Fue Bill Richardson quien marcó, en el año 2004, el camino del llamado “latino power”. Fue él el primer descendiente de mexicanos en trascender en la compleja y enrevesada política estadounidense, aunque fracasara en su intento de llevar a John Kerry a la Casa Blanca representando al Partido Demócrata.
Años más tarde, el nombre de Antonio Villaraigosa comienza a ser conocido no sólo entre los latinos que residen en Estados Unidos, sino también entre los “americanos”, incluidos sus detractores. Como el inefable sheriff de Maricopa, Joe Arpaio, quien considera al actual alcalde de Los Ángeles como el cabecilla de la “reconquista” de México en la principal potencia del mundo.
Sin embargo, la vida de este hijo de mexicanos no estuvo siempre expuesta a las luces y los neones. Nacido en el barrio de Boyle Heights, Antonio Villar (con ese nombre fue que vió la luz el 23 de enero de 1953) no fue un alumno ejemplar, ni mucho menos. Tanto que no logró acabar la escuela superior, aunque la Theodore Roosevelt High School le ha entregado, tiempo después, el grado honorífico.
Es probable que su inestabilidad en éste período de su vida haya estado ligado a los problemas de alcoholismo de su padre, que abandonó a su familia cuando Antonio era un niño. Su madre, que padeció la violencia doméstica y falleció en 1991, crió a Antonio y otros 3 hijos en un departamento de solo dos cuartos.
Cambiando radicalmente sus amistades y dando un vuelco a su vida, pudo ingresar al East Los Angeles College y, más tarde, a la UCLA, donde se graduó en Historia y asistió al Colegio de Leyes del Pueblo (People´s College of Law), liderando los movimientos estudiantiles contra la Guerra de Vietnam. Sin embargo, nunca aprobó el examen para ejercer leyes. Todo un mérito si se consideran los años que vivió como miembro de diversas “pandillas” de su ciudad natal.
Pero fue en la adolescencia cuando el virus de la política entró en el cuerpo de Villarraigosa, cuando ingresó como voluntario en el movimiento de trabajadores agrícolas. Tal es así que con apenas 15 años se ofreció voluntariamente para participar en el boicot de los trabajadores de la uva que encabezara el líder de los derechos civiles César Chavez.
LOS INICIOS DEL ACTIVISMO
Su verdadero activismo militante comenzó en la United Teachers Los Angeles (UTLA), donde hizo sus primeros movimientos en política gracias a sus relaciones con dirigentes de la Federación del Condado de Los Ángeles, como James M. Wood o Miguel Contreras. También fue presidente del capítulo de Los Ángeles de la Unión Americana de las Libertades Civiles (American Civil Liberties Union) y de la Federación Americana de los Empleados de Gobierno.
Hoy, algunas décadas después, su mirada hacia algunos sindicatos es crítica. Días atrás, en plena campaña electoral para la reelección de Barack Obama, le apuntó a los gremios docentes. A algunos de ellos les reclamó un mayor compromiso para avanzar en las reformas que -según cree Villarraigosa- deben producirse en el sector de la educación.
Antonio Villar se casó en 1987 con la maestra Corina Raigosa y la pareja decidió adoptar el apellido Villaraigosa, combinando los apellidos de ambos. El matrimonio tuvo dos hijas, aunque el joven aspirante a político tuvo otras dos fuera del matrimonio.
La imagen de su madre llevando a sus hijos en el autobús, sumada a la de su propia experiencia para ir a trabajar o a las reuniones sindicales, pudo haber pesado para que Villarraigosa fuera un ferviente defensor del transporte público, postura que le posibilitó ser nombrado para el Consejo Metropolitano de Transporte de Los Angeles para el periodo 1990-94.
Ese año, 1994, fue elegido miembro de la Asamblea Estatal de California y fue líder de mayoría en el primer periodo. En 1998 fue electo por sus colegas para ser el primer líder de la Asamblea de los Ángeles en 25 años.
Villarraigosa fue un carismático líder, según sus compañeros de aquella época, que defendió causas populares como la educación, la salud, los derechos civiles y la defensa de los más desprotegidos de la sociedad estadounidense.
