Federico Mastrogiovanni habló sobre la comida, un espejo de dinámicas humanas y lucha cultural contra el fast food imperialista. Una plática sobre cambio y apropiación popular.
Ciudad de México, 17 de enero (SinEmbargo).– “Hay una injerencia imperialista siempre, pero también hay una apropiación popular de las cosas y eso es parte de cómo nos formamos como culturas”, comentó Federico Mastrogiovanni al hablar sobre el impacto cultural de la cocina a propósito de su libro Gastronauta en México.
La conversación con Mastrogiovanni trascendió lo meramente culinario para situar la cocina en un contexto geopolítico, cultural, social y emocional. Para el escritor y periodista italiano, la comida debe tomarse en serio, pues es un espejo de las dinámicas humanas más profundas.
"El tema de la comida para mí justo tiene que ver con muchos niveles: tiene que ver con un nivel relacional ligado a todos los elementos que nos conectan y todos los elementos que la cocina define. En el libro habrás notado que hay temas de clase social, temas de ilusión de tradición, temas de tradición real, temas de contexto geográfico y de muchos otros niveles”, apuntó.
Esta visión se fusiona con la memoria y lo sentimental, una dimensión que considera importante explicitar, ya que el acto de comer está intrínsecamente ligado a la experiencia y el recuerdo.
Cocina, vida y muerte
"En la cocina se confrontan la vida y la muerte", escribe en su libro Federico Mastrogiovanni.
En la plática subraya la seriedad del acto de alimentarse, que implica quitar una vida. "A mí me parece importante que el cocinero en algún momento mate a los animales que se va a comer por respeto, para entender qué quiere decir quitar una vida para comer algo. Es tan serio y lo tomo tan en serio como un agradecimiento el poder comer a partir de la vida de alguien más".
Esta seriedad se contrasta con el sistema de hiperconsumo, donde la reflexión sobre la comida se pierde. En ese sentido, plantea cómo la cocina también se vuelve un campo de batalla cultural y político. El modelo hegemónico del fast food, por ejemplo, es interpretado como un modelo que atenta contra la vida en comunidad:"
Yo sí pienso que el modelo gringo del fast food ultra neoliberal es un modelo de muerte comparado con la convivencialidad y la comida familiar en el sentido de que se consume en familia con los demás"
Imperialismo y apropiación popular
¿Hasta dónde se puede permitir la injerencia en la propia cocina? La respuesta se centra en el respeto mutuo. El límite de la transgresión no es la receta en sí, sino el contexto de la relación. "El límite es el respeto mutuo y mínimo... todo se va negociando a partir del respeto mutuo".
“Si yo estoy en un contexto donde desprecio al otro o no lo respeto como ser humano y esto se refleja en la comida, entonces ahí va a haber un problema y un conflicto serio”, comentó.
Sin embargo, cuando la injerencia está mediada por el poder, como en el caso del Taco Bell sobre la cultura mexicana, el conflicto se torna político. El enojo no es por el plato, sino por el significado que arrastra.
“Hablas del Taco Bell y todos se encabronan; pero no es porque te lo prepare un tío emigrante que vuelve, es un insulto porque políticamente sabemos la injerencia de los Estados Unidos sobre México, la apropiación y la violencia contra los mexicanos. El problema no es la comida, es de qué forma los imperialistas ejercen el poder sobre México e interpretan su comida, siendo un golpe más a la cultura mexicana. Hay cosas atrás que son más fuertes.
La cocina también muta
La charla en esos terrenos llegó hasta la historia de la pizza. En ese punto Mastrogiovanni desmitificó la idea de una tradición inmutable, señalando que la cocina es una constante mezcla :"Hay una injerencia imperialista siempre, pero también hay una apropiación popular de las cosas y eso es parte de cómo nos formamos como culturas."
"Estamos hechos de mezclas, injerencias, violencias e intercambios como la pizza de Oaxaca. Si queremos ser honestos, hay mucho más que reír y aprender que enojarse."
En ese sentido, indicó que la cocina, como los idiomas, es un ente vivo. Ya aceptó que así como la migración es la historia de la humanidad, la cocina es su acompañante.
"La cocina es como los idiomas: la migración y la difusión son imparables". Y sentenció: “Si tú mañana rompes los espaguetis antes de cocinarlos, aunque yo me empute, si te gusta esa opción, se va a imponer. Yo creo que no se va a imponer por una razón práctica: rotos a la mitad son incomibles, pero igual se difunde, ¿quién sabe?”.





