Luis Jaramillo reflexiona sobre cómo la magia, el poder femenino y las figuras históricamente marginadas encuentran resonancia en el mundo contemporáneo.
Ciudad de México, 24 de enero (SinEmbargo).– Nena, una joven de 1943 en El Paso, Texas, lucha con premoniciones, desmayos y el deseo de una vida más plena que la que le ofrece su realidad cotidiana cuidando a sus sobrinos. Marta, sobrina nieta de Nena, equilibra su trabajo como abogada en un modesto despacho de ayuda legal, la maternidad y el cuidado de la anciana Nena.
La historia la narra Luis Jaramillo en Las brujas de El Paso, (Umbriel Editores), una novela que cuenta una serie de eventos aparentemente sobrenaturales harán que Marta confronte la verdad sobre los relatos mágicos de su tía abuela, incluyendo la existencia de una hija que Nena dejó atrás…. en el pasado colonial. A partir de esta revelación, ambas emprenden una búsqueda conjunta que las vinculan a un mundo mágico, el poder femenino y el peso de ser una bruja.
"Todas las novelas tratan, en el fondo, sobre el poder: quién lo tiene, quién no, quién lo desea y qué está dispuesto a hacer para obtenerlo", expuso en entrevista Jaramillo, en una entrevista por escrito que se reproduce de manera íntegra.
Al abordar el papel de las curanderas y las brujas, Jaramillo subraya un cambio cultural significativo: "Me parece curioso que hoy en día haya tantas personas en Estados Unidos que se identifiquen como brujas. El estigma y las consecuencias legales de ser nombrada bruja han desaparecido, pero tienes razón: hay muchos otros ejemplos de personas convertidas en chivos expiatorios".
Esta reflexión lo lleva a trazar un paralelismo entre la persecución histórica de estas figuras y las formas contemporáneas de marginación, anclando el tema de la novela en una realidad social palpable. El autor explica que, en el contexto de su libro, estas dinámicas se exploran a través de la situación de los migrantes: "En la novela pensaba en la situación de los migrantes indocumentados, personas que viven en circunstancias muy precarias y con miedo constante. [...] Este es el tipo de dinámica que exploro en el libro: cómo quienes detentan el poder utilizan un lenguaje y leyes clasistas y racistas para mantener a los trabajadores bajo control".
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—En la novela, la magia no funciona solo como un elemento fantástico, sino también como una carga y una herencia. ¿Qué te interesaba explorar sobre el poder cuando se transmite de mujer a mujer?
—Todas las novelas tratan, en el fondo, sobre el poder: quién lo tiene, quién no, quién lo desea y qué está dispuesto a hacer para obtenerlo. Escribí este libro como una especie de homenaje a mi abuela y a sus hermanas, mujeres que enfrentaron verdaderas dificultades, pero que de algún modo se mantuvieron divertidas, ingeniosas y enfocadas en ayudar a sus familias y comunidades. Eran mujeres poderosas en el sentido de que hicieron algo de la nada. Este tipo de poder suele parecer más silencioso que el poder de la política o del dinero, quizá porque está conectado con la fuerza creativa que hay en todos nosotros, con aquello que no se puede comprar ni vender.
La magia sobre la que escribo está ligada a la naturaleza, una fuerza más poderosa que cualquier expresión humana del poder, y me interesaba escribir sobre cómo este secreto a voces acerca del poder de la naturaleza puede despertarse en nosotros. La carga que acompaña a este conocimiento es que, aunque el poder de esta magia es muy fuerte, no podemos controlarlo.
— Nena y Marta viven con décadas de diferencia, pero comparten dilemas muy similares: la maternidad, el sacrificio, la identidad. ¿Cómo dialogan estas dos mujeres dentro de la historia?
—A pesar de sus crianzas tan distintas, y a pesar de que desde afuera parece que la vida de Marta está mucho menos limitada que la de Nena, lo cierto es que al inicio del libro Marta se siente muy atrapada, como muchos de nosotros en distintas etapas de la vida. Nena fue un personaje muy divertido de escribir porque lo único que la restringe son sus circunstancias externas. Ella tiene ideas muy claras sobre lo que quiere hacer y está dispuesta a asumir riesgos para conseguirlo.
