Por María Luisa Vivas
MEXICO, DF (proceso).- La Arena Ciudad de México deslumbra con su moderna arquitectura y sus 6 mil 200 metros cuadrados de pantalla LED que anuncian la programación de eventos nacionales e internacionales donde podrán deleitarse, desde este 2012, 3 millones de espectadores al año, según estimaciones del jefe de Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard.
Pero la magnificencia de la obra, en la que se invirtieron casi 400 millones de dólares, contrasta con la pobreza de los barrios y colonias adyacentes, como Santa Bárbara, Tetlalman-Yopico, Santa Catarina Atzacoalco, Pueblo y Barrio de San Andrés Tetlalman y San Martín Xochináhuac.
A pesar de los casi 300 mil metros cuadrados de construcción y 45 metros de altura que tiene el sitio –cuenta con espacio para 22 mil personas, 5 mil cajones de estacionamiento, 126 suites “diamante”, “platino” y “oro”, helipuerto y cisterna propia–, no puede ocultar la pobreza que impera a su alrededor.
En un recorrido por la zona, la reportera recogió testimonios de vecinos que temen que las 5 mil toneladas de acero estructural y las 25 mil toneladas de acero reforzado, más los 100 mil metros cúbicos de concreto que se usaron para construir el centro de espectáculos vayan a afectar a viviendas y vialidades porque se trata de una zona lacustre.
Además, argumentaron que obras como la Arena no benefician en nada a la comunidad, sino que están encaminadas a la privatización del suelo y, por ende, a expulsarlos.
Vecinos de las colonias Nueva España y Reynosa Tamaulipas, aledañas a la Arena Ciudad de México, afirman que más que beneficios, el inmueble de Guillermo Salinas Pliego acarreará severos problemas.
Integrantes de la organización civil Pueblos, Barrios y Colonias en Defensa de Azcapotzalco aseguraron que desde que iniciaron las obras, en marzo de 2009, las casas de algunos vecinos registran daños estructurales.
Otro problema que los habitantes de las colonias y los barrios aledaños a la Arena están padeciendo ya es el persistente paso de camiones pesados: La única entrada autorizada para esos vehículos es la avenida Granjas, justo donde se encuentra la entrada principal de las instalaciones.
Sin embargo, los conductores utilizan vías alternas de un solo carril, lo que ha provocado caos.
Esta situación ha dado lugar ya a diversos enfrentamientos con personal de seguridad de la Arena. Alberto Sepúlveda y Beatriz Medina, dos de los representantes de la organización civil, expresaron que en varias ocasiones han sido agredidos por sujetos que, vestidos de civil y con pasamontañas, salen de la obra.
El pasado 25 de febrero, Sepúlveda interpuso una denuncia penal por agresiones sufridas los días 16 y 17 de enero, en contra de Federico Eugenio Jiménez Canet Cordero, director responsable de la obra, y Alberto Familiar de la Garza, representante legal de Fideicomiso Privado.
Por esa razón se integró la averiguación previa FA2/AZ-I/ TI/269/12-02 y FA2/AZ-I/ TI/270/12-02, además de que los vecinos interpusieron una queja ante la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.
En un oficio remitido al jefe de Gobierno del Distrito Federal el 23 de febrero, dos días antes de la inauguración de la Arena, comisionados de los Pueblos, Barrios y Colonias en Defensa de Azcapotzalco se quejaron de que nunca se les tomó en cuenta y de que el gobierno entregó al Grupo Avalanz un predio que era de la comunidad.
Denunciaron que no se hicieron los estudios previos de factibilidad, no se justificó la utilidad pública de la desincorporación del dominio público de los terrenos de Granjas 800, no se demostró su beneficio al entorno urbano y no hay una definición clara del impacto del recinto sobre sus comunidades, especialmente en materia de tránsito y vialidades, abastecimiento de agua y alteraciones en la estructura física y en la dinámica del suelo.
“Hay medidas de mitigación y condicionantes propuestas de manera tramposa (…) en el dictamen de impacto urbano y en la resolución del impacto ambiental”, señalaron.
Asimismo, manifestaron que no está asegurado el control y cumplimiento de las medidas de mitigación del alto impacto negativo de la construcción y la operación de la Arena sobre las comunidades.
La construcción de la Arena Ciudad de México arrancó el 18 de marzo de 2009, y casi tres años después, el 25 de febrero de 2012, se inauguró sin que la obra estuviera concluida.
Aún más, los conciertos inaugurales que Luis Miguel ofreció el 25 y 26 de febrero se realizaron sin contar con un programa de protección civil para las inmediaciones de la Arena y sin información del programa interno de protección civil ni del manual de procedimientos de emergencia para el manejo de la población.
Tampoco se contó con el permiso de operación porque la obra no está terminada. La delegación tuvo que otorgar un permiso por “única vez” para que se realizara el evento, pero se estima que hará otro tanto con los siguientes espectáculos hasta que la obra sea formalmente entregada.
En el oficio que se puso en manos de Ebrard, los inconformes exigieron la suspensión y/o clausura total de la obra, la reincorporación del inmueble al dominio público y/o comunitario y su remodelación y utilización en beneficio directo de la comunidad, pues para ellos la instalación significa un “despojo y la privatización de nuestro territorio”.