Al expirar su mandato, en 2001, entró en la pelea por ser el reemplazo de Richard Riordan como alcalde de Los Ángeles, pero no tuvo éxito. Fue derrotado en segunda vuelta por James Hahn.
Tras desempeñarse como co-presidente nacional de la campaña presidencial de 2004 del demócrata John Kerry, en 2005 regresó a la campaña por la alcaldía, otra vez contra Hahny, pero en esta oportunidad ganó, convirtiéndose en el primer alcalde latino de Los Ángeles desde 1872.
Como jefe del gobierno de la segunda ciudad de Estados Unidos en cantidad de habitantes, Villarraigosa tuvo claros y oscuros. Entre los primeros podrían citarse la bajada más importante en el índice de delincuencia desde mediados del siglo XX, desarrollando una efectiva estrategia para combatir el accionar de las pandillas, todo gracias a un importante incremento de la fuerza policial.
Claro que también estuvo inmerso en polémicas. Una de ellas cuando, en 2006, dijo que los latinos “limpiamos los toilets” de los estadounidenses, durante una marcha pro-inmigrantes. Otra controversia surgió cuando, en 2007, se publicitó una relación extramarital con Mirthala Salinas, periodista de la cadena Telemundo, lo que le trajo aparejado el divorcio de su esposa.
EL FUTURO
Dueño de una sonrisa “hollywoodiana”, Antonio Villarraigosa no oculta sus ilusiones por convertirse en el primer presidente latino de los Estados Unidos. Aunque, de momento, prefiere echar balones fuera cuando se le menciona el tema.
Hoy prefiere hablar de “su” Los Ángeles y de su compromiso para revertir la difícil situación por la que atraviesa. La ciudad sufre la crisis fiscal más grave de su historia, el desempleo alcanza ya el 14 por ciento y la meca del cine padece la sequía de producciones que buscan otros horizontes para rodar. Todos puntos negativos que buscará revertir si quiere ser quien encabece los deseos de esa masa creciente de latinos, unos 42 millones, que sueñan con ver a uno de los suyos en la Casa Blanca.
Pero de los problemas ya se encargan sus adversarios, aunque Villarraigosa admite las dificultades de su gestión. El prefiere centrarse en los logros, que resume en varios puntos. El primero es el vinculado a la seguridad, donde ha hecho crecer el Departamento de Policía de manera histórica, con una cifra récord de agentes: 800 en cuatro años.
También la Educación es motivo de orgullo para el alcalde, quien elogia el trabajo de la junta escolar, que muestra algunos logros en su tarea de enderezar los 250 colegios que flaqueaban en sus objetivos.
Además –afirma- Los Ángeles supera a cualquier otra ciudad en su empeño por convertirse en “verde”, quintuplicando sus energías renovables.
Tampoco es un tema menor el fervoroso apoyo a la implementación del “American Fast Forward”, un exitoso programa federal de préstamos para proyectos de infraestructura de transporte, que permitieron a la ciudad desarrollarse en ésta material a un ritmo vertiginoso.
A caballo de su defensa de los derechos de los migrantes, Antonio Villarraigosa logró posicionarse como uno de los líderes demócratas de primera línea, tanto que presidió la Convención de ese partido que ratificó al presidente Barack Obama como candidato para un nuevo período en la Casa Blanca.
Precisamente fue el alcalde de Los Ángeles quien, en las últimas elecciones, se encargó de recordar –hasta el hartazgo- que fueron los republicanos quienes bloquearon la Reforma Migratoria o el Dream Act, para sacar a millones de hispanos de las sombras en cuanto a su situación social.
También fue uno de los principales espadachines del presidente Obama al momento de defender la reforma sanitaria, considerando que 9 de los 50 millones de estadounidenses que carecen de seguro médico son latinos.
