo o una gruesa cinta elástica en la frente.

En materia de extravagancia, nadie como la estadounidense Bethanie Mattek-Sands, conocida como la Lady Gaga del tenis, quien se pinta el rostro con rayas al estilo de los jugadores de futbol americano, lleva el brazo tatuado con flores de colores, zapatos rojos y medias con los motivos de la bandera de su país.
"Me gusta que se hable de mí; los locos van conmigo y los clásicos contra mí”, ha dicho la jugadora, nacida hace 30 años en Rochester, Minnesota.