Esto es algo que Marta tiene que aprender de Nena: no preocuparse por lo que los demás piensan de ella y no hacer lo que se espera, sino prestar atención a esa parte de sí misma que reconoce formas más profundas de conocimiento. Marta, quizá como el lector, al principio se resiste a la manera en que Nena ve el mundo, y esa resistencia es una parte central de la historia: cómo estas dos mujeres tan diferentes —separadas por la edad, la formación académica y la clase social— descubren, como dices, que comparten preocupaciones esenciales. Creo que el drama central del libro es una especie de historia de amor platónico en la que Marta y Nena se encuentran.
— El Paso aparece no solo como un escenario, sino como una frontera simbólica entre culturas, lenguas y memorias. ¿Qué significa para ti escribir desde y sobre un territorio fronterizo?
—La frontera es un lugar muy especial. Siempre me asombra cómo, al cruzar el puente de El Paso a Ciudad Juárez, los dos sitios se sienten tan distintos a pesar de estar increíblemente cerca. El aire se siente diferente. En esta novela me interesa la forma en que muchas de las líneas de nuestras vidas parecen sólidas y, sin embargo, son muy porosas al mismo tiempo: la línea entre una etapa de la vida y otra, la línea entre dos personas, incluso la línea entre la vida y la muerte.
La frontera en el libro es metafórica, pero también quería escribir sobre la magia muy real de estar en un lugar binacional y bilingüe, donde cada lado de la frontera es como una cara de la moneda: fusionadas entre sí, pero de algún modo distintas. Recuerdo que una vez, estando en Ciudad Juárez, un amigo me dijo que El Paso puede ser seguro, pero que en Ciudad Juárez hay cultura y arte.
— En la novela, la maternidad se presenta de una manera compleja, incluso dolorosa, lejos de versiones idealizadas. ¿Cómo decidiste abordarla así?
—En el ideal no hay historia que contar; la historia surge al explorar la realidad de una existencia particular. Marta quiere ser madre, le gusta ser madre, pero también está cargada por las exigencias que eso implica. A Nena le arrebatan la posibilidad de ser madre. Yo ni siquiera soy padre, pero creo que la mayoría de los padres sienten esta tensión, al menos en cierta medida.
Y como dije antes, pensaba en mis familiares en El Paso: en lo que significa ver a tus hijos luchar y verlos triunfar, en lo que se siente cuando se van lejos de ti, y en lo que implica envejecer sin tenerlos cerca. El amor no nos protege del dolor.
— La historia recupera figuras como curanderas, brujas y mujeres perseguidas por su conocimiento. ¿Qué resonancias contemporáneas encuentras en estas figuras históricamente marginadas?
—Me parece curioso que hoy en día haya tantas personas en Estados Unidos que se identifiquen como brujas. El estigma y las consecuencias legales de ser nombrada bruja han desaparecido, pero tienes razón: hay muchos otros ejemplos de personas convertidas en chivos expiatorios. En la novela pensaba en la situación de los migrantes indocumentados, personas que viven en circunstancias muy precarias y con miedo constante.
Las cosas solo han empeorado para los migrantes —indocumentados y documentados— en Estados Unidos, donde se les acusa de cometer actos horribles. Este es el tipo de dinámica que exploro en el libro: cómo quienes detentan el poder utilizan un lenguaje y leyes clasistas y racistas para mantener a los trabajadores bajo control.
— Después de terminar Las brujas de El Paso, ¿qué te dejó esta historia a nivel personal y qué esperas que permanezca en los lectores cuando cierren el libro?
—No fue sino hasta una etapa tardía del proceso que entendí que estaba escribiendo sobre mí mismo. Me enfrentaba a la mediana edad y me preocupaba sentirme estancado, muy parecido a Marta. Cuando Nena apareció por primera vez, me daba miedo lanzarme de lleno a la magia. Pero mientras más escribía, más aprendía sobre mi familia y sobre mí, y la magia empezó a parecer menos inventada y más casi autobiográfica.
Fue divertido escribir la magia, divertido crear el mundo desbordado de esta novela. La creatividad es una fuerza que existe en todos nosotros, siempre. Quiero lo mismo para el lector que para mí: que tengamos los ojos y los oídos abiertos a lo que el mundo realmente nos está diciendo.