Por el momento, Villarraigosa se muestra ambiguo y esquivo cuando se le pregunta por su futuro. Nada dice sobre sus aspiraciones presidenciales, más que un parco “me gustaría”. Sus ambiciones deberán pasar el filtro de las internas partidarias, donde varios de sus camaradas le pondrán el camino muy difícil. “Tal vez vaya a dar clases en alguna Universidad”, aseguró hace unos días cuando le preguntaron por el día después de dejar la alcaldía de Los Ángeles. Pero son pocos los que le creyeron…
EN DEFENSA DE LOS INMIGRANTES
"El sistema de inmigración en Estados Unidos está quebrado", asegura Antonio Villaraigosa, alcalde de Los Ángeles y descendiente de inmigrantes mexicanos, quien desde los 15 años está vinculado con la defensa de los derechos de los migrantes.
En pleno debate electoral entre Obama y Romney, el actual presidente de la Convención demócrata se reafirma en sus convicciones para sostener que Estados Unidos necesita de los inmigrantes, de esa legión que trabaja duro y permanece -en la mayor parte de los casos- en un cono de sombra legal, social y económico.
Para demostrar con los hechos lo que dice con palabras, se transformó en un acérrimo defensor de las famosas tarjetas de identificación para migrantes indocumentados, que permitirían a los usuarios abrir cuentas bancarias y tener acceso a servicios municipales.
También fue ponente en la defensa e impulso del llamado Dream Act, un proyecto de ley que haría posible un camino para obtener la ciudadanía a los hijos de inmigrantes que viven en Estados Unidos sin permiso legal, en caso de que completen sus estudios universitarios. Esta iniciativa figuró, de manera preponderante, entre las propuestas de las 30 principales organizaciones latinas estadounidenses.
"Para muchas personas, ellos (los inmigrantes) no tienen rostro, son casi inhumanos. Para nosotros, son nuestro futuro y los amamos. No solo son nuestro futuro, sino que son los mejores, los más brillantes y los más fuertes", dijo en un acto de campaña.
Las ciudades de Oakland, San Francisco y Ritchmond tienen un sistema similar al que plantea Villaraigosa para Los Ángeles, y en muchos bancos y negocios esas identificaciones son aceptadas.
"Otorgar esta identificación a personas que trabajan aquí de forma honrada y han dado tanto a la ciudad. es lo menos que podemos hacer, se haría de manera correcta y beneficiaría a la ciudad”, aseguró Villaraigosa.
UNA VIDA DE NOVELAS Y PERIODISTAS
No resulta nada infrecuente ver a Antonio Villaraigosa, alcalde de Los Ángeles, en las portadas de revistas politicas de Estados Unidos. Por eso no sorprendió que fuese tapa de Newsweek, quien lo presentó como el exponente principal del “poder latino”.
Tampoco llamó la atención que la revista seminal Time, una de las publicaciones más prestigiosas del mundo, lo incluyera en la lista de los 25 latinos más influyentes.
Sin embargo, su fama de latin lover y sus desventuras amorosas lo han colocado permanentemente en las portadas de la prensa del corazón.
Tras el fracaso de su matrimonio con Corina Raigosa, madre de dos de sus cuatros hijas y con quien vivió durante más de 20 años, se conoció la relación de Villaraigosa con la periodista Mirthala Salinas.
La reportera de Telemundo, casi 20 años menor que el alcalde, cubría la información política para esa cadena de información en español, por lo que tenía contacto con el alcalde de manera frecuente.
El affaire le costó el puesto a la periodista, a quien la cadena no pudo sostener en el cargo tras denunciarse que contaba con información privilegiada y que aprovechaba la relación sentimental para conseguir noticias.
"¿Quién necesita telenovelas cuando se tiene el ayuntamiento de Los Angeles?", tituló una nota el diario Los Ángeles Times, recordando otros casos similares con politicos democratas y republicanos.
Sin embargo, no acaba ahi el historial novelesco de Villaraigosa. Tras romper con Salinas, luego de 2 años de relación sentimental, el jefe del gobierno de Los Ángeles inició un romance con la también periodista Lu Parker.
La reportera del canal 5 de Los Ángeles KTLA y ex Miss Estados Unidos, recorrió las alfombras rojas de la mano de Villaraigosa, llegando –incluso- a vivir en la mansión oficial.
Sin embargo, en Julio de este año y tras una relación de tres años, se anunció el final del romance.








